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Analistas no descartan que el mandatario pretenda extender su periodo de gobierno

Cambios en la cúpula del poder ruso; abre Putin la carrera de la sucesión

JUAN PABLO DUCH CORRESPONSAL

Ampliar la imagen El presidente ruso Vladimir Putin (izquierda) durante una reuni�n Mosc� Serguei Sobianin, nuevo jefe de la Oficina de la Presidencia, y Dmitri Medvediev, nombrado ayer viceprimer ministro primero FOTO Ap Foto: Ap

Moscú, 14 de noviembre. Los movimientos que realizó este lunes el presidente Vladimir Putin en la cúpula del poder en Rusia apuntan hacia la promoción de un eventual sucesor, pero tampoco hay que descartar que sean el eje de una estratagema para que el actual inquilino del Kremlin siga al frente del país al término de su segundo periodo presidencial dentro de dos años.

Así se interpreta aquí el ascenso de dos figuras clave del entorno de Putin a posiciones relevantes en el gobierno de Rusia, en el escalafón sólo por debajo del primer ministro, Mijail Fradkov, un tecnócrata supeditado al juego político del Kremlin, y la designación de un nuevo titular de la influyente Oficina de la Presidencia.

Si no ocurre nada extraordinario antes, el significado real de los cambios anunciados hoy se podrá saber sólo hacia finales de 2006, cuando los "tiempos electorales" sugieren ubicar al posible sucesor en la formidable plataforma que en la Rusia post-soviética es, a juzgar por la experiencia del propio Putin en tiempos de Boris Yeltsin, el cargo de primer ministro.

De acuerdo con esta lectura, el presidente de Rusia abrió hoy la carrera sucesoria al nombrar a Dmitri Medvediev, ex jefe de la Oficina de la Presidencia, como viceprimer ministro primero y a Serguei Ivanov, quien mantiene en sus manos la cartera de Defensa, como viceprimer ministro a secas.

Los ascensos de Medvediev, el candidato natural del grupo de San Petersburgo, e Ivanov, el aspirante ideal para el grupo vinculado a la red de seguridad del Estado, confirman que, hoy por hoy, son los hombres de mayor confianza para Putin, aunque la hipótesis sucesoria tendrá validez únicamente si cualquiera de los dos, al menos un año antes de las elecciones presidenciales de 2008, releva a Fradkov como jefe de gobierno.

De no ser así, obtendrían un argumento adicional quienes sostienen que Putin pretende instrumentar alguna fórmula -hay varias opciones- que le permita continuar gobernando después de esa fecha límite.

La misión de los flamantes viceprimer ministros podría ser preparar el terreno para la llegada de Putin a la jefatura de gobierno, en caso de que su carta bajo la manga sea aplicar en Rusia una suerte de modelo alemán, que tan bien conoce. Con la actual Duma, sería tan sencillo como recortar las facultades presidenciales, designar a un jefe de Estado nominal e introducir, a la medida de Putin, un cargo equivalente al de Canciller Federal.

En otra variante, tanto Medvediev como Ivanov, después de un interregno de cuatro años, serían garantía para el retorno triunfal de Putin para otros dos periodos presidenciales, sin vulnerar el impedimento constitucional de un tercer mandato consecutivo. Ello podría suceder mucho antes, si se decide dejar en el Kremlin a una figura gris y temporal como podría ser Boris Gryzlov, el actual presidente de la Duma, destinado a renunciar "por motivos de salud" o bajo cualquier otro pretexto en el momento en que se estime pertinente.

Algunos politólogos locales ubican a Putin, dentro de dos años, al frente de Gazprom, el monopolio estatal del gas reforzado ya con la reciente compra de la petrolera Sibneft. En el supuesto de que Putin opte por seguir activo en política como presidente de uno de los consorcios energéticos más importantes del mundo, difícilmente pudiera encontrar, en términos de lealtad, un sucesor mejor que Medvediev o Ivanov.

Visto desde otro ángulo, el reajuste en la cúpula gubernamental igualmente podría obedecer a la necesidad de establecer un cierto equilibrio entre los grupos de interés que forman el entorno presidencial, muchas veces enfrentados en su lucha particular por redistribuir la riqueza del país.

Sólo de ese modo se entiende que la estratégica Oficina de la Presidencia haya recaído en Serguei Sobianin, gobernador de la región siberiana de Tiumén, un político prácticamente desconocido en Moscú y, por lo mismo, no identificado con ninguno de los grupos del primer círculo presidencial.

 
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