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La tradición castrense causa mil muertes al año; en 2005, más de 20 mil denuncias

Las novatadas, comunes, admite el ejército ruso

JUAN PABLO DUCH CORRESPONSAL

Moscú, 2 de febrero. El trágico caso del conscripto Andrei Sychov, quien sufrió la amputación de ambas piernas y los genitales a consecuencia de una paliza por un sargento y varios soldados "veteranos", y cuyo estado de salud continúa siendo muy delicado, ha rebasado la capacidad de la censura militar para silenciar la aberración que representan las novatadas en el ejército ruso, las cuales cobran más de mil vidas por año.

Ahora, desde la cúpula castrense, ya se habla menos de "episodios aislados" y se califica la violencia intramilitar de grave problema. El generalato se vio forzado a hacer este reconocimiento tardío, dando la razón implícitamente a la Unión de Comités de Madres de Soldados y otras organizaciones no gubernamentales, que velan por los derechos de los reclutas y exigen al Kremlin suprimir el servicio militar obligatorio.

Hasta las estadísticas oficiales no pudieron ocultar más lo que, de unos años para acá, se venía perfilando como una situación a todas luces indigna de las tradiciones del ejército ruso y que requería urgente atención: a lo largo de 2005, según acaba de dar a conocer el propio Ministerio de Defensa, se presentaron 20 mil 390 denuncias por maltrato en el ejército.

No hay datos oficiales acerca de cuántos abusos, vejaciones y golpizas se callaron por miedo a represalias los conscriptos afectados, ni tampoco se sabe cuántos presuntos responsables enfrentaron juicios en su contra, habida cuenta de que, durante los doce meses anteriores, cada día se registraron, en promedio, 56 casos de "conducta contraria a la ley" de militares, admitidos por las autoridades.

Tan sólo este jueves se formularon 10 nuevas denuncias.

A partir de que se hizo del dominio público el calvario del soldado Sychov, la prensa de aquí no ha parado de reproducir historias que confirman que las novatadas no son exclusivas de algunos lugares, sino abarcan toda la geografía de Rusia.

La impunidad en el ejército se debe a que las denuncias ante la procuraduría militar (dócil herramienta del Estado Mayor) suelen acabar en manos de los superiores directos de los agresores, quienes minimizan los hechos.

Por lo común, en vez de fincar responsabilidades penales a los uniformados que denigran al ejército, la procuraduría militar remite los casos a la zona de adscripción del denunciante, para que los generales "tomen medidas pertinentes" in situ.

El círculo vicioso se cierra, muchas veces, cuando las denuncias de los conscriptos, tras recorrer los pasillos burocráticos de las instancias castrenses, terminan en una nueva paliza.

Para afrontar el problema de las novatadas, convencido de que llegó el momento de "ejercer un mayor control sobre la observancia de la legalidad en el ejército", el presidente Vladimir Putin anunció la inminente creación de la policía militar, un instituto que no contempla el organigrama del Ministerio de Defensa y que se subordinaría directamente al titular de esa cartera, Serguei Ivanov.

 
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