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■ “Probado, que el Learjet se acercó al Boeing a distancia menor a la que indica la norma”

SCT: los pilotos del avionazo, desorientados e inexpertos

■ Evidencia señala que la tripulación no estaba bien familiarizada con la operación del aparato

■ No sabían si sobrevolaban Querétaro o Morelia, y confundían refinería de Tula con la de Salamanca

Roberto González Amador

Ampliar la imagen Luis Téllez (izquierda), secretario de Comunicaciones y Transportes, y funcionarios de la dependencia presentaron ayer en conferencia de prensa los avances de las investigaciones sobre el desplome del aparato en que viajaban, entre otros, Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos Luis Téllez (izquierda), secretario de Comunicaciones y Transportes, y funcionarios de la dependencia presentaron ayer en conferencia de prensa los avances de las investigaciones sobre el desplome del aparato en que viajaban, entre otros, Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos Foto: José Antonio López

La primera “hipótesis sólida” del gobierno federal para explicar la causa del accidente en que murieron el entonces secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, y el ex responsable del combate al narcotráfico, José Luis Santiago Vasconcelos, apunta a impericia de los pilotos.

Lo explicó así Luis Téllez, titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT):

“La evidencia probada que tenemos indica que el Learjet 45 (en que viajaban los funcionarios), avión de peso medio, se acercó al Boeing 767-300, pesado, a una distancia menor a la que indica la norma.”

También aseguró que el gobierno federal tiene “evidencia preliminar de que la tripulación no estaba suficientemente familiarizada con la operación” de la aeronave en que viajaba el responsable de la política interna del país, jefe del gabinete y amigo del titular del Ejecutivo federal. Ambos pilotos eran civiles y prestaban sus servicios para una empresa privada, Centro de Servicios de Aviación Ejecutiva SA de CV –con sede en la terminal aérea de Toluca–, cuyos dueños, hasta anoche, no han dado la cara.

A ambas conclusiones llegó el gobierno federal después de finalizar la investigación en el sitio donde cayó el aparato el 4 de noviembre, en la zona oriente de las Lomas de Chapultepec, Distrito Federal. Una de las partes esenciales de la documentación divulgada este viernes por Téllez es la conversación en cabina entre el piloto y el copiloto, obtenida de una de las dos cajas negras del avión, que fueron analizadas en un laboratorio especializado en Washington DC, Estados Unidos, que recoge los 42 minutos de vuelo desde que el avión despegó en San Luis Potosí hasta que se estrelló a las 18 horas 46 minutos y 30 segundos de ese martes.

Los dos tripulantes, el piloto Martín de Jesús Oliva Pérez y el copiloto Álvaro Sánchez y Jiménez, contaban con licencia vigente para volar y habían cumplido con sus exámenes médicos en febrero y marzo de este año, respectivamente.

Sin embargo, aseguró Téllez Kuenzler, “la investigación revela presuntas deficiencias en el proceso de capacitación y certificación de ambos para operar el Learjet 45”. La transcripción de las conversaciones, recogida por la grabadora de la caja negra, “muestra la falta de familiaridad del capitán Oliva con los instrumentos en cabina, al fallar repetidamente en la introducción de datos en los sistemas electrónicos”, expuso el funcionario. Además, dijo, “resulta notoria la desorientación respecto a la ubicación geográfica, al dudar si sobrevolaban Querétaro o Morelia” (en línea recta son alrededor de 130 kilómetros) y confundir la refinería de Tula, Hidalgo, con la de Salamanca, Guanajuato, puntos que, en línea recta, están separados unos 250 kilómetros.

Los datos ofrecidos ayer están fundamentados, explicó el funcionario, en investigaciones realizadas por los equipos de México, Estados Unidos y Gran Bretaña que recogieron todas las evidencias en el lugar de los hechos y las analizaron en laboratorios especializados.

La información de las cajas negras, una que recoge los datos de vuelo y otra las conversaciones de los pilotos en cabina, fue obtenida en los laboratorios de la Oficina Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés), de Estados Unidos, agencia que es independiente del gobierno de ese país. Los documentos hechos públicos ayer están firmados por Joseph Sedor, representante de la NTSB, y fueron entregados por el gobierno de Estados Unidos al funcionario mexicano ante un notario público. La prensa recibió copias certificadas por Eduardo García Villegas, notario 15 del Distrito Federal.

Como hizo el viernes de la semana pasada, Luis Téllez descartó que el avión en que viajaban tres tripulantes y seis funcionarios públicos hubiera caído a consecuencia de un acto de sabotaje o terrorismo. Y se presentó como más probable la hipótesis de una falla humana, aunque el funcionario afirmó que ninguna posibilidad está descartada, inclusive la del desplome por un acto criminal.

El 4 de noviembre, el vuelo despegó del aeropuerto de San Luis Potosí a las 18:04 hora local, la misma del Distrito Federal, y transcurrió de manera normal hasta justo antes de la caída del avión, 42 minutos después, según los resultados del análisis en laboratorios.

En la medida en que se acercó a la ciudad de México, el monitoreo del Learjet 45 fue transferido a una torre de control que tiene como función coordinar el tráfico y encauzarlo en flujo ordenado y continuo hasta su aterrizaje. En esa secuencia, el avión venía precedido por un Boeing 767-300 de Mexicana de Aviación procedente de Buenos Aires. En el momento en que ambos entraron en el flujo para aproximarse al aeropuerto capitalino, la distancia entre uno y otro era de seis millas náuticas (una milla náutica equivale a mil 852 metros).

Según la explicación del titular de la SCT, a las 18:44:14 horas el controlador instruyó al Learjet 45 reducir su velocidad a 180 nudos (un nudo equivale a una milla náutica por hora), pero el piloto del avión no empezó a disminuir la velocidad sino un minuto y 12 segundos después, es decir, a las 18:45:26 horas, por lo que fue acercándose al avión que lo precedía. En el momento en que se perdió el contacto con el radar, estaba aproximadamente 4.15 millas náuticas atrás del Boeing 767-300. A las 18:45:58 horas Control de Aproximación instruyó a los pilotos contactar la frecuencia de la torre de control. Según el informe presentado ayer, el impacto ocurrió a las 18:46:30.

El Boeing de Mexicana que venía de Buenos Aires pesa 175 toneladas y el Learjet 45 tiene un peso de 9.4 toneladas. La regulación estipula que entre naves de tales tonelajes debe haber una distancia mínima de cinco millas náuticas en una secuencia de aterrizaje. En el caso del accidente del 4 de noviembre, la distancia entre ambas, al momento en que el radar pierde el aparato en que viajaba Mouriño, era de 4.15 millas náuticas.

Téllez explicó que el Learjet 45, aunque está clasificado como un avión de tamaño medio, se encuentra en el límite inferior de su categoría “y, por tanto, es más vulnerable que la mayoría de los aviones medianos a los efectos del fenómeno de turbulencia de estela”, dejado por la nave de mayor tamaño que va delante.

Téllez relató:

“La transcripción de la grabación de voces revela que en ese lapso el avión entró a una turbulencia que sorprendió a los tripulantes y que el piloto atribuyó a la estela del aparato que los precedía. A partir de ese momento, en cuestión de segundos, la situación empeoró: el piloto recurrió al copiloto, quien tenía más experiencia. Éste asumió y trató de retomar el control, pero no tuvo tiempo suficiente y se dieron expresiones de angustia, impotencia y desesperación, y se hizo el silencio.”

El funcionario dijo que lo que revela la transcripción es confirmado por el resto de la investigación en campo. Esto es, que antes de iniciar el viraje final hacia el aeropuerto de la ciudad de México para el aterrizaje, el Learjet 45 cambió de trayectoria de manera súbita y giró bruscamente a la derecha sobre su eje longitudinal para quedar invertido o casi invertido. En ese momento los tripulantes realizaron una maniobra que buscaba enderezar la nave, pero el acelerado descenso los llevó a impactarse en tierra en una trayectoria contraria a la que llevaban antes. Una cámara de seguridad del Edificio Omega, de la avenida Campos Elíseos, captó la caída del avión. Esa imagen fue presentada ayer en la conferencia de prensa.

La semana pasada, Téllez ofreció que el gobierno federal daría a conocer la grabación y las transcripciones de la caja negra que recoge las conversaciones de los pilotos, pero ésta no fue entregada.

El funcionario argumentó que la decisión de no hacer públicas las cintas obedece a que “cuando ocurre un accidente aéreo las cajas negras contienen una información muy dramática de los últimos segundos de vida de los tripulantes y su análisis contribuye sustantivamente a la mejora continua de la seguridad en la navegación aérea”.

Los pilotos del mundo han aceptado entregar la información “privada y muy dramática”, confiados en que será respetado su derecho a la privacidad, añadió.

 
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