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Disquero
Bailar con un ángel
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El artista británico, el pasado 13 de junio, supervisa un ensayo de su tour sinfonista que realiza por América del Norte y EuropaFoto Kate Lucas
Periódico La Jornada
Sábado 28 de agosto de 2010, p. a16

El nuevo disco de Sting vuela en delicias.

En juego de palabras con uno de sus clásicos, Synchronicity, el título de su nuevo, ambicioso y logrado, proyecto se titula adecuadamente Symphonicities, y responde a su aventura, transitada desde hace años, de formar parte de una orquesta sinfónica.

Tal estrategia tiene logros descomunales, pues en esta docena de piezas seleccionadas de entre su repertorio para retrabajarlas con orquesta sinfónica, es evidente su intención de ubicarse como concertino (el líder de la orquesta en una conformación sinfónica, el primer violín que marca los rumbos al resto de sus compañeros de fila) más que como solista.

Visto y escuchado así, este disco cobra entonces su dimensión real: un Sting sinfónico que rebasa las meras ocurrencias, generalmente en pos del mercado, de muchas otras incursiones a cargo de roqueros, jazzistas, creadores de vario linaje.

Sir Gordon Matthew Thomas Summer es ante todo un músico. Enlaza nueva obra maestra a su anterior producción, igualmente magistral, también reseñada en este espacio: Una noche de invierno, donde pone luz a la oscuridad de la nieve, dicho sea con toda intención, dado que ese disco de Sting eleva la percepción auditiva hacia lo espiritual: hiende mente, cuerpo, espíritu, en la magia que produce un paisaje helado, pone luz y fuego y abrazos en lo aparentemente inhóspito. Entrega un disco de gran música disfrazado de disco de Navidad.

En el caso más reciente, se trata de una interesante disquisición sinfónica disfrazada de canciones con acompañamiento orquestal.

El inicio de Symphonicities es un relámpago: toda la sección de violonchelos ata sus melenas con las violas y entre los dos arrastran en su vértigo a las filas de violines: algo así como lo que estila el cuarteto de violonchelos finlandés Apocalpytica: la confluencia exacta entre música sinfónica y heavy metal. De manera que la pieza Next to you adquiere personalidad completamente nueva. Propósito logrado desde el mero inicio de este álbum de revisitación sinfónica.

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Sting hace mímica para interpretar arpa, el pasado junio, durante un ensayo con la Royal Philarmonic Concert OrchestraFoto Ap
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El segundo track es también exquisitez. Sting creador de atmósferas sonoros, pintor de paisajes sónicos, ambientador de sonidos. Todos reconocen desde el umbral la acogedora atmósfera de la pieza Englishman in New York, paladeada por su autor con dulces ironías, guiños, mientras la clarinetista salta a la primera línea de la orquesta junto a Sting en una intervención solista plena de delicias (foto inferior derecha de esta página).

El tercer corte es el hallazgo monumental de este preciado álbum: si la obra se titula Every little thing she does is magic, la versión orquestal no puede asumir otra atmósfera que la de ¡un danzón!, aunque no se lo haya propuesto Sting: suena completamente a danzón. Delicia.

Para gusto del Disquero el track siete es lo mejor que ha grabado Sting en los años recientes: When we dance. Un poema. Bailar rodeado de ángeles, bailar con un ángel, escuchar su canto desde el plano donde pervive, en una dimensión donde no existe ni espacio ni tiempo. Tan sólo la poesía.

Más poesía hay en los siguientes cortes, hasta el mismísimo final, imbuido de una atmósfera peculiar. Reina todo el tiempo un sentido de orquestación muy fino: el uso del arpa, tan sobrio; la sección de cuerdas, tan plenas de equilibrio; los alientos-maderas, los cornos, las trompetas, flotando todos en medio de alas de ángeles.

Sir Gordon Matthew Thomas Summer, que el planeta Tierra conoce como Sting, es un gran músico. Es un creador de atmósferas, hacedor de ambientes. Su nuevo disco transcurre en el ambiente agua, en el ambiente aire, en el ambiente sueño.

El señor Esbelto (porque Gordon no es) Mateo Tomás Verano es, antes que nada, un gran poeta.