Opinión
Ver día anteriorMartes 3 de mayo de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ciudad Perdida

Lo que revela una encuesta reciente El DF, el PRD y los olvidados

Miguel Ángel Velázquez
C

on todas las reservas que puedan tomarse al respecto, porque las encuestas suelen ser pequeñas dosis de verdad momentánea, y mentiras de largo plazo, el gobierno de la ciudad de México tiene en su poder unas últimas mediciones que muy poco favorecen al PRD en el DF. Dicen quienes las conocen a fondo que la capital está en peligro, que la izquierda la puede perder.

Como decíamos, las encuestas miden el momento, que puede estar influido por muchos factores que trastornan el sentido del voto en el momento en que se realiza la encuesta, pero de todas formas, crean un ambiente que generaliza opiniones, sobre todo si se aderezan de campañas en los medios de comunicación.

Entonces, las mediciones que muestran decisiones marginales se van convirtiendo en verdades universales que no requieren de realidades para cambiar su sentido, sino más bien de contracampañas mediáticas carísimas que reviertan percepciones donde las virtudes son, por lo regular, superficialidades que nada tienen que ver con la forma de pensar de un político, o de su manera de gobernar.

De cualquier forma, la encuesta es la encuesta, y se alimenta de las inseguridades de los mismos políticos; por eso son tan socorridas. Ahora el gobierno de Marcelo Ebrard tendrá que volver la cara hacia la ciudad para mirar de frente que las acciones en las que él mira la conquista de las clases supuestamente olvidadas por los gobernantes perredistas anteriores no le han resultado tan provechosas como piensa: el DF está en peligro.

Y no todo es culpa del gobernante. El PRD en la ciudad se ha desmoronado; su dirigente, Manuel Oropeza, se vistió con el atuendo más popular en el perredismo, el del camaleón, y unas veces corre desesperado a cobijarse en el movimiento lopezobradorista y otras, casi siempre, llega manso a ponerse a las órdenes del perversor Bejarano, aunque él sí sabe que entre esas dos formas de pensar no hay similitudes.

Es más, Oropeza viaja en el entendido de que entre López Obrador y Bejarano ya no hay compostura, pero él, callado y retraído, juega en los dos bandos, mientras declara y declara y en su partido no pasa nada porque hace buen rato que no existe trabajo en la base.

Tal vez Oropeza tenga razón, para qué realizar trabajo con la militancia si ese trabajo puede interpretarse como una señal en favor de este o de aquel candidato, así que para él más vale seguir opinando un día en favor de unos y otra en favor de otros, pero sin poner en juego, jamás, la piel de camalón que, a fin de cuentas, para eso sirve: para confundir.

Por eso, ahora que las encuestas dan razón de la pérdida de simpatías de los habitantes de la ciudad por el Partido de la Revolución Democrática, se hacen obvias las deficiencias de una dirigencia que no aprendió de los fracasos chuchos ni de los derrumbes priístas, y se empeña en seguir por el camino del desfiladero.

Lo cierto es que no es el primer aviso. Por ejemplo, se sabe en todas partes que la delegación Cuauhtémoc –donde se impuso la voluntad del perversor Bejarano para colocar un militante tal vez fiel, pero absolutamente incompetente– está, por el momento, perdida, y que la ciudad en su conjunto vería caer el voto que hasta ahora tiene a la izquierda en el poder.

Así pues, mientras Marcelo Ebrard conquista las voluntades de las clases medias y pudientes que han sido olvidadas, y Manuel Oropeza sigue las recetas del fracaso, la situación política del DF seguirá siendo un desastre: ¡Que alguien intervenga!

De pasadita

¿Qué tal el asunto de Paula Cusi? El favorcito le va a costar, o ya le costó, muy caro al procurador Mancera. Tanto que hay muchos que dicen que habrá que sacarlo de la lista de posibles para el gobierno de la ciudad, a menos que sus favorecidos le monten un show para reintegrarle algo de lo perdido. ¡Lástima, tan bien que iba!