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Alejandro Nadal

Doble desafío para Obama

El 22 de diciembre pasado se rompió el muro de contención de desechos de la planta termoeléctrica Kingston, en el valle del río Emory (estado de Tennessee). El muro era viejo y la presión de la montaña de residuos que se fueron acumulando desde que se inauguró la planta (en 1950) resultó insoportable. En el depósito había miles de millones de toneladas de ceniza de carbón humedecida, un lodo mezclado con la escoria de metales pesados y materiales tóxicos.

Al romperse el muro, más de cuatro mil millones de litros de lodo se desparramaron hasta cubrir un millón trescientos mil metros cuadrados. Eso convierte a esta catástrofe en algo peor que el derrame del Exxon Valdez en Alaska (1989). Las muestras de agua en el río Emory han revelado la presencia de arsénico, bario, cadmio, cromo, plomo y mercurio. Las pruebas para arsénico arrojaron niveles 300 veces más elevados que los permitidos en agua potable. Por la topografía porosa en la zona, el desastre amenaza los acuíferos subterráneos.

La catástrofe recibió poca atención en los medios. Las noticias sobre la crisis y la pérdida de empleos acapararon la atención en esos últimos días del año. Después de todo, en diciembre la economía estadounidense perdió 524,000 empleos. En 2008 se perdieron 2.6 millones de empleos y la tasa de desempleo subió a 7.2 por ciento (el nivel más alto en 16 años y se espera que en julio de 2009 suba a 8.5 por ciento).

Las malas noticias se multiplicaron a finales del año. A pesar de que la Reserva Federal colocó la tasa de interés en cero por ciento y del paquete de rescate TARP, los problemas de falta de crédito no se resuelven. Con razón Bernanke insiste en ir diseñando más rescates como los de Bear Stearns y AIG. Mientras tanto, la nueva administración Obama prepara un nuevo programa de estímulos. Se habla de unos 900 mil millones de dólares asignados en diferentes rubros, pero no se sabe muy bien cuál será el impacto real.

El desastre de Kingston tiene mucho que ver estos planes de estímulo fiscal. De hecho, el gravísimo problema de desempleo será atacado de frente por programas parecidos a los que crearon la corporación pública que opera la planta de Kingston. Es de esperar que los recursos se canalicen hacia cosas como energías renovables y recuperación de suelos y acuíferos. Pero no es evidente qué parte de la fuerza de trabajo puede orientarse hacia ese tipo de proyectos.

La planta termoeléctrica sobre el río Emory es operada por la Autoridad del Valle del Tennessee (la famosa TVA, por sus siglas en inglés). Ésta es una corporación federal creada en 1933 para promover el desarrollo económico en la cuenca del río Tennessee (muy dañada por la gran depresión). La tabla de escorrentía de este río va desde Kentucky hasta Georgia, y desde el Misisipi hasta las montañas de Virginia. En esa región la TVA fue algo parecido a una agencia regional de planeación económica y social.

La TVA construyó canales de navegación, presas y plantas hidroeléctricas, plantas de combustibles fósiles y hasta llegó a lanzar un ambicioso programa de construcción de plantas nucleares. La electricidad generada por la TVA fue clave para el desarrollo de industrias de aluminio y fertilizantes. Es más, la TVA proporcionó la electricidad que requirió la planta de enriquecimiento de uranio en Oak Ridge, pieza central del proyecto Manhattan. La contribución económica de la TVA puede parecer impresionante. Pero ¿cuál es su récord ambiental? La verdad es que no muy bueno.

El río Emory ha sido dañado por la contaminación de la planta Kingston desde hace muchos años y ahora que estaba recuperándose, recibió un golpe mortal con la avalancha de lodo de ceniza de carbón. Pero éste no es el único ejemplo de mal manejo del medio ambiente: a los impactos negativos sobre el conjunto de ríos del sistema Tennessee, hay que añadir el hecho de que durante años la TVA violó de manera flagrante la legislación sobre emisiones en la atmósfera. Y no es sólo la TVA la que debe ser cuestionada. En Estados Unidos, las plantas de carbón que están en operación mañana, tarde y noche desde hace años, han ido acumulando residuos y, la verdad, no se sabe muy bien qué hacer con ellos.

Ahora se habla mucho de revivir el New Deal de Roosevelt para sacar a la economía de Estados Unidos de la crisis. Y uno de los puntos de comparación es el plan de estímulos que planea la administración Obama. Pero hay algo que no debe repetirse: la recuperación de la economía no puede lograrse a costa del medio ambiente. Por ejemplo, generar empleos para perturbar más el entorno natural no es una solución. Una parte importante de las obras de infraestructura del New Deal no fue buena para el medio ambiente. Hoy es necesario redefinir lo que se entiende por desarrollo y por progreso económico. La nueva administración será juzgada por su capacidad para enfrentar el doble desafío de la crisis económica y la deuda ambiental. La solución de la primera sin la segunda es sinónimo de desastre.

 
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