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Hay hipocresía en el trato a discapacitados

Una medalla nos cuesta el doble, dice Vianney Trejo
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La medallista se prepara para el selectivo de Londres 2012; en la imagen, posa con un par de preseas doradas durante la entrega de becas del Consejo Británico a atletas del deporte adaptadoFoto Juan Manuel Vázquez
 
Periódico La Jornada
Martes 6 de diciembre de 2011, p. a15

Vianney Trejo olvida todo cuando está sumergida en la alberca. La máxima medallista de los recientes Juegos Parapanamericanos de Guadalajara no siente las limitaciones de una malformación congénita que le impidió el desarrollo de su brazo derecho, ni le importan sus 1.28 centímetros de estatura y tampoco recuerda que es una atleta de deporte adaptado. En esos instantes sólo piensa en la técnica, en reducir su tiempo, en ganar.

El sábado 19 de noviembre pasado no pensó en otra cosa, salvo en que quería ganar una medalla más –ya tenía tres oros en el bolsillo y una marca en 400 metros–, por lo que salió a morirse en el agua en la prueba de los 100 metros dorso S6. A la mitad de la piscina sacó la cabeza y vio que su principal rival, la estadunidense Irina Kaplan, la adelantaba con dos cuerpos de distancia. Decidió hacer el último esfuerzo.

“Empecé a escuchar los gritos de la gente, algo que nunca me había sucedido, y pensé: ‘¿estaré ganando o me están alcanzando?’”, dice la nadadora, quien apenas tocó la pared descubrió que no sólo había logrado su cuarto oro, sino además impuso otra marca en 100 metros dorso. El resumen de aquella experiencia en Guadalajara 2011 concluyó con cuatro preseas doradas, dos marcas y dos platas, para convertirse en la mexicana más laureada en este torneo.

Pero todo lo que olvida y la hace superar cualquier limitación física –reflexiona la deportista– termina por volverse otra vez un lastre por la falta de cultura de igualdad para con la población discapacitada.

La sociedad es la que nos recuerda que tenemos una discapacidad, dice la joven de 17 años, quien se prepara para los intensos meses de competencia previos a Londres 2012. El simple hecho de usar transporte público ya nos lo recuerda, porque tenemos muchas dificultades para abordar un camión sin rampa o para que nos haga la parada un taxi.

Hay una realidad –considera la nadadora– que se oculta en la corrección política y que tiene su mayor expresión durante las épocas de competencias de deporte adaptado que más atraen miradas, como los Paralímpicos y Parapanamericanos. El revuelo que provocan las hazañas que consiguen –agrega– se esfuma días después de concluir los torneos y todo sigue igual.

Hay hipocresía en el trato a los discapacitados, comenta. La gente reconoce el valor de ganar una medalla a pesar de las limitaciones, pero luego todo se olvida y vuelven a mirarnos con lástima o extrañeza.

Por esa razón no titubea al afirmar que cada presea que consiguen los deportistas con discapacidad cuesta el doble de esfuerzo que a uno convencional y, por tanto, para ella poseen doble valor.

Si llegar a los entrenamientos ya es muy sufrido, yo estoy muy orgullosa de que aun estando así logré más que muchas personas normales, sostiene con seguridad. Nuestro esfuerzo es todavía mayor.

Para la nadadora hay falta de equilibrio en el trato respecto de los atletas convencionales, que empieza con las autoridades deportivas. Es verdad que los convencionales venden más que nosotros, y replica que de vivir en una verdadera cultura de la igualdad no existirían esas distinciones.