Usted está aquí: sábado 29 de marzo de 2008 Cultura La leyenda Karajan

Disquero

La leyenda Karajan

Pablo Espinosa

Este sábado 5 de abril se cumple el centenario de uno de los hombres más intensos, polémicos, influyentes y poderosos del mundo de la música: el maestro austriaco Herbert von Karajan (Salzburgo, 5 de abril de 1908-Aif, 12 de julio de 1989) y en consecuencia se ha puesto en movimiento una serie intensa de conciertos, ediciones de libros y discos y filmes que se suman a la ya de por sí aparatosa parafernalia que cultivó en vida el músico de origen macedonio y que en ocho años de desaparecido físicamente no ha dejado de estar presente en los anaqueles de novedades discográficas.

Abundan hoy tales novedades, de entre las cuales elegimos cuatro por emblemáticas y a la mano. En primer lugar, el álbum doble del sello Deutsche Grammophon dado a luz por su viuda, la modelo de Christian Dior, Eliete von Karajan, posterior al libro de memorias del mismo título que acaba de dar a conocer en Europa y hasta el momento solamente en su versión original, en alemán: Mein Leben an seiner Seite. Meine Lieblingsaufnahmen (Mi vida junto a él. Mis grabaciones favoritas).

En dos discos, la viuda del playboy que fue Karajan presenta una biografía de su marido que no ofrece en su libro, que se titula igual pero que no logra la profundidad de los dos discos debido a una obviedad: la música es más poderosa que las palabras, además de que lo dicta La Coneja Popular (seudónimo suave de La Conseja Popular): por sus obras los conoceréis, lo remata el filósofo don Perogrullo: una imagen sonora dice más que mil palabras y lo refrenda el viejo adagio japonés: Esokeniké.

La señora de Karajan divide sabiamente el testamento en dos volúmenes. El primero contiene musica orquestal y el segundo sinfónico-vocal y ópera. Inicia con la Sinfonía Pastoral de Bee-thoven, sigue con el tercer movimiento de la Tercera Sinfonía de Brahms, hace escalas en Debussy, Ravel y Honneger (la Sinfonía Litúrgica) para estallar su clímax en la impresionante, estremecedora, vibrante-inenarrable versión de Karajan del Adagietto, el movimiento lento de la Quinta Sinfonía de Mahler. Después de ese sobrecogimiento en éxtasis, el disco no puede terminar sino con una obra titulada Delirien Waltz, de Josef, el hijo de Johann Strauss.

El segundo disco también es pura dinamita: inicia con un pasaje extático de La Pasión Según San Mateo de Bach, sigue con el Agnus Dei de la Misa de Coronación de Volfi Mozart y enseguida un pasaje de Ein Deutsches Réquiem de Brahms y tres del Réquiem de Verdi y otros tres de la ópera Las Valquirias de Wagner. Aaassu.

El disco estelar de la Deutsche Grammophon también es doble, azulito y se consigue en versión de lujo. El primero de los dos que conforman este álbum es solamente de audio e inicia con dos estrenos mundiales en disco: la Rapsodia húngara número cinco de Liszt y el Concierto para dos violines de Bach, para culminar con la Cuarta Sinfonía de Brahms. El segundo es devedé y contiene fragmentos de óperas dirigidas por Karajan:

Payasos, de Leoncavallo, pasajes brutalmente enardecedores de El oro del Rhin wagneriano, un pasaje de Un Réquiem alemán de Brahms, el scherzo de la Cuarta Sinfonía de Chaikovski, el Segundo Concierto para Piano de Rachmaninof y la impresionante lectura de Karajan a la Quinta Sinfonía de Beethoven, una de sus cartas caras de presentación.

Otro de los discos que seleccionamos para recomendar una buena celebración karajiana (caracho, o mejor: carayio, en itañol antiguo, je) es un devedé de la marca Sony con la versión integral de Ein Deutsches Réquiem (Un Réquiem Alemán) de las barbas de Brahms. Es una grabación realizada en vivo, en 1985, en la Grosser Musikvereinsaal de Viena, con la bellísima de voz y de todo Kathleen Battle y el barítono José van Dam, los mismísimos ángeles en las voces femeninas del Wiener Singverein y la Filarmónica de Viena.

En esta grabación resaltan las virtudes mayores de Karajan: su poderosa capacidad para conmover, el dominio absoluto del espacio y el tiempo, vectores fundamentales para el arte musical y, entre otros muchos asertos, su dominio mercadológico: su atuendo, su peinado, su mirada. Tiene tal capacidad de concentración que incluye el “posar” todo el tiempo para las cámaras que, lo sabe siempre, lo registran para la posteridad. No hay que olvidar que a Karajan se debe “la invención del disco compacto” en cuanto desarrolló, precisamente con Sony, un concepto de mercado que hizo boom.

Al último pero no a lo último, una caja de 10 discos a precio increíble de la marca Brilliant en una antología, como dice el lugar común, “de antología” (jejé).

He aquí, entonces, al legendario Karajan, acusado de pendular “de la brutalidad al sentimentalismo” en sus versiones musicales (ver el Disquero de la semana pasada) por igual que amado por una porción considerable de la melomanía que sabe separar sus yerros de sus aciertos, que son los más. Un capítulo aparte, quizá un Disquero próximo, amerita el asunto nazi en la vida de Karajan, que le sirvió para escalar los primeros peldaños de su gloria, por encima de la reputación de personas de bien e inocentes como el maestro Wilhelm Furtwaengler, infinitamente superior que Karajan por cierto. Pero esa es otra historia. Por lo pronto, que viva Karajan muchos más cientos de años.

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