Usted está aquí: miércoles 24 de agosto de 2005 Mundo Debemos aprender a compartir la tierra con palestinos, dicen samaritanos

Considerados judíos auténticos, tienen un estatus especial y son ajenos al Estado israelí

Debemos aprender a compartir la tierra con palestinos, dicen samaritanos

ANA LUISA VALDES ESPECIAL PARA LA JORNADA

Ampliar la imagen Festejos del movimiento Fatah por la desocupaci�srael�erca del asentamiento de Netzarim, a las afueras de la franja de Gaza FOTO Ap Foto: Ap

Nablus, 23 de agosto. En la ciudad vieja de Nablus es fácil perderse, miles de puestos de venta de café, de carne, de ropa, de zapatos y de artículos de hierro y cobre hacen del antiguo mercado un laberinto de olores y de colores. Es el mismo lugar en donde las caravanas se detenían hace miles de años para cambiar cuero por seda, mirra por aceite de oliva y jabones.

Le digo a Haithem que quiero encontrar a los samaritanos, se ríe y me dice: "cuidado, te pueden convertir, tú eres soltera y ellos necesitan mujeres".

Los samaritanos, que eran casi un millón en los siglos 4 y 5 antes de Cristo, son apenas 600 hoy. Son una de las comunidades religiosas más antiguas del mundo y se consideran a sí mismos los judíos auténticos, fue su culto a Yaveeh lo que dio origen al judaísmo. Se consideran descendientes del hermano de Moisés, Aaron, y observan reglas de conducta muy estrictas. Las mujeres no pueden casarse con alguien que no es samaritano, y los hombres sólo pueden hacerlo si su mujer se convierte y pasa por un periodo de prueba.

Normalmente, las mujeres y los hombres viven aquí vidas separadas, pero la protección y la guía de Haithem me aseguran un encuentro con Samuel, un samaritano que vive en la ciudad vieja de Nablus. El otro grupo vive en la cima del monte Jarzim, sagrado para ellos, donde creen que Moisés habló con Dios y recibió las tablas de la ley.

Algunos viven en Holon, un suburbio de Tel Aviv.

El Estado de Israel les asegura un estatus especial y tienen autos con chapas amarillas, como ciudadanos de Israel. Pero ellos se sienten palestinos y participan en deliberaciones reservadas normalmente a los palestinos. Tienen un lugar reservado en el Consejo Legislativo Palestino.

Samuel me cuenta que muchas veces traslada en su auto a palestinos, los lleva a Jordania o a Tel Aviv, cuando la ciudad de Nablus estaba sometida a incursiones del ejército israelí y a un casi permanente toque de queda, sólo los samaritanos podían moverse sin problemas.

El es muy claro, "nosotros no somos colonos judíos ni tenemos nada que ver con el Estado de Israel, que es un estado secular. Nosotros hemos vivido en esta tierra junto con los palestinos por miles de años, todos tenemos derecho a estar aquí. No entendemos ni nos mezclamos con la política del Estado israelí, del que no nos sentimos parte. Somos todos descendientes del mismo tronco, somos hijos de Abraham, los musulmanes son descendientes de Ismael, el hijo de Abraham con su sierva Hagar, nosotros de Aaron, los judíos de Moisés. Por qué deberíamos combatirnos? Debemos aprender a compartir la tierra."

"Hace tiempo un rabí israelí viajó a Perú y convirtió a una pequeña comunidad de indígenas peruanos al judaísmo y los trajo a vivir como colonos aquí, cerca de Nablus. Eso es engañarlos y aprovecharse de su ignorancia y de su ingenuidad."

"Los palestinos deberían poder ejercer su derecho al retorno de la misma manera en que el Estado de Israel garantiza ciudadanía y usufructo de las tierras a todos los judíos que hay en el mundo, convertidos o por herencia. Todos somos hijos de esta tierra."

Me despido de Samuel, son las cinco de la tarde el viernes y los samaritanos deben empezar a recluirse para festejar el Shabat, que ellos respetan en la más pura tradición talmúdica.

 
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