Usted está aquí: miércoles 14 de marzo de 2007 Política Bajo la Lupa

Bajo la Lupa

Alfredo Jalife-Rahme

Pemex: de la "privatización hormiga" a la "privatización cucaracha"

Ampliar la imagen Las "carencias" de Pemex no son el problema, sino lo que urge cambiar es el modelo neoliberal imperante Foto: Notimex

Hay que reconocer la férrea consistencia ideológica en privatizar Petróleos Mexicanos (Pemex) de la imperante tiranía financiera neoliberal que gobierna México desde hace un cuarto de siglo: a partir de De la Madrid Hurtado, quien inició la "privatización hormiga" en forma gradual y que fue proseguida por Salinas, Zedillo y Fox (quinazo, "accidentes" explosivos, descuartizamiento administrativo, Pemexgate, Pidiregas, contratos de servicios múltiples, desmantelamiento del Instituto Nacional del Petróleo, etcétera), hasta el bushiano Felipe El Breve, quien profundiza sus alcances mediante la "privatización cucaracha" -a escondidas de la na- ción por fobia a la transparencia luminosa de los rayos del sol-, con las tramposas "alianzas estratégicas" y la venta de los oleoductos.

Tres días antes de la llegada de Baby Bush a Mérida, para acelerar primordialmente la privatización de Pemex, The New York Times publicó un extenso reportaje de la amazona Elizabeth Malkin que plantea de manera absurda la inviabilidad financiera de la paraestatal (ver Bajo la Lupa, 11.3.07).

El NYT, un periódico muy mendaz, sobre todo cuando se trata de expoliar el petróleo ajeno, como sucedió con su montaje de "armas de destrucción masiva" para justificar la ilegal invasión anglosajona a Irak, sirve de alfombra al designio privatizador de Baby Bush, quien tiene incrustados a varios "topos" y "tapaderas" en el gabinete de Felipe El Breve, como el más conspicuo Téllez Kuenzler, representante del bushiano Grupo Carlyle, quien se pronunció hace un decenio, cuando fue secretario de Energía zedillista, en regalar el petróleo mexicano a las trasnacionales texanas a seis dólares el barril.

Diez años más tarde, el "oro negro", después de haber rasguñado 80 dólares, se encuentra en torno de 60 dólares el barril, lo cual delata los alcances de los actos canallas del cordobista Téllez en toda su carrera "pública" de socavamiento y desmantelamiento deliberados de la infraestructura nacional. ¿Se encuentra el gobierno de México, en el cuarto de siglo de su aciaga etapa neoliberal, en manos de sus peores enemigos?

Nada casualmente, la reportera amazona del NYT, Elizabeth Malkin, y el director zedillista-entreguista de la paraestatal petrolera, Reyes alias Herodes (cuya triste función es asesinar al "niño Pemex"), "coinciden" en afirmar que son dos los problemas mayúsculos de la paraestatal: "conocimiento técnico" y "dinero". A nuestro juicio, tales "carencias" abultadas serían subsanadas con un simple golpe conceptual de timón: el cambio del parasitario modelo neoliberal.

El problema no es Pemex, sino el estéril modelo neoliberal que ha transformado al Banco de México (BdeM) en una entidad autónoma para aplicar unilateralmente una fracasada política monetarista y ofertista-fiscal thatcherista-reaganiana (supply-side economics) que ha desahuciado al país en el reciente cuarto de siglo con el fin de beneficiar, al exterior, a la globalización financiera de Estados Unidos y, al interior, a una plutocracia estéril permanentemente rescatada (v.g el mediocre Grupo Monterrey y/o el ex vendedor de naranjas tuxpeño Roberto Hernández Ramírez, "paisano" de Reyes alias Herodes).

En forma anómala, en México existen varias entidades que se han convertido en un "Estado dentro del Estado" con los peores resultados a la vista y que han retrocedido al país a las cavernas antidemocráticas: BdeM y el Instituto Federal Electoral (IFE).

Dadas las circunstancias geoestratégicas que imperan en el planeta, Pemex es la única entidad que en estricto rigor debiera ser "autónoma", en lugar de las parasitarias BdeM e IFE. Pero resulta que el BdeM, gracias a su condición supraestatal, que le confiere en forma inmanente el improductivo modelo neoliberal local, se ha arrogado (en conjunción con la Secretaría de Hacienda que controla de facto a Pemex) el derecho unidireccional de aplicar una política monetarista y ofertista-fiscal thatcherista-reaganiana que absorbe los ingresos descomunales de la paraestatal petrolera (más de 500 mil millones de dólares en el aciago sexenio foxiano y más de 110 mil millones en su último año de gobierno dilapidador) para redirigirlos y/o transducirlos selectivamente a los sectores parasitarios gerenciales y a la estéril burocracia neoliberal subsidiados con 40 por ciento de ingresos fiscales que aporta la "quebrada" Pemex.

La plutocracia parasitaria ha dejado de pagar cómodamente parte sustancial de sus tributos y ha secuestrado al resto de la nación como contribuyente cautivo. La clase media en su conjunto, los obreros y los miserables han sido despojados de su participación en el reparto del maná petrolero y son obligados a subsidiar de forma aberrante el crecimiento descomunal de la parasitaria plutocracia oligopólica, perdonada además por extrañas "derrotas judiciales" del Servicio de Administración Tributaria en más de 60 mil millones de dólares, catalogados de "créditos fiscales irrecuperables (sic)", que arreciaron en el foxismo gerencial tan permisivo con sus "amigos". La discriminación financiera del modelo neoliberal es integralmente palmaria.

Toda esta parte siniestra del largo metraje petrolero mexicano lo oculta la mendaz reportera de The New York Times. El problema, insistimos, no es Pemex, sino el modelo neoliberal imperante que es al que urge cambiar.

De entrada, no se puede confiar en el actual director de Pemex, debido a que fue "cabildero" (coyote en mexicano) de las trasnacionales texanas cuando despachaba al frente de la encuestadora fraudulenta GEA, ni en los panistas en su conjunto (como los "indicia" el mismo NYT), urgidos en tapar los boquetes financieros previos y presentes en los que se confabularon impúdicamente, ni en un segmento de priístas travestis que han lanzado sus proyectos fulleros y quienes han sido expuestos en sus conocidos intereses triangulados que arrojan olor a azufre (v.g los escandalosos hurtos de los hermanos Alfredo y Javier Miguel Afif, hoy "fugados" en Utah, y el Pemexgate, para citar los visibles).

La decisión sobre el futuro de Pemex deberá ser responsabilidad de los más impolutos personajes seleccionados entre todos los partidos, la clase profesional y los ciudadanos de México, además de los gobernadores de los estados productores de petróleo, que deberán formar parte de su consejo de administración, en lugar de connotados cleptócratas.

Aun aceptando sin conceder el "medio punto" de la "victoria" de Felipe El Breve (el "desquite de Fox") que condonó el fétido IFE, el gobierno no cuenta con un mandato ex profeso para actuar en forma unilateral sobre el destino de los energéticos que deberá proceder de una decisión plural, transparente y consensuada para gozar de la legitimidad faltante, a riesgo, parodiando a los clásicos griegos, de violentar el "orden natural de las cosas".

Peor aún: se intenta privatizar Pemex en forma tangencial (la "privatización cucaracha") cuando la coyuntura internacional favorece a los estados nacionales por encima de las trasnacionales (lo cual acaba de ser destacado por The Financial Times, "Las nuevas siete hermanas", 12.3.07), debido al dramático giro del nuevo orden geoenergético global.

La próxima vez enunciaremos una serie de sencillas medidas financieras para salvar a Pemex de su "quiebra neoliberal".

 
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