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Tragedias recientes ligadas a la bebida obligaron a autoridades a emprender decomisos

Prohíben la venta de alcohol en Tlanchinol, municipio de Hidalgo con el mayor consumo

CARLOS CAMACHO CORRESPONSAL

Ampliar la imagen Un policía municipal muestra un garrafón de aguardiente decomisado recientemente en la comunidad de Toctitlán Foto: Carlos Camacho

Tlanchinol, Hgo., 14 de enero. José Hernández llegó una noche ebrio a su humilde vivienda, donde compartía un cuarto con su esposa y sus siete hijos. A gritos ordenó a su mujer darle de cenar. Ella le reclamó por su estado de ebriedad y él le dio un fuerte empujón que la hizo caer sobre el más pequeño de sus hijos. El impacto provocó estallamiento de vísceras al menor.

Debido a esta tragedia y al homicidio de dos personas más la asamblea municipal se vio obligada a aprobar por unanimidad prohibir la venta de aguardiente en la cabecera municipal, 16 barrios y 55 comunidades del municipio de Tlanchinol.

El elevado consumo de aguardiente, producido en alambiques clandestinos, hace que este municipio marginado ocupe el primer lugar en alcoholismo en el estado, con todos los problemas que genera como disolución familiar, violencia doméstica, muerte por cirrosis y miseria.

Sólo en la comunidad de Toctitlán, sus 900 habitantes ingieren semanalmente 300 litros de aguardiente, señala el alcalde priísta Desiderio Bautista Isidro mientras exhibe uno de los garrafones decomisados este año.

El año pasado, dice, se decomisaron mil 750 litros que fueron puestos a disposición del Ministerio Público Federal, y este año se quemarán alrededor de 500 litros requisados a quienes insisten en fabricar y vender el producto en forma clandestina.

Sin embargo, reducir el alcoholismo no es tarea fácil pues sólo en la cabecera municipal hay nueve escuelas de educación básica por cada 60 cantinas o cervecerías que los domingos, cuando hay tianguis, se llenan de gente que viene de las rancherías a realizar sus ventas y compras.

Además, a escasos 16 kilómetros hay una fábrica de aguardiente que no se puede cerrar porque "tienen todos sus papeles en regla", reconoce el alcalde.

La gente se la pasa bebiendo

Tlanchinol se ubica al final de la sierra de Molango y a la entrada de la región huasteca. De sus 55 comunidades, seis se consideran de muy alta marginación. Entre las más pobres están Acahuazco, Chichatla, San Miguel y Santa Lucía, habitadas por indígenas nahuas y con un nivel educativo muy bajo.

La falta de empleo es también una razón que incita al elevado consumo de alcohol porque la gente "se la pasa bebiendo", señala el secretario municipal Mauricio Guillermo Pedraza.

Las cifras sobre muertes por cirrosis no son precisas. El alcalde Desiderio Bautista dice que en lo que va de su administración, que comenzó el 16 de enero del año pasado, tiene idea de "unas tres", mientras el sistema municipal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) indica que entre 12 y 14 ocurrieron sólo en 2006.

Florentino Zapata Olguín, director del DIF municipal, recuerda que el caso más grave fue el del menor que murió aplastado por su madre en el barrio Morelos cuando fue empujada por su marido una noche que llegó borracho. El hombre fue a la cárcel y ella huyó del pueblo con sus otros seis hijos y hoy "nadie sabe de su paradero".

En el kilómetro 167.5 de la carretera federal México-Tampico, vía corta a Huejutla, cuatro campesinos de la comunidad de Totonicapa dieron muerte a dos vecinos, "nomás porque estaban borrachos". Además, una señora fue violada por cuatro sujetos alcoholizados, "a cuatro calles de la presidencia municipal".

El caso del pequeño de no más de un año fue motivo de una obra teatral denominada Volver a vivir, con la cual el personal del DIF municipal trata de concientizar a la gente para evitar el consumo de aguardiente y otras bebidas o drogas.

También propició que la asamblea municipal aprobara en marzo de 2006 prohibir la venta de aguardiente, aunque todavía hay gente que viene de Tehuetlán, municipio de Huejutla o del municipio de San Felipe Orizatlán a venderlo, pues para muchos es un producto curativo y hasta medicinal.

Según las autoridades, hasta el momento se han aplicado 60 multas y el consumo ha bajado en 80 por ciento. Antes del decreto se consumían un promedio de 400 litros de aguardiente por semana, 300 de ellos tan sólo en Toctitlán.

Pese a su pobreza, los indígenas adquieren el litro a 12 pesos. La labor de las autoridades ha llegado al grado de que los propios indígenas firman un documento en el que se comprometen con la autoridad a no beber más, aunque en varios casos no lo cumplen.

 
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