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Ver día anteriorMiércoles 6 de mayo de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ética y drogas. Implicaciones*
Arnoldo Kraus/ II
P

obreza, expolio, políticos, narcotraficantes y consumidores son resumen del universo de las drogas. Eso escribí hace una semana. Ahí preguntaba: ¿se puede hablar, pensando en ese entramado de una ética de las drogas?, o más bien, ¿se podría proponer una lectura ética del mundo de las drogas? Acompaño esas cuestiones de otras preguntas. Intento responderlas incluyendo algunos supuestos éticos. Quizás esa mirada podría aportar algunas ideas a la discusión.

¿Se deben legalizar las drogas?

La legalización podría eliminar a algunos de los zares de las drogas; los que sean hermanos de los políticos y sepan demasiado pervivirán. La legalización haría de las drogas un problema de salud en lugar de uno legal. Los gobiernos regularían el mercado y el dinero podría destinarse a educación; explicar los riesgos asociados al consumo de las drogas sería una de las metas. Se ahorraría mucho dinero en el sistema penitenciario. Dentro del esquema de legalización no se permitirá la venta de drogas a menores. La legalización tiene sustentos éticos: disminuiría la presencia de los que usufructúan el mercado, ahorraría dinero a los estados y se educaría a la población. Habría menos muertes, menos zozobra social y menos impunidad. Aplicar reglas éticas a ese universo facilitaría la legalización. Legalizar las drogas sería lo menos malo, un mal menor en el argot ético.

¿Sería correcto escalar en la despenalización de las drogas?

Es buena idea escalar en la despenalización de las drogas. Ejemplos existen, Holanda a la cabeza con sus cafés donde se puede adquirir mariguana, hashish y hongos. Es buen ejercicio comparar el consumo de mariguana con el del alcohol y el del tabaco. El cannabis es mucho menos peligroso que el alcohol o el tabaco; es menos adictivo que el cigarro y se consume en cantidades menores. No se asocia con la violencia típica del alcohol ni con accidentes. No se muere por sobredosis de mariguana y los consumidores le cuestan al Estado mucho menos que los alcohólicos.

Es evidente que al Estado y a sus socios no les conviene perder la paternidad de la mariguana. Perder el control del negocio mermaría sus ganancias. Robar atenta contra la justicia. La justicia es un brazo de la ética. Cerrar el negocio ilegal de la mariguana del binomio políticos narcotraficantes es moralmente correcto.

¿Qué hacer con los adictos?

La legalización ofrece la oportunidad de tratar a los adictos en forma adecuada. La drogadicción se convertiría, como ya dije, en un problema médico y no sólo legal. Legalizar permite aconsejar acerca de cuáles son las drogas menos dañinas. Se conseguiría, además, que los laboratorios funcionen de acuerdo con leyes sanitarias y así fabriquen drogas puras y menos nocivas. El dinero emanado de esas ventas podría emplearse para educación y para el tratamiento de los adictos. Las familias sufrirían menos destrozos si la sociedad aceptase a los drogadictos como enfermos. Desde la perspectiva de la ética un adicto sometido a tratamiento podría incorporarse nuevamente a la comunidad y recibiría una atención digna.

Caso México. ¿Qué decir de los niños muertos?

El caso México es el modelo perfecto de la victoria del narcotráfico y del fracaso de nuestros desgobiernos. En los últimos 25 años los acuerdos entre Estado y gobierno con los cárteles de la droga, el uso de la nación como trasiego de la cocaína sudamericana y la imparable corrupción de las oficinas policiales han devenido desastre nacional. Me limito a los niños. “De diciembre de 2006 a marzo de 2009 –leo en La Jornada (12/4/09)en la guerra entre cárteles y en las batallas entre sicarios y fuerzas del Estado existen otros saldos: 610 niños han muerto y al menos 3 mil 700 quedaron en la orfandad”. No hay mejor retrato de la inhumanidad en torno al mundo de las drogas que la muerte de niños y su orfandad. Para los niños, no para los abominables dictados de Estados Unidos, México sí es un Estado fallido. Felipe Calderón y sus predecesores han faltado a la ética: los niños asesinados y huérfanos son testigos inobjetables.

Si aceptamos que el ser humano es un ente autónomo, ¿tiene derecho de consumir drogas?

La autonomía del ser humano es un tema con muchas aristas. Los librepensadores la defienden, las religiones no la aceptan, los estados la acotan. Una breve y simple definición de la autonomía que enmarca el pensamiento liberal sustenta que el ser humano tiene el derecho de realizar los actos que desee siempre y cuando no afecte a los demás. En el caso de las drogas poco dañinas muchos coinciden que existe un derecho moral que permite consumirlas; en el caso de las drogas muy dañinas y que hace que las personas sean proclives a la violencia, la inmensa mayoría de las personas coincidiría en reprobarlas. Habría que agregar que la autonomía tiende a tolerar a los drogadictos que no dañan a terceros. Defender la libertad, en este caso la autonomía, siempre que no se lacere a terceros, es otro de los principios rectores de la ética.

¿Qué determina el precio de las dogas?

El precio de las drogas lo determina más el costo de la distribución que el de la producción. De hecho, lo fija la prohibición. Un ejemplo: la cocaína le cuesta al consumidor más que un céntuplo de lo que eroga el productor. Se benefician los distribuidores: políticos disfrazados, policía y narcotraficantes. Es amoral el enriquecimiento de ese conglomerado.

Quedan muchas preguntas. Enlisto algunas: ¿Se evalúan adecuadamente los daños que producen las drogas en la sociedad?, ¿cuáles son los costos y cuáles los beneficios de la guerra contra las drogas?, ¿se puede hablar de utilitarismo y consumo de drogas? Al hablar de drogas, ¿ha funcionado la educación?

Quedan también certezas. La desolación del mundo y del ser humano retratada por los periódicos se asocia con frecuencia a las drogas. Vivimos inmersos en una aporía que puede y debe romperse. La prohibición ha fracasado porque al binomio políticos narcotraficantes no le conviene legalizar su negocio. Vivimos inmersos en una trampa: la prohibición impide la legalización. La globalización del mundo y de las drogas es una realidad. La ética como bandera del mal menor exige ilegalizar la prohibición.

* Fragmentos del texto Ética y drogas: muchas preguntas, algunas respuestas, como parte del simposio, ¿Qué hacer con las drogas?, organizado por el ITAM.

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