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"Quieren que ya no me meta en el caso Castaños para dar impunidad a militares"

Raúl Vera: Ejército y otras instituciones federales intensifican acoso en mi contra

JAIME AVILES ENVIADO

Ampliar la imagen El obispo de Saltillo, Raúl Vera López, durante una homilía que ofició en la Basílica de Guadalupe en julio de 2005 El obispo de Saltillo, Raúl Vera López, durante una homilía que ofició en la Basílica de Guadalupe en julio de 2005 Foto: Guillermo Sologuren

Saltillo, Coah., 7 de mayo. Al obispo de Saltillo, Raúl Vera López, lo despierta el teléfono a las tres de la mañana. Prende la luz y contesta. Una voz de hombre le dice: "Le hablamos de Banamex, porque hay un problema con su cuenta". Monseñor aclara: "Yo no tengo cuenta en Banamex". Su interlocutor le aconseja: "Cuídate mucho". Y cuelga.

"Ya sucedió varias veces", relata en entrevista con este enviado. "En el identificador de llamadas sale que me hablan del estado de Guerrero, que es de donde son varios de los soldados que están presos en Monclova", tras la violación tumultuaria de 13 prostitutas durante la noche del 11 al 12 de julio del año pasado en la zona roja del municipio coahuilense de Castaños.

El obispo asegura que está siendo objeto de amenazas por miembros del Ejército involucrados en el caso, pero agrega que hace algunas semanas "venía yo de noche, de allá de Monclova, rumbo a Saltillo, cuando me empezó a seguir una camioneta blanca, echando las luces altas y pegándose mucho, como si tratara de rebasar y no pudiera, aunque nada se lo impedía", recuerda.

Al llegar a un pequeño poblado, el obispo comenzó a tocar el claxon de su vehículo para llamar la atención de una patrulla de tránsito, a cuyos tripulantes monseñor Vera pidió auxilio y logró que detuvieran a la camioneta blanca que pertenecía, dice, "a la Procuraduría General de la República".

Y agrega, tajante: "Estoy recibiendo presiones y amenazas para que ya no me meta en el caso Castaños; me queda muy claro que de eso se trata, y veo la mano de algunas dependencias del gobierno federal para que, al igual que en el caso de Zongolica, los militares acusados tengan total impunidad".

Lo más preocupante, añade, "es que se está dando una pésima señal para que el Ejército haga y deshaga, como si estuviéramos en una dictadura".

-¿Y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos?

-Se ha desentendido por completo del asunto -afirma el obispo.

Terror en El Pérsico

Castaños es un municipio muy pobre, cercano a Monclova, que tiene entre sus pocos atractivos una paupérrima zona roja semioculta en un potrero. En ese predio hay dos centros nocturnos: Las Playas y El Pérsico, atendidos por mujeres jóvenes y desgraciadas de la región. La noche del martes 11 de julio, en la penumbra de Las Playas, estaban embriagándose varios hombres, que a medida que pasaba el tiempo gritaban más y eran más descorteses con las muchachas. Tanto así, que los vigilantes del cabaret sacaron a uno de ellos y lo guardaron en una especie de celda que sirve precisamente para controlar a los borrachos violentos.

El detenido se llama José Joaquín Alvarado Félix y pertenece al Ejército mexicano, adscrito al regimiento de Múzquiz. Sus acompañantes lograron muy pronto liberarlo y se lo llevaron a bordo de un taxi que los trasladó a las oficinas del Instituto Federal Electoral (IFE) en Monclova, de donde regresaron a la zona roja 40 minutos más tarde a bordo de varios vehículos oficiales del Ejército, entre ellos un Hummer matrícula 01914153.

De acuerdo con el reporte de Soledad Jarquín Edgar, enviada de la agencia CIMAC al lugar de los hechos -por cuyo trabajo se hizo acreedora al Premio Nacional de Periodismo 2006-, los soldados volvieron "uniformados y armados", y según los testimonios recogidos por monseñor Vera López "en malas condiciones, como intoxicados por drogas y alcohol", que era como supuestamente estaban custodiando los paquetes electorales en el IFE, observa.

Lo que sucedió a partir del momento en que los soldados entraron en el cabaret El Pérsico, consta en las declaraciones de las 13 prostitutas agredidas. Identificándose con sus nombres de batalla -Wendy, Brisa, Cinthia, Malena, Nubia, ex adolescentes de extracción campesina, madres solteras, con ocho años de experiencia promedio en el oficio-, ellas relataron que los militares encañonaron con sus rifles a los escasos parroquianos y los obligaron a colocarse bocabajo en el suelo.

A las mujeres las agruparon en la parte frontal del establecimiento y a punta de pistola las hicieron desnudarse, mientras exhortaban a los clientes a abusar de ellas al grito de "atásquense que es gratis". Luego, ellos mismos procedieron a violarlas, en algunos casos simultáneamente entre varios.

En un reporte oficial del presidente municipal de Castaños, Mauro Zúñiga Llanas, a las 2:10 de la mañana del miércoles 12, el vigilante Francisco Javier Neira Sánchez solicitó ayuda por teléfono a la alcaldía. Seis policías acudieron a bordo de tres patrullas, pero fueron desarmados por los militares y sometidos en los caminos de brecha que llevan a la zona roja. El edil admite en su informe que después de saber esto tuvo miedo: "pensé que era un ataque del narcotráfico".

La agresión se prolongó casi hasta el amanecer, y las muchachas quedaron en estado de pánico, debido a la violencia sexual y sicológica que padecieron a lo largo de varias horas. Entonces, el gobierno de Coahuila entró en acción. La Secretaría de la Defensa accedió a que tomara cartas en el asunto la justicia civil y la procuraduría estatal inició una averiguación previa, y giró 14 órdenes de aprehensión pese a que eran al menos 20 los soldados que protagonizaron el asalto a la zona roja de Castaños. Por su parte, el gobernador Humberto Moreira solicitó el auxilio del obispo de Saltillo.

Hasta ahora sólo han sido capturados siete militares, recuerda monseñor Vera López, de los cuales "uno ya salió bajo fianza, y a los demás dicen que no los pueden agarrar porque desertaron".

-¿Y qué ha pasado con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos? -se le pregunta.

-Se ha desentendido por completo del asunto, y eso me preocupa. Este es un caso en el que intervinieron soldados que estaban cuidando los paquetes electorales. ¿Por qué abandonaron sus puestos? ¿Por qué llegaron borrachos y drogados a la zona de tolerancia? Yo, en aquel momento, expresé mi esperanza de que intervendría Vicente Fox, pero no lo hizo.

-¿Y las amenazas contra usted cuándo empezaron?

-Ya tienen tiempo, pero se han ido intensificando; cada vez meten más presión para que se desvanezcan las acusaciones contra los soldados presos.

-¿Teme que le puedan hacer algo?

-Me preocupa el giro que están tomando las cosas en el país, donde al Ejército se le está dando carta blanca para que haga y deshaga, como si estuviéramos en una dictadura.

 
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