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El Museo Británico albergará 132 objetos, algunos hallados en excavaciones recientes

Exposición en Londres arrojará nueva luz sobre Moctezuma

La muestra pretende revelar mayores detalles íntimos del rey mexica; abrirá el 24 de septiembre

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Esta máscara de turquesa montada en cedro data del siglo XV y forma parte de la exposición Moctezuma, emperador azteca que albergará el Museo BritánicoFoto Reuters
Arifa Akbar
The Independent
Periódico La Jornada
Domingo 3 de mayo de 2009, p. 2

Londres. Mucho se sabe sobre el papel de Moctezuma II, el comandante supremo y líder divino del siglo XV, quien inspiró admiración mundial con su valor en la batalla y su notable capacidad de mediar con los dioses.

Los historiadores se han maravillado de sus creativos logros en el imperio más grande de Mesoamérica, temido por su poderío militar y sus sanguinarios sacrificios humanos. A la vez, la historia de su caída es un ejemplo precautorio de los peligros de la confianza: el gobernante azteca encontró su fin a manos de los conquistadores españoles, quienes al parecer lo engañaron con una supuesta amistad que lo condujo a la prisión y a la muerte.

Sin embargo, después de siglos de estudios y descubrimientos arqueológicos, Moctezuma, el hombre, se mantiene inalcanzable para los historiadores. Casi nada se sabe sobre la personalidad del último gran gobernante electo de los aztecas, quien hasta la fecha suscita lealtades divididas entre los mexicanos, porque muchos creen que se coludió con el poder colonial español en contra de su propio pueblo.

Ahora, una nueva y grandiosa exhibición en el Museo Británico intentará resolver algunos de los misterios que rodean un mito que ha permanecido impenetrable durante mucho tiempo.

El tlatoani a detalle

Moctezuma: gobernante azteca es la cuarta y última en la serie de muestras del Museo Británico relativas a emperadores. Presentará una visión revisionista, que se propone revelar al rey mexica con mayores detalles íntimos que nunca. Este avance es resultado de nuevas evidencias emanadas de un estudio arqueológico que se lleva a cabo en el palacio de Moctezuma, en la ciudad de México.

El curador de la exhibición, Colin McEwan, reconoció que los detalles personales sobre el gobernante son tan escasos, que un académico consideró imposible llegar a montar esta exposición, que abrirá el 24 de septiembre.

Incluso las descripciones de primera mano de la vida de Moctezuma II están plagadas de contradicciones. Su estilo de gobierno, para no hablar de su carácter, sigue siendo elusivo para los historiadores.

No obstante, se pueden dilucidar algunos detalles. Se sabe que Moctezuma II fue el último gobernante electo azteca y que su imperio se extendía desde las costas del Pacífico hasta el Golfo de México. Como general curtido en la batalla, fue nombrado comandante militar supremo antes de ser elegido tlatoani (el que habla) en 1502, año en que construyó un nuevo palacio en Tenochtitlán, capital del imperio.

Aunque jamás tendremos el beneficio de un estudio de carácter completo, sin duda podemos inferir algo de la personalidad del emperador a partir de su nombre, que se puede traducir como señor que frunce el ceño.

Sin duda, este señor tenía buenas razones para fruncir el ceño: Moctezuma lidió con gran número de enemigos durante su gobierno. Aunque se le tenía por un legislador astuto y temible, los tributos fuertemente centralizados provocaban resentimiento en territorios distantes. Y ese quebradero de cabeza palideció en comparación con el problema de cómo hacer frente a la llegada del conquistador español Hernán Cortés, quien desembarcó en Veracruz con unos cuantos cientos de hombres en 1519.

Cuando Cortés emprendió la marcha sobre Tenochtitlán, fue bien recibido por Moctezuma, pero esa amabilidad no fue devuelta, y a la larga el anfitrión fue hecho prisionero. Aunque más tarde se le restauró en el trono, jamás volvió a ser más que un vasallo de España.

La versión durante mucho tiempo aceptada es que disidentes de su propio pueblo se rebelaron y le causaron la muerte a pedradas. Pero la verdad, como sugiere el Museo Británico, es diferente. De hecho, la nueva exhibición sostiene que fue asesinado sin piedad por los españoles cuando ya no sirvió a sus propósitos.

Manuscritos inéditos

Los curadores apuntan a la evidencia acumulada para la nueva exhibición, la cual mostrará por vez primera dos manuscritos del siglo XVI llevados desde la ciudad de México y la Universidad de Glasgow. En dichos documentos aparecen unas pequeñas figuras, entre una rica variedad de detalladas ilustraciones de los primeros encuentros de aztecas y españoles, que sólo en fechas recientes han captado la atención de los especialistas. En las imágenes, los dos manuscritos muestran a Moctezuma sujeto con cadenas, o con una cuerda en torno al cuello.

Descripciones de la época sobre la muerte del gobernante documentan el duelo que suscitó entre la fuerza invasora. La Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, describe a Moctezuma como un líder noble que conquistó el corazón de sus captores.

“Y Cortés lloró por él –escribió–, y todos nuestros capitanes y soldados, y hombres hubo entre nosotros, de los que le conocíamos y tratábamos, de que fue tan llorado como si fuera nuestro padre, y no nos hemos de maravillar de ello viendo qué tan bueno era.

“Y decían que hacía diez y siete años que reinaba, y que fue el mejor rey que en México había habido, y que por su persona había vencido tres desafíos que tuvo sobre las tierras que sojuzgó.

Pues como vimos a Montezuma que se había muerto, ya he dicho la tristeza que en todos nosotros hubo por ello.

Díaz del Castillo aporta una descripción detallada de un líder refinado que se preocupaba por su apariencia personal, que tenía muchas amigas y 19 hijos: 11 hombres y ocho mujeres.

“Era el gran Montezuma –relató– de edad de hasta cuarenta años y de buena estatura y bien proporcionado, y cenceño, y pocas carnes, y el color ni muy moreno, sino propio color y matiz de indio, y traía los cabellos no muy largos, sino cuanto le cubrían las orejas, y pocas barbas prietas y bien puestas y ralas, y el rostro algo largo y alegre, y los ojos de buena manera, y mostraba en su persona, en el mirar, por un cabo amor y cuando era menester gravedad; era muy pulido y limpio, bañábase cada día una vez, a la tarde.

“Tenía muchas mujeres por amigas, hijas de señores, puesto que tenía dos grandes cacicas por sus legítimas mujeres… las mantas y ropas que se ponía un día, no se las ponía sino de tres o cuatro días; tenía sobre doscientos principales de su guarda en otras salas junto a la suya, y éstos no para que hablasen todos con él, sino cuál y cuál…”

No todo observador estaría de acuerdo con esta imagen en esencia benigna. Por ejemplo, Bernardino de Sahagún, misionero franciscano, retrató a Moctezuma como un gobernante de carácter débil, supersticioso y propenso a los vicios.

Choque de civilizaciones

Algunos historiadores, entre ellos James Lockhart, explican esa disparidad sugiriendo que cuando los aztecas buscaron un chivo expiatorio de su derrota, Moctezuma tuvo la desgracia de encajar en el papel. Se puede considerar que las afirmaciones de que su propio pueblo le dio muerte se funden con ese mito.

Al revelar detalles de la exhibición, Neil MacGregor, director del Museo Británico, señaló que la historia de Moctezuma presenta quizás uno de los ejemplos más fascinantes de la implosión del poder y del choque de civilizaciones.

La fama de Moctezuma aún es objeto de disputa en México, añadió MacGregor. Jamás se ha montado allá una exhibición sobre este hombre, gran gobernante de un imperio extremadamente complejo y refinado, manifestó.

La exhibición aglutina préstamos espectaculares de Europa y México, entre ellos 132 objetos, algunos de los cuales fueron excavados recientemente de las ruinas de la antigua capital mexica.

Si la imagen de Moctezuma luce aún borrosa, hay esperanza de que mejore en nitidez. Todavía emergen objetos de la moderna capital mexicana como parte de la excavación. Con suerte, algunos relatarán su propia historia. Bien podría ser que los misterios que yacen bajo el polvo y los escombros de los siglos afloren para explicar el carácter del gran tlatoani azteca que tuvo el privilegio y la desdicha de gobernar en el albor de una nueva era.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya