Usted está aquí: sábado 19 de agosto de 2006 Política La frontera de Foxilandia

Víctor M. Quintana S.

La frontera de Foxilandia

Si la presteza que tuvo el gobierno de Vicente Fox para apostar miles de efectivos del orden y tanquetas frente a San Lázaro la tuviera para atender los desastres naturales, y los asesinatos de mujeres, estuviera terminando su sexenio en medio de la aclamación popular y no del atrincheramiento generalizado. Así se sienten en Chihuahua las agonías del gobierno del cambio.

Ciudad Juárez vuelve a ser el epicentro de la problemática y la periferia última de las soluciones. Aquí o hay sequía extrema o trombas, nada de puntos medios. Luego de más de una década de secano, desde principios de julio las precipitaciones se dejan venir como nunca: en dos meses ha llovido casi tanto como en los últimos dos años. El noroeste de la ciudad, zona de la más extrema pobreza junto con el sureste, es la más afectada. Se desbordan los arroyos que van a dar al Bravo y se rompen los diques que protegían a varias colonias populares. Resultado: casi un millar de viviendas totalmente destruidas y 2 mil dañadas parcialmente.

La Federación actúa con enorme lentitud: como tarda la declaración de zona de desastre, consecuentemente la de la asignación de recursos federales emergentes. El gobierno del estado señala que se requieren 700 millones de pesos para la reconstrucción, y que tanto él como el municipal, lo mismo que el empresariado, e incluso el organismo católico Cáritas, están dispuestos a aportar una parte de los mismos. Se requiere una contribución federal de 300 millones de pesos. Pero entre reglas de operación, burocracia e insensibilidad se atascan las dependencias federales. Luego de mucho hurgar en todos los cajones, en visita relámpago a la frontera la titular de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso), Ana Teresa Aranda, declara que por ahí andan 45 millones de pesos de un programa ordinario de vivienda que no se han ejercido. Esto hace tronar al hasta ahora mesurado gobernador Reyes Baeza y afirmar que el gobierno federal "quiere dar gato por liebre", y termina el romance que se venía tejiendo desde hace casi dos años con el foxismo. Entre tanto, las familias damnificadas siguen sufriendo en los albergues, esperando que si no la Sedeso, cuando menos la Secretaría de Turismo los atienda con la eficacia que tuvo para salvar los hoteles de Cancún.

Otro de los puntos críticos donde la ineficacia federal (aunque también estatal y municipal) irrita a los chihuahuenses, sobre todo a los juarenses, es el del feminicidio. Con macabra y machacona frecuencia se siguen repitiendo los hallazgos de restos de mujeres en la frontera. Ante esto, el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), José Luis Soberanes, declaró hace apenas unos días en la ciudad de Chihuahua que el esclarecimiento de los homicidios de mujeres es una de las asignaturas pendientes que deja el actual gobierno federal. El titular de la CNDH se fue duro contra la falta de voluntad política y el burocratismo de la administración Fox, no sólo para desterrar el feminicidio sino también el asesinato de periodistas, en el que México sigue ocupando uno de los terribles primeros lugares en el continente.

Un tercer problema que agobia a Chihuahua es el de las ejecuciones. En poco más de una semana ha habido siete de ellas en la entidad, entre ellas la del periodista Enrique Perea y la del primer comandante de la Agencia Estatal de Investigaciones Arturo Nazar Contreras. Aquí, además de la insuficiencia del sistema estatal de procuración de justicia, brillan por su ausencia la coordinación con las autoridades federales y las acciones punitivas o investigativas de las mismas, más cuando hay signos claros de que el gran perpetrador de los asesinatos es el crimen organizado. Por más que los diputados locales panistas piden acciones del gobierno del estado contra las ejecuciones, no pueden ocultar la tibia e ineficaz acción de las autoridades federales contra el narcotráfico en estas latitudes.

Que no haya un plantón de perredistas que obstaculice el tráfico defeño porque se dice que la gobernabilidad del país está seriamente amenazada. Pero que en el norte lejano se derrumben las viviendas o se sieguen las vidas de los pobres y se amenace la existencia de quien transita por las calles, eso no constituye amenaza alguna para la estabilidad, ni amerita acciones emergentes y extraordinarias del gobierno del centro. Por eso esta es la frontera donde se termina Foxilandia.

 
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