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■ La mayor parte de los actos vandálicos que cometen quedan en la impunidad, se señala

Hay grupos porriles financiados por partidos políticos, revelan

■ Evitar la organización estudiantil, objetivo de esas agrupaciones que aparecieron en los años 30

Emir Olivares Alonso

Ampliar la imagen Integrantes de los grupos y Los Bohemios, en el estadio de CU, tras un encuentro de futbol americano  La Jornada Integrantes de los grupos y Los Bohemios, en el estadio de CU, tras un encuentro de futbol americano La Jornada Foto: Los Lagartos

El Bujandras, El Uva, El Gret, El He-Man, La Metro, El Blue, La Pene, El Demon, entre otros, son muy conocidos entre la comunidad universitaria. Detrás de esos alias existen historiales de actos vandálicos y porriles que comúnmente permanecen impunes. Actúan violentamente en escuelas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), e históricamente, según todas las evidencias, son patrocinados y protegidos desde el poder político al grado que muchos de ellos forman parte de estructuras directivas de algunos partidos políticos.

Un caso que ilustra estos nexos es el de Alfredo Margarito Benítez González, El He-Man, reconocido por autoridades y activistas universitarios como uno de los fundadores de la Federación de Estudiantes del Sur (FES), grupo porril que surgió en 2006 tras la escisión de la llamada Alianza Universitaria, donde se aglutinan varios grupos de choque que actúan en la UNAM, y actualmente es funcionario del Partido Socialdemócrata (PSD).

Considerados como “el más añejo problema de vandalismo” de instituciones públicas de educación media superior y superior, los porros son organizaciones cuyo objetivo es el de amedrentar, mediante la violencia, a universitarios para evitar la organización estudiantil. Alumnos y autoridades de la máxima casa de estudios coinciden en que no actúan al azar, sino bajo las indicaciones de quienes los financian.

Las víctimas

Sin embargo, no sólo la UNAM se enfrenta a este fenómeno. Instituciones como el Politécnico Nacional, el Colegio de Bachilleres, el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep), los centros de Bachillerato Tecnológico, Industrial y de Servicios (Cebetis) y de Estudios Tecnológicos, Industriales y de Servicios (Cetis) y hasta en escuelas privadas existen esos grupos.

Hugo Sánchez Gudiño, investigador de la Facultad de Estudios Superiores Aragón y autor del libro Génesis: desarrollo y consolidación de los grupos estudiantiles de choque en la UNAM (1930-1990), define a los porros como grupos que por dinero “son capaces de realizar los actos más violentos. Su principal presa son activistas universitarios”.

Directivos de la UNAM señalan que los porros “son usados para diversos fines, pues a los dirigentes se les puede ver en marchas, mítines y protestas políticas y en actos deportivos. Son un buen negocio para quien los patrocina; se sirven de ellos para obtener beneficios”.

El académico refiere que el origen del porrismo data de los años 30, con los grupos de animación en partidos de futbol americano estudiantil que fueron transfigurándose en organizaciones delictivas con el impulso de autoridades políticas y universitarias.

Así, las “tropas” de porros avanzan, delinquen, agreden, “talonean” (robo en grupo), lesionan y hasta “pican” a quien se topen de frente. Han llegado a matar. Todo para alcanzar sus objetivos.

De ese modo, siempre “en bola”, estas huestes irrumpen de manera sorpresiva en alguna escuela para agredir a los estudiantes, incluso con pistolas.

También se encargan del narcomenudeo en planteles universitarios y sus alrededores, según evidencias en poder de órganos de dirección de la universidad.

Sin lugar a dudas, en la UNAM el fenómeno se da desde hace décadas en los 14 planteles de bachillerato –en las nueve preparatorias (ENP) y en los cinco colegios de Ciencias y Humanidades (CCH)– y en al menos tres facultades: Ingeniería, Derecho y Estudios Superiores de Acatlán.

Datos de colectivos estudiantiles coinciden en que son dos las grandes centrales de porros que actúan en la máxima casa de estudios del país:

La Alianza Universitaria, que aglutina a grupos de choque como Tres de Marzo, del CCH Vallejo; La santa inquisición, de Prepa 8; Pedro de Alba, de Prepa 9 y Los Bohemios, de la ENP 3.

Hace un par de años, la alianza se dividió por diferencias entre líderes. De un lado quedaron Edgardo Moreno Toledo, El Marmota, y Giovanni Xochipa, El Mega, y del otro, El He-Man. Este último conformó la FES, a la cual se sumaron las organizaciones Daniel Márquez Muro, de la ENP 8, y el Grupo de estudiantes del sur, del CCH Sur.

Tras ese rompimiento, la FES se refugió en la otra central porril que ya existía, la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), también conocida como OEU, integrada por Los Lagartos, porros de la Prepa 5; Los Sharks, de la Prepa 1, y Los Coyotes, de la 6, entre otros.

Además, directivos universitarios señalan que organizan fiestas en grandes bodegas o deportivos, donde se vende cerveza y enervantes. “En sitios que les consiguen o prestan sus padrinos organizan reventones. En ocasiones no cobran la entrada a estos lugares como un ‘gancho’ para atraer a más chavitos”.

Aunque su origen data de hace casi 80 años, los porros no han dejado a un lado la tecnología. Han creado diversos sitios en Internet, en los que se comunican, retan a sus rivales (pues también pelean por territorios), dan avisos de fiestas y hasta de próximos ataques.

“Esta última razón –señalan directivos universitarios– debería de ser una alarma para las autoridades de prevención del delito pues avisan con antelación de sus actividades y pese a ello las llevan a cabo, sin que nadie los detenga”.

Los funcionarios universitarios tienen clara la diferencia entre porros y activistas. A los segundos los definen como estudiantes con un objetivo social, que buscan la mejoría de la universidad, de sus colectivos, mientras que los porros “reciben órdenes, actúan con violencia y sin objetivos sociales”.

 
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