Usted está aquí: viernes 23 de mayo de 2008 Economía México SA

México SA

Carlos Fernández-Vega
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■ Se fortalece la “cultura de la jardinería”: México sirve al que se arrime

Ni “sólida”, ni “pujante”, ni “envidiada”. Simplemente desmayada, como lo ha estado a lo largo de los últimos 25 años. En el primer trimestre de 2008 la economía mexicana a duras penas pudo repetir el no muy alentador resultado de un año atrás en igual periodo: 2.6 por ciento de “crecimiento”, sustentado en la positiva evolución del sector servicios, el único que no ha dejado de avanzar en un país en el que cinco lustros atrás el futuro tenía un solo nombre: industrialización, que devino en quimera con la llegada al poder de los neoliberales, quienes ahora juran no serlo.

Ese 2.6 por ciento, igual proporción a la registrada en enero-marzo del año pasado, resulta 32 por ciento inferior a la tasa de “crecimiento” observada en el último trimestre de 2007, y representa el peor resultado económico desde 2005. Con eso, nadie “vive mejor”,

Sólo para dar una idea comparativa, en 1985 (terremoto, devaluación, inflación galopante, precios petroleros en el suelo, ajuste draconiano, crisis en la relación bilateral con Estados Unidos, entre otras gracias) el producto interno bruto mexicano oficialmente se “incrementó” 2.2 por ciento; 23 años después (la economía “sólida”, “pujante”, “envidiada por la comunidad de naciones”, según la versión oficial), el mejor pronóstico para el PIB nacional es de 2.8 por ciento.

La Secretaría de Hacienda asegura que el resultado económico del primer trimestre del año “se vio influido por el hecho de que en 2007 el periodo de la Semana Santa se ubicó en abril, mientras que el del año actual se presentó en marzo, teniéndose en el primer trimestre de 2008 un menor número de días laborables que en el mismo trimestre del año anterior. Al deducir este efecto, la tasa de crecimiento anual es de 3.7 por ciento”.

Eso dice, pero en el primer trimestre de 2007, “con más días laborables”, el resultado fue igual: 2.6 por ciento, cuando la nueva ola recesiva en Estados Unidos apenas si tomaba forma, un resultado apenas 0.2 por ciento por arriba del observado en enero-marzo de 2005, cuando ni siquiera se mencionaba la posibilidad de una nueva ola recesiva.

Lo cierto es que en enero-marzo de 2008 el PIB del sector agropecuario y pesquero reportó una caída de 1.3 por ciento, consecuencia –explica Hacienda– “del desempeño negativo del subsector de aprovechamiento forestal; pesca, caza y captura; servicios relacionados con actividades agropecuarias y forestales; así como en el de la agricultura, el cual presentó un decremento en la superficie cosechada en los ciclos primavera-verano y otoño-invierno, reflejándose en la caída de la producción de cultivos como sorgo grano, aguacate, maíz grano y forrajero, naranja, frijol, plátano, tomate verde, papa y avena forrajera, en el trimestre”, lo que confirma que la propaganda de Alberto Cárdenas y la secretaría a su cargo, la Sagarpa, fue una tomadura de pelo, amén de un gasto que bien se pudo utilizar en cosas productivas.

El sector industrial apenas si se movió. Indica la Secretaría de Hacienda que “estas actividades (integradas por minería; electricidad, agua y suministro de gas por ductos al consumidor final; construcción, e industrias manufactureras) registraron un aumento a tasa anual de 0.9 por ciento en el primer trimestre de 2008.

El único sector que dio luz fue, como es tradicional, servicios: 4 por ciento de incremento. Entre las actividades que lo integran destacaron comercio, con 5.4 por ciento; inmobiliarios y alquiler de bienes muebles intangibles, 3.6 por ciento, y los de información en medios masivos, con 11.6 por ciento (telefonía celular, edición de publicaciones y de software, radio y televisión).

Se fortalece, pues, la “cultura del jardinero” promovida por el de las ideas cortas y la lengua larga, y reforzada por el de “las manos limpias”: México está para servir al que se arrime; la industrialización y el crecimiento del campo nacional, pueden esperar, según dicen.

Y como muestra va el más reciente reporte de la Secretaría de Hacienda sobre el sector industrial: la producción industrial en México cayó 4.9 por ciento en marzo pasado, en comparación con igual mes de 2007, a consecuencia de la caída en tres de los cuatro sectores que la integran.

El renglón de industrias manufactureras se redujo a tasa anual de 4 por ciento en marzo de 2008, “derivado del descenso en la producción de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos; industria alimentaria; industria química; prendas de vestir; productos metálicos; productos a base de minerales no metálicos, y productos derivados del petróleo y del carbón, principalmente”.

La industria de la construcción, gran generadora de empleo, presentó una caída de 6 por ciento en el mes de referencia, “debido a la menor construcción en edificación, y obras de ingeniería civil u obra pesada”. Ello se da justo en el “sexenio de la infraestructura”. La minería se desplomó 9.3 por ciento. “Este comportamiento se asoció al descenso de la producción petrolera y no petrolera”, según Hacienda.

Finalmente, electricidad, agua y suministro de gas por ductos al consumidor final se incrementó 6.6 por ciento. Cifras desestacionalizadas indican que la actividad industrial registró una variación de 0.26 por ciento en marzo pasado respecto a la del mes inmediato anterior.

Todo ello en el marco de una economía “sólida y pujante”, según el aparato propagandístico.

Las rebanadas del pastel

Tremenda goliza –esa sí real– la que se lleva el equipo privatizador en el debate petrolero que se desarrolla en el Senado de la República. De plano, el inquilino de Los Pinos y sus acríticos legisladores están desesperados, tanto que debieron recurrir a Fauzi Hamdan para que en su nombre resguardara la portería de la “reforma” petrolera. Desesperados, sin duda, porque deben ver el panorama más que sombrío para recurrir a este personaje que es uno de los abanderados del estercolero Fobaproa, del tráfico de influencias y de la doble moral (y doble negocio) de ser legislador a la vez que abogado de causas en contra de la nación.

 
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