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Iván Restrepo

Sin una solución global al problema del agua

La reciente celebración del Día Mundial del Agua permitió comprobar cómo se aplaza la solución de los graves problemas que existen por no hacer un uso racional de tan vital líquido. Fue desalentador el panorama que dieron los organismos internacionales en cuanto al incumplimiento de las metas fijadas a escala global para evitar el agravamiento de una crisis suficientemente anunciada, cuando casi la mitad de la población del mundo carece de agua potable. Como resultado, siguen muriendo, todos los días, 5 mil niños por falta de ella. De esos decesos, 13 se registran en México. La diarrea y otras enfermedades causadas por la mala calidad del líquido se convierten en agentes asesinos, mucho más que el paludismo y la tuberculosis, dos azotes que con la pobreza y los cambios climáticos renacen en varias partes del planeta.

Cada año se expone en foros internacionales, especialmente en los países que arrastran déficit en calidad, mala distribución y carencia de agua, la forma de resolver los problemas y lo que deben hacer las naciones que sobresalen por el derroche del citado recurso. Se sabe que si se destinan 10 mil millones de dólares anuales durante una década, sería posible dotar del líquido y de los servicios de saneamiento a las áreas hoy deficitarias. No faltan recursos, sino que se dedican a tareas que atentan contra la calidad de vida y la producción de alimentos y otros bienes que necesita la humanidad. El gasto mayor de las potencias se destina a armamento y a sostener ejércitos que serían mejor recordados en labores de paz y ayuda social que en destruir y diezmar poblaciones.

En paralelo a las carencias, avanza la privatización del agua, asunto varias veces abordado en La Jornada. No solamente un litro del líquido embotellado por las cadenas refresqueras y otras empresas locales cuesta más que uno de leche o un kilo de tortilla, sino que los gobiernos no consideran al agua como un derecho humano fundamental por lo que la entregan para su explotación a corporaciones que la tienen como mercancía. Esto hace que en México los pobres paguen muchísimo más por la poca agua que consumen que quienes disfrutan de altos ingresos.

El problema del agua se agudiza en el planeta porque, como muestran recientes estudios, el cambio climático ocasiona desajustes de todo tipo en regiones donde la falta del líquido ya hizo crisis, como en Africa y las áreas semidesérticas de Asia y América Latina. En México tenemos más de 300 cuencas hidrográficas mal utilizadas y más de 12 millones de personas sin agua potable ni drenaje. Millones más reciben una dotación insuficiente y de mala calidad para cubrir sus necesidades. Esto sucede especialmente en el medio rural, destacadamente en Chiapas, Guerrero y Oaxaca, con niveles de pobreza extremos y ejemplos de la desigualdad social y económica imperante.

El Informe mundial sobre desarrollo humano, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas, asienta que en las entidades mencionadas, el gobierno gasta seis veces más en seguridad que en infraestructura pública para dar agua limpia a las poblaciones. En cuanto a los centros urbanos, afirma que, aunque disponen de sistemas de drenaje aceptables, no los tienen para tratar sus aguas y garantizar que vayan limpias a los ríos y al mar evitando así la contaminación y muchas enfermedades. Otras veces esas aguas, antes de llegar al mar, conducidas por las cuencas hidrográficas, se usan para riego agrícola. El caso más emblemático es la zona metropolitana de la ciudad de México, cuyas aguas negras sirven para dar vida en el estado de Hidalgo a una de las áreas agrícolas más grandes del mundo en su tipo y de la cual viven miles de familias. Si bien ya está prohibido regar con ese caudal hortalizas y fresas, por ejemplo, se aplica a otros cultivos.

La reciente celebración del agua igualmente sirvió para subrayar que en muchas regiones del planeta no existe escasez, sino una mala utilización y distribución en el agro, la industria y los asentamientos humanos, a la par de regir tarifas injustas por el servicio. México sigue siendo un buen ejemplo de cómo la solución global del problema del agua se sigue aplazando.

 
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