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¿La Fiesta en Paz?

Mi tauromaquia se sustenta en el gozo; no quiero ser actriz ni modelo, sino ¡torera!: Lupita López

Leonardo Páez
N

o sólo es guapa y atractiva, con 50 centímetros de negrísima cabellera que resalta su esbelta figura y enmarca un rostro de ojos magníficos y sonrisa espléndida, sino que, cuando con deliciosa espontaneidad y sutiles ademanes externa sin prisas sentires y pensares, su belleza trasciende, se multiplica y conmueve, igual que al inspirarse en un lance o un muletazo frente al toro. Es la yucateca Lupita López, alternativada hace apenas siete meses en la Plaza México cortando merecida oreja.

En mi tierra, comienza Lupita, hay una arraigada tradición y una gran afición por los toros, pero de otro rango y sin muchos apoyos. Yo quería sentir el cante de la Plaza México y desde mi primer capotazo como novillera la gente respondió muy bien. Sí, esa tarde llevaba un trenzado muy original que me sirvió mucho, no sólo para que no me estorbara el pelo sino para que la gente se fijara en mí.

“Mi tauromaquia se basa en el sentimiento, quizá porque desde muy chica toreaba en plazas de trancas, con cuadrillas improvisadas, públicos relajientos, toros toreados y sin despuntar e incluso con perros en el ruedo. Una lidia totalmente rústica que contribuyó a que afinara mi expresión de gozosa tauromaquia a partir de una infancia feliz en que jugaba al toro, no a las muñecas. Esa línea del sentimiento es la que procuro seguir.

Yo no quiero ser actriz ni modelo, yo quiero ser ¡torera!, enfatiza Lupita. Para eso entreno diario en la plaza, en los viveros de Coyoacán o en mi casa y voy al gimnasio, pero siempre a mis horas, a mi aire, no con rigidez, sí con disciplina y todos los días. (La matadora me deja entonces tocar su bíceps derecho y compruebo su fornida consistencia.) Corro, hago bicicleta, cintura, piernas y muñecas; en la plaza corro para atrás, subo y bajo las escaleras y con la espada me tiro incontables veces en el aparato, al igual que en los viveros, donde entreno además con capote y muleta.

Se para Lupita al tocador y el restorán completo se ve obligado a admirar la escultural figura entaconada de la joven, cuya hermosa cabellera confirma su gusto por la vida y por jugársela frente a los pitones, como si suya no fuera. Al regresar agrega: Procuro no perder mi feminidad en el ruedo, así como ir vestida más elegante que a una boda. Todas se casan o quieren casarse, pero casi nadie toma la alternativa. Disfruto cada momento de mi entrenamiento, que no veo como carga, sino como oportunidad de gozar cada día. Soy una mujer normal a la que le encanta la música, el teatro y la lectura, pero mi mente sólo gira en torno a mi carrera. Mientras yo toree no puedo pensar en embarazos ni en lazos, como no sean con el toro. La vida es corta, por eso hay que disfrutarla con más corazón que razón.

“La gente se interesa por un espectáculo, continúa Lupita, en la medida en que se le informa e invita. Sin promoción ni publicidad ningún espectáculo puede funcionar. Hay que sumar esfuerzos para hacer en México un espectáculo taurino realmente atractivo y emocionante. ¿Por qué hay tanto aficionado al futbol? No porque seamos muy buenos, sino porque ese deporte tiene una enorme difusión en todos los medios y un gran apoyo publicitario. Eso le hace falta a la fiesta brava.

“De mi vida privada prefiero no hablar porque determinada información resta fans. Mi novio realmente es el toro. Amo en verdad esta profesión que he elegido y que será corta necesariamente, pero quiero que sea intensa e importante. Tengo 3 hermanos: uno que también es torero y estudia matemáticas, y dos hermanas menores con maestrías en turismo y sicología, respectivamente. Mi padre toda su vida ha sido empresario taurino y mi madre, bueno, es la más valiente de todos y una motivadora extraordinaria. Me puso como condición que terminara una carrera. Soy licenciada en nutrición.

No quiero que me encasillen en carteles de toreras. Nos limita y nos deja en desventaja. Frente al toro no importa el género sino de qué cuero, sin doble sentido, salen más correas. No se puede creer que algunos no quieran alternar con mujeres por temor a que nos podamos ir por delante. Y remata Lupita: donaré mi cabello a niñas con cáncer, pero necesito dejarlo crecer más para que al cortarlo siga quedando largo. Y sí, quienes no quieren alternar con ella en el ruedo no saben de lo que se pierden.