Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 1 de julio de 2007 Num: 643

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Los alzados
(farsa edificante)

JUAN TOVAR

La casa de Watanabe (1946-2007)
MIGUEL ÁNGEL ZAPATA

Huysmans y la cuadratura del círculo
ANDREAS KURZ

Heráldica de Conquista
RICARDO BADA

Leer

Columnas:
Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Cabezalcubo
JORGE MOCH

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


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Hugo Gutiérrez Vega

POESÍA Y ARTES PLÁSTICAS

Miguel Ángel Muñoz conoce las múltiples interrogantes que tienen las artes plásticas, y en este hermoso libro las concentra en cuatro aspectos fundamentales: el desafío, la admiración, el sentido y la forma. Con estas armas críticas entra con notable solvencia en el mundo de una serie de artistas a los cuales estudia y admira: Josep Guinovart, Roberto Matta, José Luis Cuevas, Eduardo Chillida, Bruno Widmann, Ángeles San José, Richard Serra, Jordi Teixidor, Alberto Ráfols-Casamada, Roberto Rauschemberg, Francesc Torres, Chema Madoz, Esteban Vicente, Louise Bourgeois, Charo Pradas, Rafael Canogar, Bill Viola, Giogio Morandi, Anthony Caro y Antoni Tápies.

En todos sus ensayos parte de la admiración, ya que considera que hay algunas cosas en las que se debe gastar la tinta y otras en las cuales el silencio es el único posible comentario crítico.

Para nuestra fortuna, Miguel Ángel establece paralelos entre las artes plásticas y la poesía. Por eso afirma, entre otras cosas, que "en Guinovart el arte es ritmo". En este hermanamiento se hacen presentes poetas como Mallarmé, Valéry, Peret, Pessoa (o uno de sus heterónimos, Alberto Caeiro), René Char, Baudelaire y Bonnefoy. En estas artes hermanas giran los ritmos, los silencios, las formas y las texturas. Además, Miguel Ángel ha dedicado gran parte de su vida a la poesía y al estudio de los artistas plásticos. Esto lo faculta para intentar con éxito el paralelo y constatar las afinidades. Debo señalar que en estos terrenos hay admirables hallazgos y que las dos artes se apoyan y complementan. No olvidemos que las musas vivían, en completa armonia, en el Monte Parnaso. De esta convivencia nacieron las estrechas relaciones que se dan en el mundo de las artes y la manera en que unas enriquecen a las otras.

El autor de estos ensayos nos dice que la pintura de Guinovart es un "juego incesante que brota de visiones dinámicas, de signos que mueven el mundo". Su admiración por la obra de Matta lo lleva a afirmar que el gran artista chileno fue un elemento fundamental en la transformación del surrealismo, "cuando el movimiento parecía haber llegado a un punto muerto". José Luis Cuevas mantiene a Muñoz en perpetua admiración, pues considera que, junto con Ricardo Martínez y Francisco Toledo, forma la trinidad de la pintura mexicana de nuestros días. Al referirse a la renovación que Cuevas logró en los sesenta, nos dice que "se basa en la simplicidad, en la eliminación de excedentes retóricos que produce la imagen". En esa década, Cuevas llega a la madurez y a la pureza esencial del trazo y del color. Marguerite Yourcenar y Octavio Paz auxilian a nuestro autor en la tarea de comentar las distintas etapas de la pintura, el dibujo y la escultura de Cuevas. La obra de Chillida es una de las admiraciones mayores de Muñoz. El ensayo de Kosme de Barañamo titulado, "Husserl, Heidegger y Chillida" le ayudó mucho en la empresa de entender cómo el ser y el tiempo se plasman en un dibujo o en una escultura monumental del enorme vasco. El pintor uruguayo, Bruno Widmann "establece un diálogo poético esclarecedor". Por ese parentesco con la poesía, Widmann llamó poderosamente la atención de Muñoz. Nuestro autor piensa que la pintura de Ángeles San José "nace del silencio" y encuentra en la mancha su mejor forma de expresión. El escultor Serra, nacido en esa capital artística que es San Francisco, expuso, al lado de Chillida, en el Museo Guggenheim de Bilbao (prodigiosa construcción) en 1988. Ahí se hizo patente que Serra es un seguidor de Cioran al pensar que "la búsqueda de lo invisible, de lo que se oculta, de ese fondo último, exige la ruina: el fin de toda imagen". Un epígrafe de Joan Brossa resume las ideas sobre el arte del valenciano Teixidor: "Un juego de espejos permite ver el otro lado del poema."

Alberto Ráfols-Casamada da a Miguel Ángel un conjunto de adjetivos que concitan una admiración sin medida (como deben ser las admiraciones), le llama "baluarte de la abstracción" y lo coloca al lado de Antoni Tàpies. Algo parecido le sucede con Rauschenberg y su aportación al arte pop, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos. Sostiene que la exposición que, junto con Jaspers Johns, llevó a cabo en la Galería Castelli de Nueva York, "dio paso a una nueva experiencia estética". Francesc Torres, Chema Madoz, el gran fotógrafo madrileño, Esteban Vicente y sus prodigiosos collages, Louise Bourgeois y sus colores silenciosos ("la música callada, la soledad sonora", decía nuestro San Juan de la Cruz); Charo Pradas y sus paisajes del alma y Rafael Canogar, maestro de las espacios, cubren la parte central de un libro que dedica sus últimas páginas al estadunidense Bill Viola, al maestro de los bellos objetos, Giorgio Morandi; al escultor Anthony Caro (a quien entrevista en su taller inglés y, junto con él, hace el recuerdo y el elogio de Henry Moore), y a ese maestro de varias generaciones que es nuestro admirado Antoni Tàpies. El estudio barcelonés del maestro es el escenario de una inteligente y placentera entrevista.

El lector tiene en sus manos un libro que interpreta, glosa y goza de obra de varios maestros contemporáneos de las artes plásticas. La prosa lírica de Miguel Ángel Muñoz y su profundo conocimiento del tema enriquecen y dan una gran vitalidad a la crítica de las artes.

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