Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 11 de marzo de 2007 Num: 627

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El extraño canto de la dulce Filomena de San Juan de la Cruz
LUCE LÓPEZ-BARALT

La noche oscura
Canciones

SAN JUAN DE LA CRUZ

El género incómodo
NATALIA NÚÑEZ entrevista con PATRICIO GUZMÁN

Cervantes en Italia
SERGIO FERNÁNDEZ

Poesía testimonial de Oaxaca
BERTHA MUÑOZ

Leer

Columnas:
La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Cabezalcubo
JORGE MOCH

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

El reto de Volpi

Cualquiera con dos dedos de frente lo tendría claro y Jorge Volpi tiene muchos más: no es fácil halar las riendas de una carroza como es Canal 22 de Conaculta. Este escribidor desconoce los intrígulis de su nombramiento, si dirigir un canal de televisión cultural estaba entre los planes del escritor, por qué aceptar una rifa así; personalmente me gusta más Volpi para otro tipo de menesteres, más de libros que de producciones televisivas, pero es poseedor de una inteligencia prodigiosa y habrá que ver si esta virtud empata con lo que se requiere para gestionar el adecuado funcionamiento de una criatura tan compleja e inasible, vaya, como es un canal del gobierno y además de televisión cultural. Siendo el 22 un canal cultural, y siendo la cultura la hija fea de los presupuestos gubernamentales, sobre todo en gobierno de derechas, lo dicho: no la tiene fácil.

Pero la cuestión en el 22 no es solamente, a ojos de este simple espectador, de corte presupuestario sino de creatividad en la programación. Volpi tiene sobrados ejemplos en qué inspirarse para hacer de Canal 22 una propuesta atractiva al público, ese intransigente verdugo de dislates que no duda en ejercer su libre albedrío con el control remoto y sencillamente cambia el canal cuando se aburre. Y la televisión cultural no tiene por qué ser una televisión aburrida. Bajo la batuta de Julio Di-Bella Roldán, Canal Once del Instituto Politécnico Nacional es un magnífico ejemplo de programación variada y entretenida. Otro ejemplo ha sido desde luego tv unam con dirección de Ernesto Velázquez Briceño. Llama la atención que la televisión que produce la unam era tradicionalmente densa, saturada de programas de telesecundaria y telebachillerato: clases de aritmética, biología o inglés que parecían más bien creadas para abatir el insomnio si no para provocar un indebido sueño espeso en horas hábiles, pero la programación de tv unam se ha revitalizado con nuevas –y algunas viejas, pero igualmente atractivas, como documentales naturalistas de la bbc de Londres– propuestas.


Jorge Volpi
Foto: Carlos Cisneros /archivo La Jornada

Canal 22, sin embargo, parece haberse quedado por el momento ya sin presupuesto, ya sin ideas, porque buena parte de esa anacrónica programación supuestamente educativa del sistema edusat, la de las clases aburridísimas de álgebra o civismo parvulario, constituye su propuesta al menos durante las mañanas. Lejos de los noticieros del Once, abrimos boca con la barra de capacitación a distancia. Estos son programas de encomiables intenciones pero en los hechos suele tratarse de producciones de magros presupuestos y ello se traduce en escasas audiencias. Si ahora mismo que escribo esto sintonizo Canal 22, a media mañana de un martes, me encuentro con el adormecedor sonsonete de un programa de la coordinación educativa de la Universidad Nacional mientras precisamente en el canal de la unam puedo ver un documental bien montado sobre la dinastía Bernstein, dueña y señora del escenario teatral y musical norteamericano, o un segmento del excelente Arts Showcase, mientras en el Once del Poli Miguel Conde hace de las suyas en La ruta del sabor de que ya alguna vez esta columna se hizo cargo. Si además me pongo a revisar el resto de los doscientos y pico canales que recibe el descodificador –de los que hay que decirlo claro, valdrá la pena acaso el diez por ciento– difícilmente me voy a quedar con lo que ofrece el 22. A ratos la cosa mejora con programas como La provincia del creador, recopilación de testimonios de primera voz de creadores y artistas.

Hay desde luego buenos programas de la red satelital edusat que recoge Canal 22, pero siempre queda un regusto como de insatisfacción toda vez que no se están apadrinando buenas producciones televisivas nuevas, propuestas frescas que nos ayuden a divulgar las variadas expresiones artísticas y culturales que se van manifestando en nuestro país, siendo ése uno de los principios rectores de un canal de televisión cultural del gobierno, y sí en cambio se refritean viejos programas, o cuando mucho se echa mano de los repertorios documentales extranjeros sobre cuestiones que nos puedan atañer. Hay programas que se siguen transmitiendo que fueron producidos hace veinte años.

No. Volpi no la tiene fácil, pero todavía es demasiado pronto para aventurar opiniones sobre su gestión como director de Canal 22. Apelamos a su inteligencia, a su buen juicio, a su intuición estética. O que la nación, y el juicio implacable del Dios del Rating, se lo demanden.