Usted está aquí: miércoles 30 de mayo de 2007 Espectáculos Marilyn Monroe, un "fantasma que no se dejaba inmovilizar": Bert Stern

El artista captó a "esa adorable criatura" unas semanas antes de su trágica muerte

Marilyn Monroe, un "fantasma que no se dejaba inmovilizar": Bert Stern

En su libro La última sesión publica las imágenes que en su tiempo censuró Vogue

ARMANDO G. TEJEDA (CORRESPONSAL)

Ampliar la imagen Una de las gráficas tomadas por el artista, muchas de las cuales fueron calificadas como "demasiado atrevidas" Una de las gráficas tomadas por el artista, muchas de las cuales fueron calificadas como "demasiado atrevidas"

Madrid, 29 de mayo. Marilyn Monroe era, además del máximo mito del cine del siglo XX, "un fantasma que no se dejaba inmovilizar". Su belleza era como la luz, que lo mismo se desvanecía que irrumpía con voluptuosidad ante la mirada del fotógrafo Bert Stern, un artista del retrato que tuvo el privilegio de captar con su cámara a esa "adorable criatura" sólo unas semanas antes de su trágica muerte. En su libro La última sesión (Editorial Electa), Stern muestra las imágenes de la diva que en su día censuró la revista Vogue, en las que posa con el cuerpo desnudo, mostrando inclusive una cicatriz en el abdomen.

Marilyn Monroe nació el primero de junio de 1926 en Los Angeles con el nombre de Norman Jean Baker, que cambió cuando comenzó su andadura en el mundo del cine y la moda. Con los años se convirtió en el mayor mito sexual del celuloide, al tiempo que empezó a construir una biografía trepidante, plagada de amoríos con personajes de la cultura y la política, como Arthur Miller y el ex presidente de Estados Unidos John F. Kennedy. Con tan sólo 36 años, Marilyn Monroe murió en una noche de sábado en un cuarto de hotel, sola y después de haber ingerido numerosos barbitúricos y antidepresivos. Al día siguiente, una de sus asistentes encontró su cuerpo desnudo boca abajo sobre la cama. Ahí empezó a construirse el mito póstumo de la mayor diva del cine del siglo XX.

Pero unas semanas antes, en una suite del hotel Bel-Air de Los Angeles, el fotógrafo Bert Stern sometió a Marilyn a una larga sesión de fotografía de más 12 horas, en las que la actriz aparece con poco maquillaje y sin ropa. Sin embargo, la revista Vogue, para la que trabajaba el fotógrafo, consideró las instantáneas "demasiado atrevidas", por lo que decidió no publicarlas y solicitar una nueva sesión a la diva, que accedió y que posteriormente fueron publicadas en el semanario.

Sin embargo, las imágenes de la primera sesión habían permanecido semiocultas, sólo conocidas por algunos coleccionistas y aficionados a la fotografía, por lo que Stern decidió recuperar los negativos de sus archivos y homenajear así, con un libro, a Marilyn Monroe.

"Es como fotografiar la propia luz"

Stern cuenta su primera impresión al tener enfrente a la diva: "Marilyn no se dejaba inmovilizar. Era inútil esperar una imagen de ella. Liz Taylor tiene una belleza clásica. Ella es la belleza. Marilyn es un fantasma. Si se inmoviliza, aunque sólo sea un instante, su belleza se desvanecerá. Fotografiarla es como fotografiar la propia luz".

El fotógrafo también recupera algunos pasajes de su diálogo con Marilyn Monroe durante la sesión, como la que entablaron con la cicatriz de su abdomen de por medio:

-¿Y mi cicatriz?

-No sabía que tuviera una cicatriz. ¿Cómo se la hizo?

-Me sacaron la vesícula biliar hace poco más de un mes. ¿Cree que la cicatriz se verá?

-Sí, se ve, siempre se podrá borrar retocando.

Stern también recuerda los primeros minutos de la sesión: "Toda nuestra atención se concentra en las tomas. Bebemos champán. Es difícil, muy difícil, porque ella no está quieta ni un momento. Mariposea. Es un fuego fatuo, tan inasible como el pensamiento, tan vivo como la luz que acaricia su cuerpo. Es una ilusión."

Una de las instantáneas también muestra a una Marilyn Monroe sonriente y con la mirada perdida, como si estuviera ebria. Stern cuenta: "Cojo mi foto para hacer una foto de los dos. Ahora está completamente ebria. Ríe y patalea en la cama. Trato de calcular el encuadre sin recurrir a la polaroid. No quiero hacer nada que le haga perder esa chispa. Porque, con independencia de todo el resto, tengo con qué hacer el juguete de mi vida. Marilyn se dispone a hacer un personaje que nunca se ha visto en el cine ni en ninguna otra parte. Ahí, bajo mis ojos, se transforma en una criatura de luz. No hay tiempo que perder. Ajusto la abertura a f.8."

El crítico de arte Bertrand Lorquin, quien también fue el responsable de cuidar la edición del libro La última sesión, explicó las razones para difundir estas imágenes de la diva: "Zola nos describe de forma magistral en Naná cómo se adueñan las actrices de la belleza a partir del siglo XIX e imponen un nuevo tipo que ya no debe nada a la mirada del pintor. Precisamente en los teatros puede contemplarse la eclosión de las mujeres-flores, que aparecen en escena con un vestuario mínimo. Luego la comediante pasa a ser estrella y la estrella se convierte en modelo. El artista que inventa la belleza a partir del modelo ya no es un pintor ni un escultor: se ha transformado en fotógrafo. Bert Stern se enfrentaba a un reto cuando propuso a Vogue el reportaje sobre la estrella. Sabía que sólo las fotografías de desnudo podían plasmar los valores estéticos que emanaban de ella".

Asimismo, añade: "La mayoría de las Venus auriñacienses poseen una estructura romboidal acampanada, porque son ante todo una metonimia del cuerpo, una desnaturalización de la naturaleza. Las fotos de Bert Stern invierten esta tendencia. Es preciso que Marilyn vuelva a convertirse en natural, es decir, en lo que Baudelaire consideraría abominable. El fotógrafo revela, al tiempo que una imagen de ensueño, un cuerpo marcado por una cicatriz que no oculta. ¿Cómo pasar de la desnudez al desnudo, de la crudeza a lo inmaterial?"

 
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