Usted está aquí: lunes 5 de febrero de 2007 Deportes Con un faenón por la zurda, José Mari Manzanares cortó dos orejas

Calamitoso pero emotivo adiós de Jorge Gutiérrez, ante seis mansos de Teófilo Gómez

Con un faenón por la zurda, José Mari Manzanares cortó dos orejas

El juez Roberto Andrade regresó, ¡por chicos!, dos novillos aprobados por él mismo

LUMBRERA CHICO

Ampliar la imagen José Luis Angelino espera a su enemigo a puerta gayola en la decimocuarta corrida de la Plaza México Foto: Jesús Villaseca

Han transcurrido ya casi 17 años desde aquella tarde de marzo en que alternando con Manolo Martínez ­que se cortaba la coleta en plena debacle personal­, Jorge Gutiérrez quedó como amo de la fiesta brava mexicana... en grado de tentativa. Meses después, salía como triunfador absoluto de la temporada 90-91, compartiendo la efímera gloria con David Silveti y Mariano Ramos, con los que refrendó laureles a lo largo de la igualmente exitosa temporada 91-92, en la que el infortunio le deparó dos cornadas serias.

A partir de entonces, Jorge cayó en una especie de depresión crónica, perdió el brillo y las ganas de consolidarse como la figura de época que pudo haber sido y no fue, y se integró a las nutridas filas del montón de donde, muy de vez en cuando, escapaba para volver a cuajar faenas inolvidables.

A pesar de sus altibajos, Gutiérrez fue un consentido de la Plaza México. Esta le entregó su corazón y le guardó fidelidad hasta ayer, cuando a punto de cumplir 50 años de edad y con más de 2 mil 500 toros estoqueados en su carrera, se despidió matando dos novillos mansos y rajados de la ficticia ganadería de Galindo y uno más de Carranco, ante los cuales no hizo, no pudo hacer, prácticamente nada, con excepción de una tanda por la derecha al primero de su lote y punto final.

¿A quiénes culpar por el fracaso de esta despedida anticlimática y calamistosa? Por principio de cuentas, a los empresarios, dizque renovadores ­en realidad, un par de bribones que, créanlo ustedes o no, todavía no le han pagado un centavo al Pana­, que escogieron para tan señalada fecha las reses dizque "de" Galindo, que en realidad son de Teófilo Gómez, y hermanas de las ratas que hace un año echaron a perder la presentación del hijo del Capea.

Pero más culpables que los empresaurios fue el petimetre ése que se sienta en el palco del juez y que responde al nombre de Roberto Andrade, un señor tan incompetente que devolvió a los corrales, ¡por chicos!, a dos de los seis supuestos "toros" que él mismo había aprobado, y que debió rechazar ante la furibunda protesta del público, que le perdonó los demás, porque de los seis ejemplares de Teófilo Gómez que salieron de contrabando como "de" Galindo, cinco eran novillos que no tenían tres años de edad, y su participación en la corrida fue constitutiva del delito de estafa en perjuicio de más de 30 mil personas, lo que debería ser castigado con cárcel.

Lo que salvó la función de ayer, en la que empresa y autoridades se confabularon para robar descaradamente a decenas de miles de aficionados, fue el sitio que trae el joven ibérico José Mari Manzanares II, a quien le tocó el menos peor de los "Galindos" y al que le hizo una faena de gran mérito, coronada con un estoconazo, que le valió el premio de las dos orejas concedido por la gente, no por el petimetre ése.

El bicho llamábase Milenario, era negro bragado y paliabierto, y como sus hermanos fue manso ante el caballo y de embestida muy descompuesta. El joven europeo apenas lo tuteó con el capote y sin brindarle su muerte a nadie ­tal vez porque le daba vergüeza­, se plantó frente a él con la muleta en la derecha y se lo zumbó en una primera tanda de derechazos, aguantando el juego de esos pitones que tanto calamocheaban.

Algo le vio a la cosa porque de inmediato se cambió la franela a la zurda y cogiendo el palillo por la mitad la embarcó en dos series de largos y profundos naturales, rematados de cabo a rabo, antes de porfiar con la diestra y recrearse, ahora sí por ese lado, en pases de rechupete, para después adornarse con la trincherilla y el desdén, y hundirle el acero hasta las bolas, ligeramente desprendido pero mortal de necesidad.

A su segundo, que era una birria, lo mató de un estoconazo en todo lo alto que literalmente le partió el corazón en dos y lo hizo pasar al mundo de los difuntos menos de 10 segundos después de haberle metido la espada. Y por asombroso que parezca, al juecesito ése ni siquiera se le ocurrió darle la oreja que por tan grandiosa hazaña el muchacho se merecía.

Del tercer alternante, José Luis Angelino, sólo puede decirse que el público obligó al petimetre ése a devolver los dos toros de su lote, sin dejar de protestar por el aspecto de los otros dos que le soltaron como sustitutos. Hoy, con la corrida del 61 aniversario de la México, en donde la reventa estafará a decenas de miles más, terminará la temporada 06-07 y la aventura de los bribones que todavía no le han pagado su sueldo al Pana.

 
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