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REPORTAJE

La expropiación no es un capricho, señala el director de la zona arqueológica

Chichén Itzá es del dominio público, pero se asienta en predios privados

El creciente aumento de visitantes a la zona arqueológica, la práctica del comercio, así como la falta de capacidad técnica y humana para preservarla, son los problemas más apremiantes. También es necesario esclarecer por qué no se han adquirido los predios que ocupa ese sitio prehispánico

ANGEL VARGAS

Ampliar la imagen Dos niños turistas caminan entre el Grupo de las Mil Columnas rumbo a la pirámide de El Castillo, en la zona arqueológica de Chichén Itzá Dos niños turistas caminan entre el Grupo de las Mil Columnas rumbo a la pirámide de El Castillo, en la zona arqueológica de Chichén Itzá Foto: Mónica Mateos-Vega

Ampliar la imagen Observatorio maya, en Chichén Itzá, visto desde uno de los hoteles, de propiedad privada, ubicados dentro de los terrenos ocupados por esa zona arqueológica que es patrimonio cultural de México y de la Humanidad Observatorio maya, en Chichén Itzá, visto desde uno de los hoteles, de propiedad privada, ubicados dentro de los terrenos ocupados por esa zona arqueológica que es patrimonio cultural de México y de la Humanidad Foto: Mónica Mateos-Vega

Piste, Yuc., 22 de mayo. El principal problema que aqueja a Chichén Itzá, como sucede con gran parte de las zonas arqueológicas de México, es la propiedad de la tierra. Ni más ni menos los 45 kilómetros cuadrados que integran la poligonal protegida se encuentran asentados en terrenos privados, propiedad de tres familias, así como en otros de naturaleza ejidal.

Qué decir de que las cerca de 47 hectáreas que están abiertas al público pertenecen sólo a una de esas tres familias. Allí se asienta la famosa zona monumental, con la majestuosa pirámide de El Castillo, los templos de Venus y Los Guerreros, El Observatorio o Caracol y el colosal juego de pelota, el más grande de Mesoamérica, además de dos cenotes.

Esa es una postal parcial que da una idea de la magnificencia de ésta que fue una de las ciudades mayas más importantes de la época prehispánica, que tras su caída, se transformó en el principal centro de peregrinación que esa cultura tuvo en la península de Yucatán antes de la conquista.

Patrimonio de la Humanidad

Declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 1988, dentro de la poligonal de Chichén Itzá se halla ubicado asimismo gran parte del pueblo de Pisté, tres hoteles (que en conjunto suman 163 habitaciones y siete suites, una de ellas presidencial) y un parador turístico, además de que una carretera federal atraviesa esa área.

El director de la zona, el arqueólogo Eduardo Pérez de Heredia, es quien sitúa el aspecto legal de la propiedad como el principal conflicto que agobia a Chichén Itzá, seguido por el creciente incremento en el número de visitantes y la incapacidad técnica y humana para enfrentar los diversos y complejos aspectos que eso representa para la preservación y el cuidado del patrimonio, a lo que se suma la desmedida cantidad de vendedores dentro de la zona.

Entrevistado, el especialista afirma desconocer qué ha sucedido con la partida que el Poder Legislativo federal autorizó en 2006 para la compra de los terrenos donde se asienta la zona arqueológica, aspecto al que se refirió y cuestionó el diputado perredista Alfonso Suárez del Real, secretario de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, en una nota publicada en este diario el pasado 15 de mayo.

''Quien puede hablar de ese tema del dinero es el departamento jurídico del instituto (Nacional de Antropología e Historia, INAH)", precisa Eduardo Pérez.

''Y lo de la expropiación no es algo que busquemos por capricho, sino que se basa en un acuerdo internacional -la Carta de Atenas, firmada en los años 30- el cual dispone que todos los vestigios históricos deben ser del dominio público. Eso es lo más lógico y práctico para el manejo y el cuidado del patrimonio."

Visitas clandestinas

Evidencia del peligro o la problemática que puede acarrear el hecho de que un predio donde se asiente una zona arqueológica pertenezca a un particular es el suscitado en Chichén Itzá con las visitas clandestinas que personal del hotel Hacienda Chichén Resort ofrece u ofrecía a sus huéspedes como un plus de sus servicios, cuando menos en los tres meses recientes.

La situación fue denunciada el pasado 14 de mayo en estas páginas, en una nota de la reportera Mónica Mateos-Vega, en la que se asienta cómo el mencionado recorrido se hacía sin autorización del INAH, con una cuota de 200 pesos y a un sitio no abierto al público, en el que los especialistas de esa dependencia aún realizan labores de excavación, consolidación e investigación.

Al respecto, el director de la zona arqueológica informa que, con base en esa investigación periodística, se giró ya una notificación para que el gerente del citado hotel se presente al centro INAH de Yucatán, a declarar sobre el asunto, y a partir de ello se proceda conforme a derecho.

''Algo que hay que destacar es que ellos, los del hotel, eran perfectamente conscientes de que no podían hacer las visitas.

''En septiembre del año pasado, al igual que en los otros hoteles, le remití al gerente un oficio en el que le recordamos que no están autorizadas ese tipo de prácticas. Entonces, era perfectamente consciente de que estaba actuando de forma irregular, con alevosía", agrega.

''No hicimos algo antes, porque no podemos actuar sobre rumores; teníamos que demostrarlo o atraparlos in fraganti, pero no era posible porque sus recorridos los hacían a la misma hora en que se presenta el espectáculo de luz y sonido en la zona (de 20 a 21 horas)."

Con más de 13 años de trabajo en el lugar, en los que ha colaborado también con Peter Schmidt en el proyecto arqueológico de la zona, Eduardo Pérez refrenda que no obstante que Chichén Itzá se encuentra asentada en propiedad privada, su uso está determinado por el INAH.

''No pueden hacerse visitas furtivas a la zona. Es algo irregular y que pone en peligro no sólo al patrimonio, sino también a los turistas, pues en Serie Inicial (como se denomina técnicamente a ese conjunto arquitectónico) hay fauna ponzoñosa, serpientes, el suelo es bastante accidentado y no todos los edificios están bien consolidados. El sitio todavía no está preparado para ser visitado por el público."

Inviable, convertir la zona en un presidio

Dada su extensión y por estar en la selva, resulta imposible e impensable cercar o amurallar la zona para evitar esas incursiones clandestinas, además de que se extienden varias brechas y senderos que han sido utilizados desde hace siglos por los habitantes de las comunidades aledañas, explica Pérez.

''No es una zona hermética. Hay varios pueblos y comunidades alrededor de la poligonal. No podemos entonces cerrar esos caminos, además, si lo hacemos abren otros. Por donde entraban los del hotel hay una reja, pero seguramente hicieron un caminito. Tenemos la convicción de que no podemos convertir a Chichén en un presidio."

-¿Hasta qué punto esa facilidad para entrar a la zona demuestra lo vulnerable que es para el saqueo?

-El saqueo es un peligro que subyace en todo México. La zona está bien protegida. No ha sufrido saqueos. Una de las razones es que la comunidad la cuida. La gente local aprecia las ruinas; ellos las han cuidado desde hace cientos de años, con sus tabúes, sus creencias; no se mantendrían como están si no hubiera sido así.

Chichén Itzá es resguardada por 34 custodios, divididos en dos turnos, pero no todos están abocados a labores de vigilancia. Unos están asignados a la venta de boletos en taquilla y otros a revisar que nadie ingrese sin pagar la entrada.

Ante ese hecho, el director de la zona reconoce que otro de los graves conflictos que agobian a esta ancestral urbe es la profusa desproporción existente entre sus enormes dimensiones y la reducida infraestructura física y humana para atenderla y protegerla.

Además de la incapacidad para vigilar de manera permanente cada uno de los conjuntos arquitectónicos abiertos al público, esa limitada infraestructura resulta todavía más endeble ante el aumento del número de visitantes que ha registrado la zona a partir de la segunda década de los 90.

De acuerdo con datos oficiales, el número de visitas se incrementó al doble a partir de 1996, de 600 mil a un millón 200 mil personas al año, y la tendencia es creciente, previendo que a partir de este 2007 la cifra llegue a un millón y medio.

Un dato relevante es que este aumento de afluencia nada tiene que ver con la campaña comercial de la inclusión de Chichén Itzá como una de las candidatas a figurar entre las Siete Maravillas del Mundo Moderno.

Así lo asegura Eduardo Pérez, quien está convencido de que las repercusiones de esa candidatura, resulte o no seleccionada la zona, comenzarán a registrarse a partir del próximo año. ''Es indudable que el impacto mediático ya está hecho y que afectará.

''La visita masiva es destructiva para cualquier lugar. Debe existir un giro en las concepciones. El turismo es importante, pero también lo es, inclusive en mayor medida, la preservación de los patrimonios ecológico, histórico y cultural."

Entre las opciones que comienzan a estudiarse para enfrentar esa inevitable problemática, está fomentar la visita a otros de los más de 2 mil zonas y sitios arqueológicos que posee Yucatán, 25 de ellos de dimensiones monumentales, abiertos ya al público.

En el caso de Chichén Itzá, como medidas de salvaguarda se han tenido que rediseñar las rutas de visita y crear nuevas, así como restringir el acceso a diversas áreas.

En ese segundo rubro se encuentra el ascenso a pirámides y templos, entre ellos a El Castillo, a cuya cámara interior no puede accederse desde hace año y medio, por permanecer en proceso de diagnóstico y conservación.

Otra de las estrategias consiste en sacralizar la zona, como sucede con los templos religiosos, en los que la gente respeta y sabe que tiene que seguir ciertas normas.

Pobreza y falta de empleo

A lo anterior se suma la limpieza, tanto en lo que respecta a evitar la acumulación de basura como la referente a lo visual, aspecto éste en el que aparece el tercer gran problema de Chichén Itzá: la invasión de comerciantes.

Este, al igual que los dos anteriores, es un conflicto latente en la zona desde hace décadas, sin embargo, también como los otros, se ha agudizado en años recientes, pasando de unos cuantos comerciantes a 600 e inclusive mil, puntualiza el arqueólogo.

''Es un problema sumamente complejo, que tiene detrás de sí una problemática social de pobreza y falta de empleo. Estamos conscientes de ello, como también les damos la razón en el sentido de que muchos son descendientes directos de los antiguos pobladores de Chichén", precisa.

''Pero nosotros, como INAH, no podemos resolver su problemática. Nuestra misión es preservar y custodiar la zona, y una de las dificultades por la invasión de comerciantes es que atenta contra lo visual."

A la fecha existe fuerte tensión, ante los intentos de las autoridades de la entidad, por conducto de Cultur y el INAH por regular el comercio, así como la defensa a ultranza que hacen los vendedores de su ancestral derecho de estar en la zona, así como el del trabajo.

Al margen de todo lo anterior, para enfrentar los desafíos y dificultades para la zona arqueológica de Chichén Itzá, se cuenta desde 2005 con una dirección. Antes su custodia y organización dependía exclusivamente del proyecto arqueológico encabezado desde hace 30 años por el arqueólogo de origen alemán Peter Schmidt.

''Pero hay realidades, problemas sociales, entre ellos el de la propiedad de la tierra, el cual como arqueólogos nos queda muy grande. Es algo que debe solucionarse a escala gubernamental."

Como rúbrica, Pérez de Heredia vuelve a referirse al asunto de las visitas clandestinas que ha promovido el hotel Hacienda Chichén Resort, el cual se ubica en pleno corazón de la zona arqueológica.

Estas, por cierto, están aparentemente suspendidas y es un tema sobre el cual el personal de ese negocio guarda total hermetismo, según corroboró La Jornada en una visita al lugar.

"Que quede claro que no nos agarran por sorpresa", resalta el director de la zona. ''Tratamos de ser lo menos restrictivos. No tenemos un presidio, Chichén es un parque y queremos que vengan a disfrutarlo y gozarlo".

 
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