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Fue localizado vía telefónica en algún lugar de Puebla; dice vivir sin problemas de conciencia

Exageraciones, decir que violé a 90 niños, sostiene Nicolás Aguilar

Me acusan en venganza por el pleito de unos terrenos

Por caridad, no habla de quienes lo han protegido

SANJUANA MARTINEZ

Ampliar la imagen Conferencia de prensa de Joaquín Aguilar, presunta víctima del sacerdote acusado de pederastia

El sacerdote católico mexicano Nicolás Aguilar, acusado de abusar sexualmente de 90 niños en México y Estados Unidos, se encuentra tranquilo y vive, como un "hombre libre", sin problemas de conciencia ni temores porque, según dice, su caso ya fue juzgado.

El presbítero denunciado por pederastia ante la Corte Superior de California en Los Angeles, junto con los cardenales Norberto Rivera Carrera y Roger Mahony, por encubrimiento, afirma que son "exageraciones" decir que abusó sexualmente de 90 niños.

Sobre quienes lo han protegido, prefiere no hablar ''por caridad". Y de manera vaga y confusa cifra las acusaciones en su contra como obra de una venganza por el pleito de unos terrenos de Cuacnopalan, Puebla, estado en el cual presuntamente se encuentra viviendo.

Del seminario a la sacristía

Nicolás Aguilar nació el 10 de septiembre de 1941. Su historial de pederastia se inicia desde los años del seminario y continúa a lo largo de sus 30 años de sacerdocio, según han denunciado sus víctimas que ahora intentan que por fin se haga justicia en Estados Unidos, luego de siete años de procesos judiciales infructuosos realizados tanto en Puebla como el estado de México. Las autoridades policiales y judiciales mexicanas lo protegieron en todo momento.

El caso del cura pederasta saltó a la opinión pública en 1987, cuando el presbítero fue encontrado en un charco de sangre en la casa parroquial de Cuacnopalan, Puebla, luego de sostener presuntamente una "orgía" con jóvenes que después lo asaltaron. Posteriormente fue enviado a Los Angeles, California, por el obispo de Tehuacán, en ese entonces Norberto Rivera Carrera. Allí, en tan sólo nueve meses abusó de 26 niños, y el cardenal Roger Mahony ­según consta en las denuncias presentadas en el tribunal estadunidense­ lo envió nuevamente a México. De regreso, el padre Nicolás abusó sexualmente de 60 niños más, residentes en distintas comunidades de Puebla.

El sacerdote, sobre quien pesa una orden de búsqueda y captura en Estados Unidos, está indagando el paradero de sus víctimas para intentar establecer contacto con ellas y evitar que las denuncias contra él y el arzobispo primado de México, cardenal Norberto Rivera Carrera se sigan acumulando en la Corte Superior de California.

Ayer llamó de manera inesperada a uno de los niños que violó. La víctima se puso en contacto con esta reportera para proporcionarle el número telefónico del sacerdote.

Nicolás Aguilar sigue ejerciendo su ministerio sacerdotal y ofreciendo sacramentos en Puebla, Morelos y el estado de México, según han denunciado sus víctimas.

Durante la entrevista, el padre Aguilar se muestra visiblemente nervioso, pero responde a las preguntas, a veces de manera incoherente y otras más dando evasivas. Incluso, deja entrever que se encuentra "aquí, en Puebla".

­¿Cómo está, padre?

­Bien, ¿quién habla?

­¿Dónde se encuentra ahorita? ­se le preguntó.

­Aquí estoy, en México.

­¿Dónde está viviendo?

­Estoy aquí. ¿Pero quién habla?

­Soy periodista. ¿Teme que lo detengan?

­Sí... ¿Con quién hablo? ­insistió el cura.

­Soy la periodista Sanjuana Martínez. Quiero entrevistarle. ¿Cómo está su conciencia, padre? Usted está acusado de violar 90 niños.

­Sí... ah, ah, ah...

­¿Cómo es posible que se haya salvado de la cárcel? ¿Quién lo protege? ¿El cardenal Norberto Rivera?

­Realmente han sido una serie de difamaciones, calumnias que ha habido.

­¿Por qué cree que lo calumnian, padre?

­Por recuperar el terreno de allí, de Cuacnopalan. Buscaron perjudicarme en mi vida. Y como no lo lograron, dijeron que me iban a seguir calumniando, difamando, en todos los lugares donde estuviera.

­¿De qué terreno habla? ¿Quién quiere ese terreno? ­se le inquiere.

­Ese terreno se recuperó, gracias a Dios. Se construyó allí el curato (casa parroquial). Y el mismo Ministerio Público de aquí de Puebla, digo, el subprocurador de Justicia del estado, don Rodolfo Artchundia, dijo que habían sido exageraciones que 40, que 50, que 60 niños. Y yo digo lo mismo, exageran, no fueron 90.

­Entonces, ¿de cuántos niños abusó sexualmente? Si esas son exageraciones, diga usted cuántos violó.

­Con nadie, con nadie tuve que ver todo eso, todo eso que han publicado.

­Allí están las denuncias...

­A partir de eso fue cuando sacaron todas esas difamaciones. Ellos dijeron que donde yo fuera iban a dar conmigo para seguir calumniándome, difamándome.

­¿Por eso lo mandaron a Los Angeles en 1987?

­Yo tuve que salir de allí del pueblo para buscar retirarme de toda esa problemática.

­¿Por eso lo mandaron a Los Angeles?

­Fue mi voluntad. Pero yo suplicaría saber con quién estoy hablando.

­Ya le dije, soy Sanjuana Martínez.

­¡Ah!... es usted. Me han comunicado todo lo que ha habido en publicaciones y le agradezco que me haya llamado para escuchar también mi verdad, mi versión.

­¿Cuál es su verdad, padre?

­Lo único que hice fue trabajar por ese pueblo. Fue dedicarme al ministerio. Dios lo sabe, que hice muchísimo sacrificio. No fue con ningún otro fin de buscar, de llevar malas conductas.

­¿Malas conductas? Usted violó a Joaquín Aguilar en la iglesia, concretamente en la sacristía.

­De todas esas cuestiones, lo que él dijo que estando en plena misa le menté la madre cuando estaban distraídos. No es cierto. Dios lo sabe que no. Supuestamente él iba saliendo de la misa y yo lo jaloneé, le tapé la boca y hice todo lo que él decía. No hubo nada de eso. Y dijo que yo le grité todavía cuando... que le dije que si él hablaba que yo iba a asesinar a su papá, a su mamá, a su hermana y su hermano. Dios lo sabe y lo juro por los santos evangelios y la Biblia, que yo no dije eso.

­Pero lo violó. Usted le bajó los pants y lo violó en la sacristía, mientras otro sacerdote oficiaba misa...

­No, no, no, y menos en la sacristía.

­¿Entonces, dónde?

­Mire, de todo eso se hizo una investigación de un año. Hubo peritos en todo esto y fue cuando se clarificó todo. Es cosa juzgada.

­El niño presentaba desgarramiento anal, padre...

­En... en... en todo esto fueron... Usted decía en sus publicaciones que tres semanas después fue a demandar. Ahora, las autoridades mexicanas no fue una cosa que hayan pronto juzgado y ya, sino que se llevó más de un año esa investigación. Y yo qué bueno que tengo esta oportunidad, yo le suplicaría que de veras ya se evitaran todas esas cosas. Ha habido una serie de contradicciones.

­¿Usted sigue siendo sacerdote, verdad?

­Sí.

­¿Sigue dando misa?

­No, no, no, ya no.

­¿Desde cuándo, padre?

­Uy... ya tiene tiempo. Eso sería ya lo único, para concluir. Yo le suplicaría por lo que usted quiera que ya se acabara con todo esto, que ha sido una situación...

­¿Y los niños de la Sierra Negra, padre? Esos 60 niños que usted dice que no abusó, pero allí están los documentos judiciales, las pruebas, sus testimonios, los exámenes físicos...

­No. Inclusive quisieron... no fueron niños, era un grupo de jóvenes. Inclusive quisieron poner su demanda. Yo les dije: "No, yo le dejo esas cosas a Dios". Fue por eso que en el periódico Reforma el subprocurador de Justicia en el estado dijo que había habido estas exageraciones.

­Los niños ­porque eran niños, padre, eran niños de entre 7 y 13 años­ cuentan que después del catecismo usted los hacía entrar a su casa, y por ejemplo, a Sergio usted lo obligó a hacer sexo oral e intentó violarlo...

­Todas esas cosas fueron parte de todo eso que hubo en contra mía, de buscar alguien que se prestara a dar testimonio en contra mía. Yo creo que ya tuve esta caridad de contestar su llamada.

­Está usted libre. ¿No teme que lo detengan?

­Se llevó un juicio, se investigó, se clarificó. No temo. Es cosa juzgada. Yo soy pobre, yo no tengo dinero.

­¿Pero quién pagaba sus abogados si usted no tiene dinero? ¿La Iglesia?

­No.

­¿Quién pagaba esos abogados? Usted tuvo muy buenos abogados.

­Yo tenía que hacer enormes sacrificios y buscaba pagar todo lo que eso iba costando. No la Iglesia, digo, sería una infinidad de cosas que tendrían que aclararse.

­Dígame, ¿por qué eligió a los niños? ¿Por qué le gusta abusar de los niños?

­Son esas gentes (sic) que buscaron atacarme, buscaron algo que fuera para fastidiarme.

­¿Usted le ha metido mano a los niños cuando ha podido? ¿Por qué, padre?

­Ha sido una serie de calumnias, difamaciones, que ya digo, sería largo y extenso todo esto.

­Y el cardenal Norberto Rivera, ¿cómo ve lo que ha hecho?

­En ningún momento quisiera faltar a la caridad. Ese ha sido uno de mis propósitos que me han criticado mis amistades, mis familiares, que me dicen que por qué no he llamado a los reporteros. Les digo que no quiero faltar a la caridad a nadie. La última cosa que he resuelto es atenderla a usted, porque no quiero faltar a la caridad...

­¿La caridad? Es mejor que no falte usted a la verdad. ¿Por qué no decir quién lo ha protegido?

­Mis respetos a los cardenales. Para usted, para todas las personas.

­¿Y para sus víctimas, padre? ¿También sus víctimas merecen respeto y caridad?

­Eh, eh, eh... se ha aclarado todo eso.

­Cómo cree, padre. Claro que no se ha aclarado nada. Las acusaciones contra usted son contundentes. Existe un proceso abierto en Estados Unidos. Se le acusa de pederastia y al cardenal Norberto Rivera y al cardenal Roger Mahony se les acusa de protegerlo...

­Si fuera tan amable, ya le contesté su llamada.

­¿Por qué no me da su dirección para irlo a entrevistar en persona? El que nada debe, nada teme.

­Me abstengo de todo eso. Quiero evitar que se sigan sacando tantas cosas.

­Usted también tiene derecho a hablar...

­Sí, pero le he ofrecido a Dios todo esto. Quiero dejar todo esto en las manos de Dios.

­¿Qué es todo esto?

­Todo esto que se ha publicado, que se ha dicho de mí.

­¿Que usted abusó sexualmente de 90 niños?

­Niego completamente eso. Esa afirmación de que fueron aumentando, que de 60, 70, 80, que 90. Lo de menos era ir a presentar a no sé qué lugar de comunicación. Yo le dejo todo eso a Dios.

­Su conciencia, ¿cómo está? ¿Está tranquilo? ¿Puede dormir?

­Vamos a dejarlo así.

­No, no, es mejor que usted hable, yo le ofrezco la oportunidad de una entrevista en persona.

­Voy a consultarlo con mis amistades.

­¿Con sus abogados?

­Más que eso, ha habido la solidaridad de muchísima gente.

­¿Solidaridad? ¿Por qué? ¿Se siente usted perseguido?

­Sí, pero ha habido gente que me ha dicho que cuento con sus oraciones.

­Deme su dirección para irlo a visitar.

­No, pues ahorita no, no. Quiero evitar. Por el momento le agradezco.

­Una última cosa. ¿Quién lo ha protegido? ¿El cardenal Norberto Rivera?

­No lo tome como una grosería, ya fue un tanto de tiempo que yo amablemente le he atendido. Le pido su comprensión. Dios le bendiga. Que Dios le bendiga su trabajo. Que Dios le conceda... me abstengo en este momento de comentarios. Hasta luego, nos vemos. Adiós.

 
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