Usted está aquí: jueves 17 de agosto de 2006 Sociedad y Justicia El movimiento popular de Oaxaca, inexplicable sin la presencia indígena

Las comunidades están afectadas por la ingobernabilidad: representante zapoteco

El movimiento popular de Oaxaca, inexplicable sin la presencia indígena

Estamos conscientes de la agresión del gobernador; y al borde del exterminio, dice dirigente

HERMANN BELLINGHAUSEN ENVIADO

Ampliar la imagen Marcha de trabajadores del sector salud en apoyo al movimiento Foto: Blanca Hernández

Oaxaca, Oax. 16 de agosto. La evolución del movimiento popular que recorre el estado de Oaxaca sería inexplicable sin la participación y el apoyo de los pueblos indígenas, que de manera masiva exigen la salida de Ulises Ruiz, apoyan al magisterio y participan, a su modo y en sus distancias geográficas, en la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO). Pero como de costumbre su existencia es negada con el silencio institucional, bajo el cruel eslogan ulisista "Oaxaca está en paz". En un alarde de aceptación de los hechos, los funcionarios en el exilio agregan que es así "fuera de la capital".

"Este ya es un movimiento del pueblo. Las comunidades indígenas se sienten afectadas por la ingobernabilidad, pero como pueblos seguimos funcionando porque podemos hacerlo solos, con o sin los recursos del gobierno", expresa Aldo González, dirigente zapoteco, miembro de la Unión de Organizaciones Sociales de la Sierra Juárez (UNOSJO). "La gente ya no está dispuesta a hablar con los funcionarios", dice.

"El 14 de junio marca un momento de quiebre en la historia de Oaxaca. No sólo el magisterio, la totalidad de la población se siente atacada. Los primeros en salir a la calle son los barrios de la ciudad". En la Sierra Norte, cuenta, "desde las 6 de la mañana ya se estaba organizando la gente contra Ulises Ruiz y para enviar tortillas y alimentos a los maestros en el plantón. Se supo por la radio de Guelatao. No todos pueden venir, pero casi todos están".

Lucio López Reyes, ex presidente municipal de Totontepec Mixes, dice que para los indígenas la primera pregunta es "¿Dónde está el gobierno?". Y apunta: "Cuando uno visita un pueblo, lo primero que hace es reportarse ante la casa del municipio. Ahora, cuando llegamos a Oaxaca, vemos que el gobierno no está en su casa, porque la abandonó. Del mismo modo, éste decide gastos y obras sin pasar por la opinión de los pueblos, no respeta la asamblea para recibir autorización".

La Jornada conversó con reconocidos representantes de pueblos mixes y zapotecos de diversas regiones, y el consenso es total. "Necesitamos una nueva Constitución, que no parta de los principios habituales sino que tenga elementos propios de los pueblos indios y tenga que ver con la realidad de Oaxaca. Por eso participamos en este movimiento", señala Aldo González.

Juana Vázquez, representante, con mucha historia, de las mujeres de Yalalag, afirma: "Vivimos una gran separación entre el gobierno del estado y las comunidades. Para la mente indígena, un gobierno tiene el trabajo de ser padre y madre del pueblo, y eso no significa matar a los hijos sino velar por ellos. Ulises Ruiz desconoce la vida comunal, no entiende que trabajamos la tierra para vivir. La distancia del gobierno nunca fue tan grande. Sus administradores atentan contra nosotros, y agreden brutalmente el servicio municipal gratuito. Las comunidades están conscientes de la agresión de Ulises. Si no levantamos ahora nuestra resistencia estaremos al borde del exterminio".

Melitón Bautista, integrante de la Unión de Autoridades Municipales del sector Zoogocho, no duda: "La lucha es general. Los pueblos indígenas tienen muchos problemas, y el gobierno ya no cumple ni con sus compromisos mínimos". Refiere que al impulso de "esta lucha social", en su región se congregaron ante la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indios para reclamar el incumplimiento de Xóchitl Gálvez y Ulises Ruiz de lo compromisos. Desde el 11 de julio determinamos participar en la APPO como pueblos indígenas".

Aristarco Aquino, también de Yalalag, asienta: "Discrepo de los que dicen que aquí no está el pueblo. Están los que tienen capacidad de estar. Los que no están atados por ningún compromiso, que han desarrollado experiencias de lucha. Organizaciones municipales, regionales, comunales, agrarias. Los pueblos son cautelosos. Saben que este gobierno es un oprobio; ésta es una oportunidad para sacudirse el oprobio, la cadena de agravios. La gente puede tener diferencias con los maestros, a veces, pero después del 14 de junio ve la posibilidad de ponerse a su lado, pues son la única organización con capacidad estatal para enfrentar al gobierno. Y entonces el magisterio también da un paso enorme al anteponer las demandas políticas al interés gremial".

La sede del gobierno, abandonada

Las voces concuerdan en lo fundamental. En 18 meses, en palabras de Aquino, Ulises Ruiz no ha hecho nada, además de acrecentar los agravios, sin tomar en cuenta la repercusión de sus actos. Fabrica delitos y encarcela representantes comunitarios. Opta por golpear con porros y paramilitares. "Y abandona la sede de gobierno, que es importante en el imaginario popular".

Los demás entrevistados agregan testimonios de corrupción y omisión. Este gobierno ha dejado de hacer obras, ni siquiera ha sabido mantener la política de división y descomposición de las comunidades que sus antecesores siempre tuvieron. Coinciden, con insistencia, en que la opinión pública y el mismo movimiento magisterial y popular deben reconocer la dimensión indígena de Oaxaca. Hay 17 pueblos distintos, en todo el territorio, y su huella en la vida social es fundamental. Ellos aportan la comunidad, el trabajo solidario, la participación colectiva. Como expresa Lucio López: "¿No será que la APPO tomó su nombre de las asambleas de las comunidades?" Por lo mismo, la llama "a seguir el ejemplo de la vida comunal de los pueblos".

Señalan que al violar los principios del tequio en las obras de las comunidades, se perdió "el control de calidad", pues si ya no participa, la gente sabe que las obras están mal hechas, sin compromiso, por negocio de contratistas.

"Este ya no es sólo un movimiento del magisterio", abunda Aldo González. "La cuarta megamarcha, con 800 mil participantes, sólo pudo ser así porque bajaron miles de las comunidades, hasta las lejanas". Señala que la grandísima participación indígena "no es suficientemente visible en el discurso de la APPO. Tenemos que reconocer que la protesta es profundamente indígena, y que más allá de lo que ocultan las cifras del INEGI, Oaxaca es de mayorías indígenas".

El mixe Lucio López Reyes denuncia que las privatizaciones y la política general de Ulises Ruiz consisten en "adueñarse de nuestras tierras y destruir la decisión, el trabajo y la celebración comunales". Insiste en que la APPO "tenga bien presente la experiencia de los pueblos".

Otro punto de coincidencia es la nulidad práctica de las legislaciones "indígenas", tanto a escala federal como en el estado. "La ley oaxaqueña de 1998, que se supone es la más avanzada del país, no se aplica. No se ejerce verdadera autonomía. Un transitorio de la ley ordenaba publicarla antes de 30 días en todas las lenguas de Oaxaca. Seis años después no la han publicado ni en castellano", señala Aldo González. Pero, concluye, la madurez del movimiento popular en Oaxaca hace pensar que aquí es posible avanzar en un cambio profundo.

 
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