Usted está aquí: domingo 4 de junio de 2006 Política Posibles escenarios poselectorales

Guillermo Almeyra

Posibles escenarios poselectorales

Salvo golpes escénicos y provocaciones (siempre previsibles), podemos ver que el mes que queda antes de los comicios conduce a dos posibles escenarios poselectorales principales y a la aparición de diversas variantes que tendrán repercusión en lo que sucederá desde julio hasta fin de año, por lo menos. Antes de analizarlos, sin embargo, conviene destacar que esta elección es la más importante en la historia política mexicana en las seis décadas recientes, por el momento en que se realiza y por el tipo de inserción de México en el panorama internacional, a pesar de que los tres candidatos intentan, cada uno a su modo, sostener y mantener el régimen capitalista, aunque uno de ellos encuentra el odio del establishment, que lo considera potencialmente peligroso y que se le opone y lo saboteará por todos los medios, si es elegido.

¿Cuáles serían, grosso modo, dichos escenarios? El primero, que el gobierno prepara con todas sus fuerzas, con la colaboración descarada de los medios de intoxicación de masas, consistiría en el triunfo del huevo de la serpiente real, de Felipe Calderón y el Yunque. La reacción, con sus métodos fascistas de propaganda y de represión para instaurar la estrategia del miedo (Las Truchas, Atenco), se prepararía a aplastar las resistencias populares, que serían muy grandes si Calderón no gana por una diferencia enorme (cosa que sería vista como un fraude semejante al de 1988 y que sólo sería posible despreciando cínicamente la conciencia y la reacción populares, así como la opinión pública internacional). Si el operativo Atenco fue, a todas luces, preparado con anticipación desde los más altos cargos, que tenían ya dispuestos los efectivos policiales a los que les dieron orden para reprimir salvajemente y autorización para apalear, robar, matar, violar, antes de largarlos como una jauría contra el poblado mexiquense y, a pesar de eso, las autoridades siguen negando lo que está a la vista de todos, ¿qué no harán esos mismos sectores contra una protesta popular todavía desorganizada ante la imposición, mediante el fraude, del candidato derechista?

Si la instrucción de la otra campaña de "irrumpir" en las elecciones el 2 de julio se transfomase, debido al infantilismo de la ultraizquierda, en interrumpir en lo posible el proceso electoral para que aumente a la fuerza la abstención (que de todos modos será grande), no sólo se brindaría en bandeja de plata un pretexto a los provocadores, sino que también se dividiría aún más el campo popular, porque quienes quieran protestar contra el fraude y defender el voto verán probablemente a la otra campaña como aliada del Yunque y servidora del gobierno, sin meditar demasiado sobre las intenciones, sinceras o no, de los integrantes de aquélla.

Es cierto que el totalitarismo de la derecha, su propaganda y su represión fascistas, quizá unirían posteriormente en la resistencia a los militantes de la izquierda social que voten por AMLO con los que pretenden sabotear las elecciones, pero esa izquierda múltiple y recompuesta tendría un camino arduo y cuesta arriba, y debería, antes que nada, defender lo que queda de lo que fue arrancado por las clases explotadas desde la Revolución y el gobierno de Lázaro Cárdenas. Si, en cambio, ganase AMLO por pocos cientos de miles de votos sin conquistar la mayoría en las cámaras, el sabotaje económico y político de la derecha sería inmediato. Como primera consecuencia esto probablemente haría aún más conservadora la política del candidato electo y su afán de conseguir una imposible unidad nacional con las derechas y, como reflejo, provocaría movilizaciones contra la ofensiva derechista y para forzarle la mano a AMLO en lo que respecta a la realización de las reformas y reivindicaciones que exigen sus votantes.

Por otra parte, la otra campaña no puede seguir indefinidamente en alerta roja sin que ésta pierda sentido, ni Marcos puede quedarse en el DF hasta que liberen a los de Atenco recluidos ilegalmente en Almoloya, donde quedarán por meses como rehenes. Las juntas de buen gobierno y el EZLN serían en tal caso también rehenes de los planes represivos de este gobierno o del futuro, y Zero gastaría su tiempo en conversaciones sobre Brecht en salones defectuosos. La otra campaña tampoco puede dar por sentadas las bases para una organización revolucionaria nacional, la otra alternativa, con las características planteadas por el EZLN cuando disolvió el Frente Zapatista (FZLN) y resolvió sustituirlo por un grupo formado por cooptación o previa aceptación del EZLN y dirigido por el comandante Germán, uno de los fundadores del mismo. Esa especie de "partido" (pues no sería otra cosa) que la entrevista a Marcos en Rebeldía anuncia confusamente, no nacería de una organización común de la lucha por la autonomía y la autogestión desde Chiapas hasta Sonora, ni de un programa revolucionario que aglutinase diversas corrientes detrás de ideas fundamentales, sino de la delimitación sectaria de otras tendencias anticapitalistas y de la centralización acrítica detrás de la dirección del EZLN, formando un nuevo e ineficaz FZLN. En las condiciones poselectorales sumamente difíciles, cualquiera sea el ganador de las elecciones, lo que se requiere es tener la cabeza fría, ser responsables, pensar las consecuencias de los actos y tratar de unir fuerzas y voluntades para dar una respuesta anticapitalista a los problemas que se plantearán en el futuro próximo.

 
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