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A la mitad del foro

¿Un lobo para pastorear al cordero?

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Mitin encabezado este sábado por Javier Sicilia en El Paso, TexasFoto Víctor Camacho
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l día que llegaron al Paso del Norte hubo decenas de muertos en el país. Y llegaron a doscientos treinta y ocho los cadáveres desenterrados de las fosas de Durango. A Tamaulipas no llegó el consuelo de la marcha que dio voz y rostro a las víctimas de la guerra contra el crimen organizado; de la militarización de la seguridad pública y la instauración del estado de excepción ficticio desde el Suchiate hasta el Bravo. La marcha del consuelo y la firma de un pacto por la paz que reclama instaurar juicio político contra el presidente Felipe Calderón, Genaro García Luna, Javier Lozano y el retorno de las fuerzas militares a sus cuarteles. No es poca cosa.

Y es mucho más al multiplicarse el eco de las voces del valor, del dolor incontenible y la fuerza de esas mujeres que al paso de la marcha hablaron, denunciaron y exigieron justicia. No clamaron venganza ni llamaron a montar barricadas en las poblaciones atormentadas por el terrorismo de las balas y la ausencia del estado de derecho: exigieron justicia. Los de la marcha llegaron a Ciudad Juárez y emprenden el retorno sin haber acordado el cómo y cuándo del retorno de soldados y marinos a sus cuarteles. Eso y varios asuntos más. No fue una marcha triunfal; no hubo una sucesión de plazas pletóricas de mexicanos hartos de la mortandad que no cesa y la impunidad que impera. No hubo aclamaciones sino el sordo dolor compartido y la visión de una posible resistencia civil pacífica entre las balas y ante una clase gobernante sorda y ciega.

No es poca cosa, habrá diálogos en Gobernación y en las cámaras del Congreso de la Unión. En Ciudad Juárez esperan más de 10 mil huérfanos de los que nadie se hace cargo; olvidados y marginados, en orfandad como las de los niños españoles que aquí recibieron asilo cuando huyeron de su tierra al imponerse las falanges del fascismo franquista en España: el gobierno de Lázaro Cárdenas vio, escuchó y ofreció techo, comida y educación a las víctimas de esos años negros. Hoy, nadie se hace cargo, nadie habla del abandono de los nuestros, los de Ciudad Juárez y las decenas de miles que han quedado huérfanos en esta guerra contra el crimen organizado. Y no hay marchas del consuelo para los millones que se despiertan y se acuestan con hambre, un día sí y otro también. Para los mexicanos hijos de la pobreza y la desigualdad, condenados a trabajar en condiciones infrahumanas: La continuación del trabajo infantil es prueba de la falta de sostenibilidad del modelo de crecimiento predominante, declara el director general de la OIT. Los nuestros están entre los más de 5 millones que trabajan sin haber cumplido la edad mínima de admisión al empleo en América Latina y el Caribe.

Es natural el desacuerdo entre los firmantes del pacto. Hay divisiones entre los dirigentes de la marcha y las organizaciones no gubernamentales juarenses por la relación del movimiento con Felipe Calderón. Con esos bueyes hay que arar. Cuando se pone en marcha un pueblo surgen líderes naturales, inesperados oradores, conductores de hombres que no reclaman la conducción de la marcha. Julián LeBaron es uno de ellos: Tenemos que convencer de que México sí tiene solución, con la claridad de que debe alcanzarse por la vía pacífica, dijo el de Chihuahua. Están en marcha. Y anuncia Javier Sicilia que irán al sur, al encuentro con la pobreza de allá, con la violencia y el abandono en la guerra de clases y de castas que nos cuentan que ya habían desaparecido de México y del mundo neoliberal y neoconservador.

Ahí, donde el gobierno panista hace campaña en favor del señor Agustín Carstens Carstens, gobernador del Banco de México, de la banca central institución del callismo y en la que participó Manuel Gómez Morín; hoy entidad autónoma en virtud del reformismo. Autonomía olvidada, desestimada y desacatada por los panistas que tanto se quejaron del autoritarismo presidencial. Error grave, doblemente grave por innecesario. Al Chicago Boy, monetarista inamovible, postulante del dogma del todo mercado y nada de Estado, a don Agustín Carstens, dicen los analistas desde el exterior, es a quien el gobierno mexicano quiere hacer pasar por tercermundista. En política, decía Lyndon B. Johnson, es indispensable saber contar: si cuentas con los votos necesarios, presentas tu iniciativa o tu candidato. Carstens no cuenta con esos votos, y madame Lafarge puede darse el lujo de decir: No soy candidata europea.

Los militares, siempre bajo el mando civil del presidente de la República, no pueden suplir al Ministerio Público, ni entrar a casa alguna sin orden de cateo dictada por un juez. La detención de Jorge Hank Rhon en Tijuana violó la norma constitucional, las garantías individuales, el proceso legal. Utilizar a las fuerzas armadas para esas funciones, sin haberse establecido previamente la suspensión de garantías individuales, pone en entredicho al Ejército Mexicano, al comportamiento ejemplar al servicio de la República, al respeto y admiración del pueblo mexicano por las tropas, oficiales y jefes cuya obediencia al mando civil y sobre todo al cumplimiento de lo que ordena la Constitución, ha mantenido a México libre de toda asonada, cuartelazo, o rebelión militar desde 1929.

No se trata de defender a Jorge Hank, cuya mala fama trasciende fronteras y cuyos excesos lo han llevado a exhibiciones vergonzosas. Se trata de un pobre político encumbrado por la mano tendida del priato que perdió el apoyo del poder desde el poder. La PGR ya lo puso a disposición de un juez en Baja California, acusado por acopio de armas de uso exclusivo del Ejército; y añadieron cargos por homicidio. Estamos ante un abuso faccioso del poder capaz de fracturar el sistema plural de partidos, además del fiasco judicial: haber hablado de flagrancia para justificar el allanamiento; el cúmulo de errores atribuibles a un maniqueísmo artificioso aplicado en defensa de la democracia vista como logro exclusivo del PAN y para impedir a toda costa el retorno del mal encarnado en el PRI.

¿Qué esperaban ganar con el enjuiciamiento de Jorge Hank? En el estado de México habrá elecciones el 3 de julio; Eruviel Ávila conserva firme ventaja y nada parece capaz de evitar su victoria. Alejandro Encinas es político de oficio y convicciones firmes, pero no traga lumbre. Echará el resto en las zonas limítrofes del DF y buscará recuperar Chalco, Neza, Ecatepec. Sabe que no hay tiempo ni recursos: por eso habla de hacer un milagro. Felipe Bravo Mena es el modelo perfecto del conservador a ultranza, atildado católico de Pedro el ermitaño. Del Yunque ni una palabra: mentiras o fantasías, farfulló en respuesta a lo dicho por Alejandro Encinas. Los jóvenes turcos de Los Pinos no esperan un milagro y por eso se olvidan de Eruviel Ávila y se lanzan contra Enrique Peña Nieto.

En Nayarit fingen olvidar el desastre de la alianza con el esposo de la hoy panista Marta Elena García; en Coahuila lanzan cargos de nepotismo para favorecer al compadre; y en Michoacán, Luisa María Calderón podría llevar al PAN a una derrota a manos del ex alcalde de Morelia Fausto Vallejo Figueroa. Y nadie quisiera acordarse de la alianza en Chiapas que hizo gobernador a Pablo Salazar Mendiguchía, hoy preso en el penal de El Amate.

Pero el montaje fascistoide envilece la política. Y tratar de invertir el sentido de la fábula para cubrir al cordero con piel de lobo, podría ponernos ante el fantasma del golpismo.