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Narcoviolencia

En la capital neoleonesa realizan cadena por la paz y la justicia

Es hora de despertar del letargo
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Habitantes de Monterrey salieron ayer a las calles para exigir que se ponga freno a la violencia que se vive en el paísFoto Víctor Camacho
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Lunes 29 de agosto de 2011, p. 3

Es hora de despertar del letargo en el que estamos. Somos más los buenos que los malos. ¡Únete! Es por la paz y por las familias que están sufriendo, grita Jorge para animar a la gente a formar una cadena por la paz en la calzada Del Valle de Monterrey, Nuevo León.

Sin embargo, en el próspero municipio de San Pedro Garza García la gente vive en una burbuja y la respuesta a esa cadena por la paz es escasa. Apenas 100 personas han atendido el llamado, entre la multitud que durante la mañana acude a la zona cerrada al tráfico para trotar, hacer yoga, andar en bicicleta o escuchar Las cuatro estaciones, de Vivaldi, interpretadas por el grupo de niños estudiantes de violín.

Hace un día espléndido, soleado, y una equilibrista vestida de rojo cae de un puente peatonal, mientras los perros, los niños y sus padres se pasean alegremente por los jardines bien cuidados. Es el otro Monterrey, el de la riqueza y el bienestar: Sigamos unidos. Estamos de pie; hay 100 millones de mexicanos de pie pidiendo paz y queremos recordar a las víctimas de la violencia, insiste Jorge mientras entrega gises para que la gente dibuje corazones y símbolos de amor y paz en el asfalto.

Ayer fui a dos funerales. Hoy iré al tercero. Es terrible lo que nos ha pasado. Necesitamos que la gente se una, dice visiblemente emocionada Claudia Ibarra, montada en patines, mientras escribe en un corazón la leyenda: Amo la paz.

La pequeña cadena por la paz pretendía ser una gran cadena humana y empezar en la rotonda de Los Tubos, en Gomez Morín, siguiendo por calzada Del Valle, hasta la rotonda de la calzada San Pedro, pero no se pudo. No hubo respuesta. La gente siguió caminando felizmente ajena a la tragedia del casino Royale.

Sí, es verdad, esto es una burbuja porque rehusamos darnos por vencidos y ceder a la violencia. La vida sigue. Estamos luchando por darles a nuestros ciudadanos la mejor calidad de vida, reconoce la arquitecta María del Carmen Elosúa González, directora del Instituto Municipal de Planeación Urbana, que dirige el programa de los domingos San Pedro de pinta, organizador del evento por la paz.

Necesitamos orar por la paz, cada uno con su religión, grita Jorge micrófono en mano. La respuesta fue la misma. En las iglesias de Monterrey y su área metropolitana las misas estuvieron dedicadas a las víctimas del ataque al casino Royale, donde murieron 52 personas, según anunció el cardenal Francisco Robles Ortega, quien instó a los sacerdotes a orar por el eterno descanso de las personas que perdieron la vida en el acontecimiento suscitado en esa casa de apuestas.

En la catedral, el padre Guadalupe insiste, en la misa dedicada a los niños, en que todos deben hacer posible la paz.

Enfrente, la Macroplaza se prepara a recibir cientos de personas no solamente pidiendo y orando por la paz, sino exigiendo un cambio de rumbo en la política de seguridad de Felipe Calderón: “Ahora nos mandan 3 mil soldados y policías federales, pero no nos sentimos más seguros con ellos; al contrario, está comprobado que la militarización genera más violencia. El enfoque de este gobierno es el mismo, a pesar de los errores cometidos en esta guerra: ‘te vamos a dar más de lo mismo, más militarización’. Esta ciudad está militarizada desde hace dos años. ¿Qué les hace pensar que enviando más soldados van a mejorar la seguridad? Eso no sirve absolutamente para nada”, comenta el activista David Pulido, del colectivo ciudadano Pueblo Bicicletero, quien afirma que en Nuevo León no hay gobernador desde que Rodrigo Medina asumió el poder.

La protesta se convirtió en un referendo sobre el desempeño del actual gobernador. Las pancartas exigían su renuncia. Los gritos de fuera Medina acallaban otras voces que clamaban por la renuncia de Felipe Calderón.

Obviamente aquí hay un sector grande de panistas. La imagen de los manifestantes es de clase media, clase media alta: es gente con un nivel de politización muy bajo. Para la gran mayoría ésta debe ser la primera vez que salen a manifestarse. Ahora la miseria y la delincuencia, que siempre existió y poco les importó, les pasó por enfrente de su casa; salen con unos tintes de intolerancia, retrógrados y en favor de la militarización, en favor de ceder libertad con un tufo de conservadurismo, señala la académica Lilia Palacios, de la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Los manifestantes golpeaban la puerta del palacio de gobierno, exigían un basta ya a la violencia, pero Consuelo Morales, directora de Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, advirtió que la solución no es mandar más militares y policías federales: Traer más fuerzas federales implica más desapariciones forzadas, más tortura, más violaciones a los derechos humanos. Me parece lamentable que un hecho tan grave, enmarcado en una violencia creciente, se circunscriba solamente en la renuncia de Rodrigo Medina, cuando esto se da en una escalada de violencia por la estrategia de Felipe Calderón.

El ánimo de los manifestantes fue subiendo de tono conforme iban llegando cientos de personas. Un señor que llevaba una pancarta exigiendo la renuncia de Felipe Calderón fue golpeado. José Luis García Krauss, presidente de Propuesta Cívica, criticó las muestras de intolerancia: Los querían matar por pedir la renuncia de Calderón. Es evidente la presencia de grupos más ligados al panismo.