Usted está aquí: lunes 18 de febrero de 2008 Política 50-50

León Bendesky
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50-50

Mientras que el comportamiento de los mercados financieros en Estados Unidos muestra signos de empeoramiento, los pronósticos del final de la semana pasada acerca de la probabilidad de una recesión en la economía de ese país están 50-50, fifty-fifty.

El modo en que se han ido desenvuelto las cosas desde que se empezó a manifestar la fragilidad de los mercados al final del verano pasado, muestra que la versatilidad de las innovaciones financieras ha ido de la mano del rezago de la capacidad de regulación por parte de las autoridades monetarias y bancarias.

Los excesos en la creación de deuda, es decir, el acelerado crecimiento de su volumen y la consiguiente reducción de la calidad de los créditos, generaron una alta tasa de rendimiento para deudores y acreedores y, en especial, grandes ganancias para los bancos, eso en tanto duró el proceso de expansión.

Ahora, la estrecha interconexión de los diversos mercados de deuda, eso que provoca el contagio, lleva a un ajuste que afecta ya no sólo a las hojas de balance de los bancos y otras instituciones, sino que se extiende hasta aquellos deudores que podrían parecer estar muy alejados de lo que se considera el inicio de todo este problema: las deudas hipotecarias “subprima” o de alto riesgo.

En la medida en que crece el efecto de la crisis de las hipotecas subprima se acrecienta la falta de liquidez en el sistema crediticio y aquellos que invirtieron mediante la compra de un título de deuda encuentran cada vez más difícil venderla. Así, la cadena de ganancias –derivadas de la compra-venta de esos títulos– se ha ido rompiendo en diversos eslabones. Uno que ha sido especialmente relevante en el último par de meses es el que se conoce como monolines, que son aseguradoras de deuda.

Luego de que la calidad de la cartera de las deudas de la empresa Ambac fuera degradada por la calificadora Fitch, se ha convertido en otro cuello de botella del sistema de financiamiento. El caso es que si se espera que las aseguradoras ya no cumplan, pues se desquicia el proceso de colocación de deudas, que es la espina dorsal del sistema financiero. Los inversionistas se retraen y las operaciones no se concretan, con lo que se extiende la rigidez de las transacciones.

Este síntoma ya se empieza a advertir en mercados que hasta ahora parecían inmunes como son entidades gubernamentales como la Autoridad de Educación Superior para Préstamos a Estudiantes del estado de Michigan, o bien, la Autoridad del Puerto de Nueva York y Nueva Jersey. En los días recientes, las subastas de créditos mediante las que se fijan las tasas a las que se endeudan no se realizaron por falta de compradores. Cuando eso ocurre se dispara automáticamente un alza de la tasa que llegó en el caso de la autoridad portuaria neoyorquina a 20 por ciento desde una base de 4.3 por ciento.

Ésta es otra fuerte distorsión del sistema de deudas que sigue minando la estructura financiera y extendiendo el contagio. Los monolines ya no actúan de modo efectivo para prevenir el quiebre, pues se ha reducido la confianza en su capacidad se aseguramiento. La oferta de aval que extendió recientemente el multimillonario Warren Buffet para esas aseguradoras no ha sido aún efectiva para revivir esa parte del mercado.

Ante esta situación que avanza semana por semana, el presidente de la Reserva Federal presentó el 14 de febrero pasado un testimonio ante una comisión del Senado. Bernanke señaló sin cortapisas que las condiciones han provocado que el conjunto del crédito sea ahora más caro y haya una menor disponibilidad, lo que seguramente impondrá cada vez una restricción mayor al crecimiento de la economía.

El impacto más severo ha sido en el mercado inmobiliario en el que prácticamente ha desaparecido el segmento subprima y su efecto llega hasta los grandes paquetes hipotecarios. La demanda de casas ha caído y eso afecta la cadena productiva del sector de la construcción. Las condiciones laborales también se degradan y en tanto que el empleo crecía alrededor de 95 mil plazas mensuales en promedio en el último trimestre del año, en enero cayó en 17 mil.

La Fed estima que el débil mercado laboral, la caída de los precios de las acciones y de las viviendas, junto con el aumento de la inflación en la que repercute el alto precio del petróleo, acarreará menor gasto de consumo de las familias en los próximos meses. El contrapeso es por ahora la mayor competitividad de las exportaciones estadunidenses sostenida por la pérdida de valor del dólar frente al euro y al yen.

Tal como se presentan las cosas, la situación sigue 50-50 con respecto a que se concrete la recesión de la economía. Eso equivale al resultado esperado de lanzar una moneda al aire. Los datos económicos de las próximas semanas irán despejando la incertidumbre sobre la dinámica de la economía y la magnitud del daño. En el Banco de México empieza un tibio reconocimiento de que esto se va a transmitir a esta economía, pero no hay ningún ajuste preventivo del gobierno. Un fifty-fifty en este caso no es como echar volados con el merenguero afuera de la escuela, cuando eso todavía ocurría en las calles menos peligrosas de las ciudades de México.

 
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