Sociedad y Justicia
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Además de las secuelas del tratamiento, las derechohabientes padecen desgastantes traslados

Envía el IMSS a cancerosas a otras ciudades para recibir radioterapias

Malos tratos del personal que da servicio, otro de los problemas que deben enfrentar

Ángeles Cruz Martínez
 
Periódico La Jornada
Viernes 4 de noviembre de 2011, p. 44

Todos los días a las 14 horas salen los autobuses para Toluca, Pachuca o Cuernavaca, según el lugar que hayan elegido las enfermas de cáncer de mama para recibir sus sesiones de radioterapia. Para la mayoría esta es la última etapa de un largo tratamiento con el que buscan erradicar el tumor y salvar sus vidas, pero no acaban de entender por qué si son derechohabientes del Instituto Mexicano del Seguro (IMSS), deben realizar esos desgastantes recorridos, en lugar de ser atendidas en el Hospital de Oncología del Centro Médico Nacional (CMN) Siglo XXI.

Parece que en el CMN hay seis máquinas pero sólo funcionan dos, lo cual resulta una tragedia para pacientes que durante los 25 días que reciben las radiaciones, además de las secuelas físicas y malestares que aún tienen por la quimioterapia y cirugía previas, deben batallar con los traslados a la ciudad de su elección y luego el regreso a sus casas.

La razón es que el IMSS contrató servicios de particulares para prestar el servicio a las derechohabientes. Aunque para varias de ellas significa salir de sus domicilios a las 11 o 12 del día para estar a las 14 horas en la puerta 11 del CMN, donde salen los autobuses.

Las que vamos a Toluca debemos llegar allá a las 15 horas, en que se supone empiezan las sesiones. Cada vehículo lleva a 20 pacientes, cada una acompañada de un familiar. Todas regresan en el mismo autobús al CMN Siglo XXI, alrededor de las 20 horas. Y así todos los días.

Era eso o esperar hasta el próximo año a ver si los equipos de Oncología ya funcionan. Esa fue la opción que les dio un médico, al que identifican sólo por su apellido, Calva, del área de radioterapia del CMN. Obviamente se trata de salvar mi vida, y si ya me ha costado tanto no me iba a arriesgar a que el tumor volviera a crecer, señaló Eva.

En la misma situación están las demás que aceptan ir a alguna de las ciudades donde están los servicios privados contratados por el IMSS. ¿Por qué tan lejos?, preguntó Eva al doctor Calva y la respuesta fue que el Seguro Social no negaba el servicio y en ningún lado dice que la atención se deba dar a un lado del hospital.

La Jornada solicitó información al IMSS sobre el tema desde ayer en la mañana, pero hasta el cierre de esta edición la respuesta seguía sin llegar.

¿Qué otra nos queda?, se pregunta la mujer y la secunda otra de las pacientes que cuestiona si por eso también deben aguantar el maltrato del personal en la clínica de Toluca, donde al llegar las hicieron firmar varias hojas en las que aceptan que sus derechos como derechohabientes del IMSS allá ya no se tienen.

Eso ha significado aguantar malos tratos del personal, en particular la asistente médica que no contesta preguntas, grita y regaña y a la menor provocación las amenaza con cancelarles el servicio.

A todas les queda claro que antes que suspender sus tratamientos, deben aguantar. Luego de la cirugía y las sesiones de quimioterapia, el organismo de las mujeres queda bajo de defensas y vulnerable a cualquier otra enfermedad. A causa de la cirugía en la cual se extirpa el tumor también sufren secuelas, empezando por la inmovilidad del brazo involucrado en la mastectomía y el cual debe someterse a rehabilitación. La recuperación es larga, requiere cuidados que se dificulta por los viajes que realizan durante casi un mes para seguir el tratamiento. Por eso no entienden el significado de una manta que por varias semanas estuvo expuesta en la explanada del CMN Siglo XXI que hablaba de una inversión de miles de millones de pesos en la compra de equipo que presuntamente ya está en los hospitales.

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