Usted está aquí: lunes 8 de septiembre de 2008 Mundo Republicanos y demócratas compiten por el campeonato “del cambio” tras sus cónclaves

■ Ambos ofrecen “sacudir” Washington con veteranos de la clase política en cada fórmula

Republicanos y demócratas compiten por el campeonato “del cambio” tras sus cónclaves

■ Ningún candidato convence a la mayoría que opina que EU va en un camino equivocado

David Brooks (Corresponsal)

Ampliar la imagen En imagen de archivo, la fórmula demócrata por la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama y Joe Biden En imagen de archivo, La fórmula demócrata por la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama y Joe Biden Foto: Ap

Ampliar la imagen En imagen de archivo, Los republicanos, John McCain y Sarah Palin. De acuerdo con sondeos, ningún candidato repuntó luego de la celebración de sus respectivas convenciones En imagen de archivo, Los republicanos, John McCain y Sarah Palin. De acuerdo con sondeos, ningún candidato repuntó luego de la celebración de sus respectivas convenciones Foto: Reuters

Nueva York, 7 de septiembre. En ocho semanas Estados Unidos optará entre Barack Obama y John McCain, y al concluir las convenciones nacionales de los dos partidos nacionales, ambas campañas electorales compiten sobre quién representa el “cambio” en Washington.

McCain, en su discurso ante la Convención Nacional Republicana, dijo “déjenme sólo ofrecer una advertencia a ese grupo viejo de altos gastos, cumplir con nada, yo primero y el país segundo: el cambio está llegando”, en referencia a la cúpula política en Washington. “Yo no trabajo para un partido. Yo no trabajo para un interés especial. Yo no trabajo para mí. Yo trabajo para ustedes”, afirmó.

Él y su candidata a la vicepresidencia, Sarah Palin, intentaron proclamarse como los campeones del “cambio” y advirtieron que “sacudirán a Washington”. No sólo eso, sino el tema oficial del último día de la convención del partido responsable de lanzar la guerra en Irak fue “la paz” y pancartas fueron distribuidas entre los delegados en las cuales se leía sólo “Paz”.

Una semana antes, el candidato demócrata Obama, rodeado de pancartas que decían “el cambio en que podemos creer”, declaró en su convención: “Es hora para que nosotros cambiemos a Estados Unidos”. Agregó: “Ustedes entienden que el riesgo mayor en esta elección… es usar las misma políticas, con los mismos jugadores y esperar un resultado diferente. Han demostrado lo que la historia nos enseña que en momentos de definición como este, el cambio que necesitamos no proviene de Washington. El cambio llega a Washington. El cambio ocurre porque el pueblo estadunidense lo demanda, porque se pone de pie e insiste en nuevas ideas y en un nuevo liderazgo, una nueva política para un nuevo tiempo”.

Ambos candidatos intentan mostrar que tienen “experiencia”, pero que a la vez representan “algo nuevo”. Las dos fórmulas están diseñadas para expresar eso: Obama, el transformador novato y su candidato experimentado a la vicepresidencia, Joe Biden, con una trayectoria de 26 años como senador en Washington; McCain con 22 años en el Senado junto con Sarah Palin, la reformadora novata a la cúpula política. Ahí también están las contradicciones: ¿cómo pueden hablar de “sacudir” a la clase política de Washington dos veteranos de esa clase política?

La “clase media”, en juego

Y aún nadie convence al electorado –según las encuestas– sobre quién de los dos podrá resolver el problema de mayor prioridad: la economía, y por lo tanto un sector en juego es justo el de los trabajadores y esa “clase media” que ahora padece una de las peores crisis económicas en años recientes.

La tasa de desempleo se elevó a 6.1 por ciento este mes (de 5.7 por ciento el mes pasado) llegando a su nivel más alto en cinco años, con otros 83 mil empleos esfumados el mes pasado. En total este año se han perdido 605 mil empleos.

Por otro lado, 9 por ciento de dueños de vivienda, unos 4 millones de estadunidenses con hipotecas, están retrasados en sus pagos o ya han perdido sus propiedades; unos 500 mil ya estaban en el proceso de perder sus hipotecas (y sus casas) en sólo el segundo trimestre de este año.

Según el último informe del censo nacional, el ingreso medio de los estadunidenses, a pesar de años de crecimiento económico, aún está por debajo del nivel alcanzado en 2000. A la vez, el número de personas viviendo en la pobreza se incrementó en 5.7 millones desde 2000 para llegar a 12.5 por ciento de la población, con el número de menores de edad en pobreza alcanzando 18 por ciento de todos los niños. El porcentaje del ingreso nacional percibido por trabajadores está en su punto más bajo desde los años 60, reporta el New York Times.

La expansión económica bajo la presidencia de George W. Bush es tal vez la primera en que la pobreza se incrementó y en la que casi todos los beneficios se concentraron entre los más ricos. De hecho, la brecha económica entre los ricos y todos los demás es la más amplia desde justo antes de la Gran Depresión.

Por todo esto, los republicanos buscaron casi evitar el tema económico durante la convención, y McCain sólo lo abordó de una manera en que dejó casi fuera el papel del gobierno en resolver los problemas de la crisis hipotecaria, la infraestructura y la asistencia a los afectados por desastres naturales, subrayando más que todo esto se debería de abordar con el voluntarismo, la caridad y la buena onda entre vecinos.

Para los demócratas, esta es su carta más fuerte (y el punto más vulnerable para sus contrincantes). Obama y Biden se dedicarán a subrayar eso durante el resto de la campaña.

Sin embargo, ambos candidatos se presentan como “populistas”, en el sentido de que se proclaman campeones del ciudadano ordinario, de las familias trabajadoras, del “pueblo” contra los “intereses especiales” de Washington.

Mientras tanto, cada quien recibe decenas de millones de dólares del mundo empresarial, entre ellos los contratistas militares (los cuales, por ahora, han ofrecido más a Obama que a McCain), los financieros de Wall Street (que también han beneficiado más al demócrata) y los petroleros, y otros representantes de esa cúpula económica tan criticada en la retórica de ambos.

De hecho, justo al concluir la Convención Nacional Republicana, Jack Abramoff, la figura central en una de las investigaciones más grandes sobre la corrupción política en tiempos recientes, fue condenado a cuatro años de prisión por un juez federal en Washington. No fue un recordatorio bienvenido en esta coyuntura, ya que Abramoff jugó casi exclusivamente con republicanos en la legislatura y en el gobierno de Bush en armar toda una serie de negocios ilícitos que nadie en la convención republicana mencionó, y menos a los legisladores y funcionarios de sus partidos que siguen bajo investigación o ya están encarcelados.

Mientras ambos candidatos se proyectan como “externos”, los dos están asesorados por estrategas electorales de la misma cúpula permanente en Washington que tanto denuncian en sus discursos. De hecho, éstos están elaborados por algunos de los mejores guionistas de Washington, los que ayudaron a escribir los discursos de pasados presidentes y senadores.

Por ejemplo, uno de los encargados de la campaña de McCain, Steve Schmidt, fue un alto asesor de la campaña de Bush en 2004 y compinche del estratega de Bush, Karl Rove. Obama, por su lado, tiene toda una lista de asesores que provienen de la cúpula demócrata de Washington, incluyendo a varios de los asesores de la familia Clinton.

Pero lo que sí manifiesta el discurso de cada candidato es que están obligados a responder a un amplio repudio de Washington por parte del electorado (Bush cuenta con uno de los peores índices de aprobación en la historia, y el Congreso, bajo liderazgo demócrata, está calificado hasta peor en las encuestas), y un enorme deseo por “un cambio” ya que más de 80 por ciento opina que el país procede en una vía equivocada.

Por ello, ambos candidatos se pronuncian como casi revolucionarios prometiendo grandes cambios y una presidencia valiente que se atreverá, de una vez por todas, a rescatar al país de los “intereses especiales” y regresárselo al pueblo.

Quién sabe por que, pero por alguna razón, ni Washington (ni Wall Street) están temblando.

 
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