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Revueltas en Magreb y medio oriente
Entre pilares y azulejos miles de jóvenes claman en Marruecos por una nueva sociedad

No quiero ir a Europa por oportunidades, quiero un país que me las ofrezca, aseguran

Somos generaciones sin motivación, pero podemos conseguir lo que queremos

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Miles de manifestantes se reunieron ayer en la capital de Marruecos para exigir al rey Mohammed VI medidas drásticas contra la corrupción en el gobiernoFoto Reuters
Rodrigo Hernández Tejero
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Lunes 21 de febrero de 2011, p. 30

Rabat, 20 de febrero. El día está igual de nublado que nuestro país, comentaban entre risas varios manifestantes. El ambiente era bueno, pero la convocatoria dejaba mucho que desear. Pasaban más de 30 minutos de la hora pactada para empezar la concentración en el centro de Rabat, pero delante de la Gran Mezquita había apenas unas 3 mil personas.

La lluvia no ayudaba y el cerco policial tampoco, pero aunque muchas ciudades marroquíes recuerdan en infraestructuras a Europa, hay que destacar que la cultura africa- na lo impregna todo y la impuntualidad es una de sus fieles características.

Poco a poco mujeres, niños y jóvenes se fueron uniendo a un contingente que empezó a ocupar incluso los charcos. El llamado se había realizado nuevamente a través de las redes sociales, apoyado en esta ocasión por diversas organizaciones no gubernamentales de derechos humanos.

Llevamos trabajando años para conseguir un Marruecos que respete a sus ciudadanos, pero hemos comprobado que si queremos un cambio deberá realizarse desde la estructura del país, comenta Yusuf, mientras una masa de personas intenta pasarle por encima. Vienen varios líderes de la oposición y no estamos muy acostumbrados, dice, intentando justificarlos.

El movimiento Justicia y Espiritualidad no sólo se unió a la marcha, sino que le aportó mayor relevancia. Este grupo de islamitas moderados es el que más seguidores arrastra en el país y según diversos analistas podría ocupar un impor- tante puesto en el gobierno en caso de producirse elecciones democráticas. Estamos aportando organización en esta marcha porque queremos que se den cuenta de que estamos unidos y que buscamos cambios, grita uno de los dirigentes del movimiento.

Durante los últimos días el gobierno marroquí intentó realizar reformas que calmaran el ánimo de sus ciudadanos, pero las subvenciones en hidrocarburos y el control de los precios en alimentos básicos parecen no ser suficientes para los manifestantes.

Queremos vivir con dignidad, tener libertad, poder decidir nuestro propio futuro y No quiero ir a Europa en busca de oportunidades, quiero un país que me las ofrezca, son consignas que podrían haber salido de la boca de millones de jóvenes en distintos países árabes, pero que en esta ocasión son obra de Rahim, un estudiante que –dice– no podrá terminar sus estudios universitarios.

El nivel y el alcance educativo en Marruecos están muy por debajo de la media de sus países vecinos. Miles de niños empiezan a trabajar a los 12 años, edad legal para comenzar a hacerlo, intentando aportar algo a la maltrecha economía familiar. Pero la falta de oportunidades laborales y las dificultades para acceder a un sueldo digno han hecho de este país un ejemplo de contraste económicos, con un número de familias pobres que no deja de crecer, y sin una clase media.

Por eso hay menos expectativas de conseguir un cambio real aquí, dice Yazmín. Fueron jóvenes con estudios los que fomentaron la revolución en Túnez y la clase acomodada dio el último empujón para sacar a Mubarak en Egipto. Aquí casi no tenemos eso, se lamenta.

Aun así, la interminable afluencia de marroquíes hasta la concentración permitió el inicio de una verdadera marcha. Los comerciantes se apresuraban a echar el cierre de unos negocios en los que están obligados a poner en un lugar visible una foto de su rey, Mohammed VI. Tenemos una tradición monárquica de 12 siglos, nosotros no queremos terminar con nuestro rey, reflexiona Anas.

Por si las dudas, los vendedores de periódicos no dudan en quitar las diferentes revistas y publicaciones con portadas que alaban la figura del monarca. En las últimas semanas se ha realizado una auténtica campaña para mostrar a su líder como una persona afable y preocupada por su pueblo. Sus fotos han llegado incluso a Facebook y una iniciativa de origen desconocido llamaba a los ciudadanos marroquíes a poner la foto de su rey como perfil durante el día de los enamorados.

Sea por cultura, historia o campaña, lo cierto es que las reivindicaciones realizadas durante la marcha no se centraron en la salida del monarca. La mayoría queremos que se quede como figura parecida a la de las monarquías europeas, donde él no decida la política del país. Eso lo haríamos nosotros por medio de elecciones.

La policía sigue de cerca al contingente, pero en ningún momento se produce un enfrentamiento. Su fama en el país deja mucho que desear, sobre todo después de la masacre sufrida por el pueblo saharaui en el campamento de El Aaiun el pasado noviembre, cuando reclamaban su independencia. El gobierno todavía no ha permitido la entrada a ningún medio de comunicación en la zona y nadie sabe cuántos muertos se produjeron, comenta Mohamed, que sujeta la bandera saharaui en el brazo, algo muy poco común en este país.

Cerca de 150 mil personas llegaron a diversas instituciones públicas gritando consignas contra la corrupción y con pancartas y lemas que difícilmente se escuchan en Marruecos. Varios manifestantes por medio de altavoces relataban los enfrentamientos que se empezaron a producir en otras ciudades y alertaban del cierre de varias carreteras con destino a Rabat.

Entre fuentes, pilares y azulejos de una ciudad influida por el arte mozárabe, miles de jóvenes gritaron hasta bien entrada la tarde consignas en busca de una nueva sociedad.

Somos generaciones sin motivación. Nadie creía que un cambio era posible y, aunque en este país sabemos que el pueblo no va a salir a la calle masivamente el primer día, nos hemos dado cuenta también de que podemos conseguir lo que queremos, podemos lograr lo que necesitamos, grita Nadya. Sus palabras no surgen sólo desde su garganta, sino llevan la rabia de todo su interior. Los que la rodean aplauden, mientras su madre intenta disimular las lágrimas en sus ojos.

Nadie sabe con seguridad cómo se irán desarrollando los acontecimientos en este país. La incertidumbre envuelve cada convocatoria y los tentáculos del régimen de Mohammed VI se mueven intentando normalizar la situación.

Los manifestantes se van retirando mientras los mismos chicos que gritaban al inicio cantan ahora acerca de la salida del sol, no sólo en Rabat, sino en todo Marruecos.