Opinión
Ver día anteriorDomingo 17 de octubre de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El águila real en el aire
L

a portentosa águila real mexicana, una de las más grandes y hermosas del mundo, ha sido, desde la fundación de México Tenochtitlán, un símbolo fundamental. Es protagonista central en los relatos mítico-históricos que describen el momento en que la tribu mexica llega al islote en el lago de Texcoco y funda la ciudad de México. El lugar les fue revelado por su dios-caudillo Huitzilopochtli con el símbolo de un águila erguida, con las alas extendidas hacia el sol, comiendo un pájaro, posada sobre un nopal de tunas rojas. Los mexicas levantaron ahí un pequeño oratorio alrededor del año 2 Casa (1325 dC), que habría de convertirse en el corazón de la gran ciudad, llamada Tenochtitlán.

El potente animal va a representar al dios solar Huitzilopochtli, ya que encarna los valores mexicas fundamentales: la fuerza, el poderío, el dominio sobre los otros, el afán de ocupar el sitio central en el cosmos, como el sol.

Una de las obras plásticas que corroboran los datos de las fuentes escritas es la escultura llamada Teocalli de la guerra sagrada, que representa el águila sobre el nopal, de cuyo pico sale elatl tlachinolli, y el gran tambor de madera de Malinalco. Esta pieza extraordinaria se puede admirar en la exposición sobre Moctezuma, que se presenta actualmente en el Museo del Templo Mayor.

A lo largo del virreinato el importante símbolo mexica fue prácticamente olvidado. Su recuperación se inició a raíz de la Independencia, en que se le reconoce como uno de los símbolos de la nueva nación. Sus representaciones fueron diversas; la mayoría copiando águilas europeas. Fue hasta 1915 en que, a raíz de un artículo periodístico de Manuel Gamio, que después publica en su libro Forjando patria, en el que señala este absurdo, es que el presidente Venustiano Carranza ordena rediseñar el escudo nacional con el águila mexicana.

Ahora la pintora Carmen Parra, devota de lo nuestro, ha pintado unos impresionantes cuadros que la muestran en distintos momentos, ya que una águila real viva ha posado en su estudio acompañada de su joven cetrero Diego Rodríguez, lo que le ha permitido captarla en pleno vuelo, sedente, de perfil, de frente, dándole vida en grandes lienzos, que vale la pena conocer.

Se pueden admirar en la galería del Centro Cultural El Aire, que ocupa parte del predio en donde se encuentra la casa que vivieron Miguel y Rosa Covarrubias, en el barrio de Tizapán, en San Ángel. El sitio tiene un encanto especial ya que resguarda el archivo y la biblioteca del notable pintor Alberto Gironella, padre de Emiliano, hijo de Carmen Parra, también artista, así que El Aire muestra obra de los tres.

En los altos del laberíntico espacio habita la pintora, rodeada de la copa de los árboles, en unas habitaciones enmarcadas por jaulas con pájaros, un loro verde, macetas con hierbas de olor y un primoroso jardín flotante, del que cuelgan flores multicolores; así, con su desbordada creatividad, convirtió las azoteas en un jardín de las delicias.

Gran cocinera, Carmen Parra hace una magnífica mancuerna con Julia, la adorable oaxaqueña que hace los mejores tamales de acelgas, de camarón seco, de Nayarit y unas pacholas en metate que hacen agua la boca. Están preparando un libro con las recetas de la casa. La amplia cocina bautizada como la Cocina de los Ángeles, combina la tradición con el equipo más moderno y sirve también de taller gastronómico. Los apetitosos resultados se degustan en un patio rodeado de vegetación semitropical y una añeja palmera que llega a las nubes.

Aquí se está fraguando un menú inspirado en la comida del águila. Se sabe que la regia ave come, entre otros: conejo, perdiz, pichones y tlacuaches. Pronto podremos saborear diversos platillos con estos ingredientes, en lo que está participando la escuela de gastronomía del Claustro de Sor Juana.

Si quiere darse una vuelta hable con Carolina o María al 56166222/02 o escriba al correo electrónico [email protected]