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■ El hallazgo permite dimensionar la importancia de la ciudad, base de Cortés para la conquista

Centro ceremonial prehispánico ayuda a reconstruir la historia de Iztapalapa

■ Jesús Sánchez, arqueólogo encargado, recomendará que los vestigios sean cubiertos de nuevo

Ana Mónica Rodríguez

Ampliar la imagen Aspecto de los restos del centro ceremonial Aspecto de los restos del centro ceremonial Foto: Ana Mónica Rodríguez

Los culhuacanos, aproximadamente, hacia el año 1000-1100 de nuestra era fundaron la ciudad de Iztapalapa. Todo el esplendor y desarrollo urbano que ostentó este asentamiento durante siglos terminó, sin dejar evidencias de su existencia, al ser el primer pueblo sometido y arrasado por Hernán Cortés, quien junto con sus huestes convirtió esta antigua ciudad en su cuartel general de cara a la conquista de Tenochtitlán.

Por primera vez, la historia del pasado y presente de Iztapalapa se encuentra en proceso de relaboración, planteamiento y sustentación. Esta región se mantuvo estrechamente ligada al imperio mexica, además de que le rendía tributo. Cuitláhuac fue tlatoani de este lugar y hermano de Moctezuma II. “Por ello la simbiosis étnica, cultural, económica era evidente entre ambas ciudades.”

Así lo explica el arqueólogo Jesús Sánchez, quien encabeza desde hace casi siete años el Proyecto de Investigación Antropológica Cerro de la Estrella, y quien descubrió el año pasado el centro ceremonial de Iztapalapa, precisamente frente a las instalaciones de la sede delegacional.

“Antes de Tenochtitlán, Cortés conquistó y destruyó a Iztapalapa y la tomó como cuartel general para atacar a los mexicas. Esta ciudad fue prácticamente arrasada y todo lo que sabemos de ella ha emergido tras descubrir la cuarta etapa de ocupación, así como las dos etapas constructivas de este recinto ceremonial prehispánico.”

Hasta ahora, las investigaciones arrojan que los vestigios hallados formaban parte del centro ceremonial de los culhuacanos el cual mantiene entre sus características constructivas una plaza hundida, escalinatas y una gran plataforma, de la cual todavía se desconocen las dimensiones exactas, aunque no era una estructura piramidal convencional. “Los límites todavía no los hallamos, pero se considera que tenía 60 metros de largo, con cuatro etapas de ocupación y dos constructivas.”

La recopilación de datos arquitectónicos, etnohistóricos, biológicos, antropológicos y arqueológicos está enfocada, por primera vez, a develar la historia “no sólo desde la época prehispánica, sino del desarrollo histórico-social de Iztapalapa a lo largo de los años hasta llegar al siglo XXI”.

Jesús Sánchez, quien también integró el grupo de especialista que participó en las excavaciones de Luxor, Egipto, hace algunos años, explicó a La Jornada que se han descubierto desde el reinicio de las excavaciones, el pasado 10 de diciembre, otra estructura, además de escalinatas, taludes, restos de vasijas e invaluables fragmentos de cerámica y obsidiana.

“La exploración concluirá antes de Semana Santa, y en esa medida el Consejo de Arqueología determinará si se prolongan las excavaciones; salvo lo que decidan las autoridades del INAH, soy de la idea de que los vestigios se recubran nuevamente, debido al uso social y cotidiano que hace la gente de Iztapalapa de este lugar, sede de fiestas patronales durante casi todo el año.”

Las evidencias arqueológicas se han perdido con el paso de los siglos. Primero, por la nula referencia de crónicas y detalles arquitectónicos sobre la época prehispánica y, después, por la edificación de construcciones modernas, por las cuales se han perdido contextos que servirían para delinear la historia de esta ciudad. “Pero sin duda es un recinto sagrado con muchas estructuras distribuidas en toda la explanada delegacional y en el jardín”.

El experto lamenta: “Los muros y el recubrimiento de estuco están muy delicados debido a la cimentación de edificios y calles y al paso de camiones en la actualidad; el trabajo también ha sido muy difícil por el pequeño espacio que tenemos para explorar; además, también se presenta la incrustación de raíces de árboles en las estructuras prehispánicas”.

La importancia del proyecto, abunda el investigador del INAH, se enmarca en el contexto de que “nunca se había realizado una exploración arqueológica en Iztapalapa, aunque sí se habían realizado trabajos de salvamento, principalmente cuando se inició la construcción de las estaciones del Sistema Colectiva Metro” de la línea 8, que pasa cerca del lugar.

Empero –dice– ello no afectó el centro de Iztapalapa porque ese transporte cruzó por una ladera del Cerro de la Estrella. “También cuando se construyó, hacia 1980, la Central de Abasto hubo mucha exploración arqueológica sobre los vestigios de las chinampas prehispánicas que estaban concentradas en la ribera del lago”.

Lo cierto es que los vestigios quedarían de nuevo sepultados con un relleno de protección geotextil para preservarlos para futuras investigaciones y así se evitarán filtraciones de humedad, elementos dañinos de microambiente y de bacterias que perjudicarían aún más el lugar.

 
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