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Vargas Llosa encabezó homenaje al autor uruguayo en Guadalajara

Onetti, de los primeros en castellano en abrir la narrativa a la modernidad
Enviada
Periódico La Jornada
Domingo 6 de diciembre de 2009, p. 3

Guadalajara, Jal., 5 de diciembre. Juan Carlos Onetti escribía a cualquier hora, en cualquier hoja de papel, en una factura, en la cuenta de un bar, porque para él, escribir era su manera de vivir, dijo el escritor peruano Mario Vargas Llosa durante el homenaje que rindió al autor uruguayo en el contexto de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y como parte de la presentación del libro El viaje a la ficción: el mundo de Juan Carlos Onetti, que recientemente publicó la editorial Alfaguara.

De inicio, Vargas Llosa trazó una definición de ficción que después sirvió para arropar su descripción acerca del mundo narrativo del autor de Cuando ya no importe, de quien este año se conmemora el centenario de su natalicio. Para lo cual el narrador peruano reconstruyó el origen de la ficción: las narraciones que los primeros hombres hacían en las cavernas donde se refugiaban.

“¿Por qué lo hacían? ¿Por qué sintieron esa necesidad de, además de vivir sus vidas reales y objetivas, añadir esas otras vidas fantaseadas, imaginadas? Seguramente porque la vida que vivían era tan limitada, pobre, estrecha, mezquina, tan llena de inseguridad, que vivir esas vidas fantaseadas de alguna manera los desagraviaba de esa realidad pobre y los hacía acceder por minutos o por horas a un tipo de vida más rica, más segura, más cerca de un sueño, de un ideal.

“Los novelistas, cuentistas contemporáneos, somos herederos de esos primeros contadores de cuentos (…) Creo que la ficción tiene muchas manifestaciones, pero quizá la más excelsa y directa de ella es la literatura. Vamos a saltar directamente a Onetti en función de lo que he dicho: el mundo de Onetti, que es el mundo creado por un gran escritor, uno de los primeros, creo, en nuestra lengua en abrir la narrativa a la modernidad, en aprovechar toda la gran revolución formal, técnica de la novela moderna a la literatura de nuestra lengua. Es una obra que casi de principio a fin está construida sobre esa temática: la de hombres y mujeres que, sintiéndose agobiados, frustrados, por la realidad en la que viven, escapan a través de la ficción, a través de la fantasía a otra realidad.”

Ese escape “es un tema que se repite incesantemente en los cuentos, en las novelas de Onetti. Creo que hay pocos escritores contemporáneos que hayan hecho de ese tema la ficción como una manera de escapar de la cárcel, de frustraciones, de fracasos, que es la realidad, a través de la fantasía y del sueño. Es un tema recurrente que está en todos o en casi todos los textos de ficción de Onetti, y sobre todo lo que es la obra maestra absoluta que es La vida breve”.

Sin disciplina y en trance

Recordó también a Onetti con quien no compartía la forma de escribir. Mientras Vargas Llosa se decanta hacia la disciplina, hacia un horario casi de oficinista, Juan Carlos Onetti escribía sin esos elementos. “Escribía cuando sentía la necesidad, cuando, de pronto, vivía una especie de trance que lo llevaba a sentarse y a escribir donde podía, en una hoja de papel, en una factura, en una cuenta de bar, y que luego podía pasar largas temporadas absolutamente inactivo, y luego venían esos periodos de gran creatividad en los que trabajaba día y noche.

Fue entonces, narró Vargas Llosa, cuando “me dijo esa cosa tan divertida. Me dijo: ‘lo que pasa es que tú tienes unas relaciones conyugales con la literatura y yo tengo unas relaciones adúlteras’”.

Onetti agregó: fue un escritor indiferente al prestigio o al éxito, que comenzó su relación con la literatura a los cinco años, edad en la que aprendió a leer, y quien para hacerlo se escondía en el ropero. Ésa es una metáfora de lo que significaba la literatura para él: apartarse del mundo.

Después del homenaje, Mario Vargas Llosa inauguró la exposición La libertad y la vida en el Instituto Cultural Cabañas, y el viernes presentó el catálogo de esa muestra, publicado por Planeta, en un acto que se convirtió también en un homenaje al autor de Pantaleón y las visitadoras.