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Tecnocultura, nuevo libro del colaborador de La Jornada publicado por Tusquets

Cada vez profundizamos más en el culto por la tecnología: Naief Yehya

■ La computadora y el teléfono celular revolucionan la vida

■ El frenético avance de los adelantos mantiene tiranizada a la humanidad, alerta

■ Hipotecamos la existencia por objetos inútiles, dice

Ángel Vargas

¿Puede la tecnología hacernos más felices? “No”, es la respuesta contundente de Naief Yehya, quien cuestiona una de las principales promesas que vende el capitalismo: que el desarrollo de la tecnología, junto al de la ciencia, otorga mayor libertad, tiempo, bienestar y felicidad a las personas.

“Últimamente me he interesado mucho en eso y me he encontrado con que los expertos sobre el tema de la felicidad coinciden en afirmar que la tecnología no brinda más felicidad, como tampoco el dinero”, explica.

La felicidad “depende de tener un nivel en el que todas las necesidades están satisfechas, con cierta comodidad, y en el cual se abren los espacios para interactuar con la familia, los amigos, el amor. Esos tres son, básicamente, los aspectos que nos conducen a ser felices; las demás, ofrecen satisfacciones”.

Ingeniero de formación y pionero en analizar en medios de comunicación el tema de la relación entre tecnología y cultura, mediante una columna en el suplemento La Jornada Semanal, el especialista sostiene inclusive que el frenético avance tecnológico mantiene tiranizada a la humanidad en una angustia compulsiva de consumo de enseres y objetos generalmente innecesarios.

Fetiches y glamur

En entrevista con motivo de la aparición de su libro Tecnocultura: el espacio íntimo transformado en tiempos de paz y guerra (Tusquets Editores), Naief Yehya resalta que si bien la tecnología se encuentra presente en la vida humana desde tiempos prehistóricos, con utensilios de uso cotidiano, fue a mitad del siglo XX cuando la concepción en torno a ella cambió y adquirió un sentido inclusive irracional.

Comenzó a cargarse de ideología y los objetos desprendidos de ella se convirtieron en mercancías altamente deseables.

“Fue alrededor de las dos guerras mundiales, con el apoyo de los grandes medios de comunicación y su bombardeo publicitario, que empezó a cambiar el concepto de herramienta y se convirtió en un fetiche, en un objeto glamoroso, sexy, que ya no sólo proporciona servicio, sino que confiere estatus y hace creer que somos mejores que los demás.”

El estudioso sitúa a los aparatos de sonido Hi-Fi (de alta fidelidad), en los años 50 y 60 de la centuria pasada, como los que marcan el acceso a la alta tecnología en los hogares.

A partir de allí, considera, hay “un ducto directo” a lo que vendría 30 años después con las computadoras personales y los teléfonos celulares, aparatos a los cuales asume como los hitos tecnológicos que han venido a revolucionar la vida humana.

A ellos se debe, sin duda, una transformación en nuestra percepción del entorno, así como las formas de relacionarnos en términos individuales y como grupo; los deseos y las necesidades, los gustos, los valores, las filias y las fobias, y hasta la manera de entender y practicar el sexo, dice. Es decir, son los constructores de una nueva cultura, como lo es también la Internet.

–¿Cómo avizora lo que viene?, ¿hasta dónde la tecnología determinará la esencia humana?

–No me atrevo a decir hacia dónde vamos; sería un atrevimiento, porque es impredecible. Cosas pequeñas, al parecer insignificantes, se transforman en huracán y modifican la orientación total.

“Lo que sí me atrevo a pensar es que nos estamos volviendo cada vez más dependientes. Cada vez desarrollamos un culto y una devoción más profundos hacia la tecnología; aunque, de forma paradójica, eso nos provoca también paranoia y pánico social. Es un contraste entre creencia absoluta y terror.

“Siento que lo más grande que nos puede ocurrir es dejar de ser escépticos, que perdamos el escepticismo. Nos hemos convertido, por otro lado, en un mercado jugoso y permitimos que nos traten como un ganado que es explotado de forma salvaje, seduciéndonos mediante propaganda, con objetos tecnológicos de alta volatilidad que muchas veces son inútiles y por los que incluso hipotecamos la vida.”

Acerca de su nuevo libro, Naief Yehya comenta que es un ensayo que “trata de presentar una visión del progreso tecnológico; de cómo hemos llegado a ellas (las nuevas tecnologías), cómo las hemos adoptado y dar así una especie de instantánea o una radiografía y tratar de leerla”.

 
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