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A 40 años

La CIA en México “Conjura” comunista y tentación golpista

Gustavo Castillo García

Ampliar la imagen Esta es la portada que la oficialista revista Tiempo –dirigida por el escritor Martín Luis Guzmán– dedicó al cuarto Informe de gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, en 1968. La imagen fue usada para enriquecer el expediente de las apologías al presidente y refleja lo que era la poderosa maquinaria priísta a finales de los años sesenta Esta es la portada que la oficialista revista Tiempo –dirigida por el escritor Martín Luis Guzmán– dedicó al cuarto Informe de gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, en 1968. La imagen fue usada para enriquecer el expediente de las apologías al presidente y refleja lo que era la poderosa maquinaria priísta a finales de los años sesenta

El presidente Gustavo Díaz Ordaz consideró, el mismo día en que rindió su cuarto Informe de gobierno, que “México no se enfrentaba a un movimiento juvenil idealista, sino a una corriente subversiva, hábil en los procedimientos de sabotaje y terrorismo, que buscaba socavar la vida nacional”, según refiere el libro blanco del 68 elaborado por la Procuraduría General de la República (PGR), debido a que supuestamente se había descubierto un artefacto explosivo colocado en la base de una torre de conducción de energía eléctrica en el kilómetro 29.5 de la carretera a Pachuca.

Por otra parte, documentos dados a conocer en Cuba por el diario Granma en septiembre de 1969 y reproducidos en el número 69 de la revista mexicana Por qué?, pusieron al descubierto que Humberto Carrillo Colón, consejero y agregado de prensa en la embajada de México en la isla, era en realidad un integrante de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) del gobierno de Estados Unidos y enviaba, desde abril de 1968, “informes sobre los sucesos estudiantiles en México y de la política interior”, en los que inclusive llegó a mencionar que “el presidente (Díaz Ordaz) tenía la certeza de que intervendría EEUU (en nuestro país) so pretexto de que él no podía combatir el comunismo”.

En ese contexto, después del Informe de Díaz Ordaz, mediante un manifiesto a la nación, el Consejo Nacional de Huelga (CNH) declaró: “El Presidente sólo dejó una disyuntiva a quienes, desde el Zócalo, hemos exigido una respuesta a las demandas con concentraciones populares: o aceptamos sus ‘soluciones’ sin seguir presionando, o se reprime, ahora en definitiva, este movimiento popular apelando al Ejército, la Marina y la aviación”.

El régimen, “sordo y mudo”

La representación del movimiento estudiantil negó la existencia de “presiones ilegítimas hacia el gobierno” y señaló que “la falta de respuesta a una demanda lleva necesariamente a la acción popular: única vía que queda abierta ante un régimen sordo y mudo”, por lo cual consideró que “la disyuntiva que se nos plantea está entre aceptar sus soluciones o esperar la represión total (…) Hasta hoy no hemos recibido otra respuesta que el aumento de la represión, las amenazas y las calumnias que pretenden cambiar la opinión pública para volverla desfavorable a nosotros”. El documento del CNH está citado en el informe histórico de la extinta Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp), del cual La Jornada tiene una copia.

Sin embargo, el 6 de septiembre, la Secretaría de Gobernación, cuyo titular era Luis Echeverría Álvarez, contestó a la representación estudiantil que “el planeamiento por escrito permite serenidad y acucioso estudio en beneficio de una mejor exposición”, y determinó que “el gobierno estaba dispuesto al diálogo, como lo había propuesto desde el mes anterior, pero no a participar en un acto exhibicionista como el que se exigía (en referencia al diálogo público), y que en la Constitución estaba prevista precisamente la forma escrita para las comunicaciones entre gobernantes y gobernados”, señala el libro blanco del 68.

En tanto, el informe de la Femospp hace alusión a la repercusión internacional que ya había alcanzado el movimiento y refiere que “del videocasete titulado Historia de un documento, traducido al español de la versión en francés (…) se desprende que (…) El movimiento estudiantil, así como la represión, alcanzan dimensiones nacionales, pero las autoridades siguen rehusándose a escuchar las reivindicaciones y a buscar una solución pacífica al conflicto.

“La prisión preventiva de la ciudad de México se satura de estudiantes; el CNH y la Coalición de Profesores exigen la liberación de los prisioneros políticos; estudiantes y docentes deben afrontar la campaña de difamación de la prensa, a las órdenes del gobierno. Millares de grupos de información se organizan, mítines relámpago se verifican en toda la ciudad y todo el país. Los estudiantes cantan su protesta, hacen teatro político en las calles, analizan la situación y utilizan todos los medios para difundirla.”

A partir del 27 de agosto “la tensión general empeora y el país vive de cierta manera un estado de sitio, aunque las garantías constitucionales no hayan sido suspendidas”, señala el informe de la Femospp.

En ese contexto es importante mencionar que el director de la estación de la CIA en México, Winston Scott, había iniciado, a partir de 1958, “la operación Litempo, una red de agentes pagados y colaboradores” que “incluía a Adolfo López Mateos, Luis Echeverría, Fernando Gutiérrez Barrios y Díaz Ordaz”, según se narra en el libro Our Man In México, de Jefferson Morley publicado en Estados Unidos.

El autor señala que “la CIA promovió la carrera política de estos hombres”, y que, según le reveló Scott, “la agencia había intervenido teléfonos de políticos rivales, como Lázaro Cárdenas y Vicente Lombardo Toledano”.

Según Anne Goodpasture, asistente de Winston Scott en aquellos años, el jefe de estación de la agencia de espionaje estadunidense en el país brindó, “por motivos políticos, su apoyo a la extrema derecha en México”, y que el funcionario consideraba “claramente justificado el apoyo a las dictaduras militares, con el fin de impedir que la izquierda accediera al poder”.

Respecto de la infiltración que la CIA había logrado en el gobierno mexicano, el 15 de septiembre de 1969 el diario Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, reveló que Humberto Carrillo Colón, designado por Díaz Ordaz como consejero de prensa en la embajada de México en la isla, utilizó su inmunidad diplomática para servir como espía de Estados Unidos.

Según la publicación que hizo la revista Por qué? de lo aparecido en el diario Granma, se menciona “cómo entre marzo y noviembre de 1968 Humberto Carrillo Colón no tenía todavía el equipo de radiotransmisión que la CIA le suministró después, cuando viajó al exterior para recibir entrenamiento (por lo cual) el agregado de prensa de la embajada de México en Cuba enviaba sus informes a través de las valijas diplomáticas.

“Sin embargo, en vista de que sus cartas no llegaban a su debido tiempo a los intermediarios de la CIA en México, Carrillo Colón sugirió a la CIA que la Oficina de la Presidencia de la República de México dictase las instrucciones pertinentes a la Secretaría de Relaciones Exteriores para que toda la correspondencia, y si fuere posible la misma valija, fuese entregada nada menos que al licenciado Joaquín Cisneros Molina, al fin de que el secretario particular del presidente Gustavo Díaz Ordaz las abriese y las revisase, porque de lo contrario, según estimaba Humberto Carrillo Colón, su labor como agente de la CIA en Cuba no podía ser eficiente.”

Notifican espionaje

Las actividades de Carrillo Colón fueron notificadas al gobierno mexicano el 3 de septiembre de 1969 mediante una nota diplomática dirigida al secretario de Relaciones Exteriores, Antonio Carrillo Flores (el mismo que solicitó en marzo de 1971 la colaboración de Estados Unidos para entrenar a 11 personas que formarían parte del grupo conocido en junio de ese mismo año como halcones, responsable de la masacre del jueves de Corpus en la ciudad de México).

En ese entonces, el embajador de Estados Unidos en México era Fulton Freeman. Al respecto, el general Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial en aquellas fechas, señaló en su libro La realidad de los acontecimientos de 1968 que Freeman “organizó una conjura con la mira de derrocar al presidente Díaz Ordaz con la asesoría de la CIA, buscando adeptos entre militares mexicanos”. Para ello, según el autor, alentó a grupos de supuestos estudiantes a realizar actos contra el gobierno.

El ya fallecido general Alberto Quintanar declaró a La Jornada, en octubre de 2003, antes de ser citado por la Femospp en calidad de indiciado en torno al papel de la CIA en el movimiento de 1968, que los militares mexicanos demostraron su lealtad al Presidente, pese a que Washington “ofreció la conducción del país al entonces titular de la Defensa Nacional, Marcelino García Barragán, quien rechazó la propuesta”.

Siguiente entrega, 13 de septiembre

 
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