Cultura
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Incluye textos de Jaime Moreno Villarreal, Manuel Marín y Marco Perilli

Las incursiones acuosas de Claudia Gallegos fluyen en el libro Ser de agua
 
Periódico La Jornada
Lunes 28 de mayo de 2012, p. a10

Las incursiones acuáticas de Claudia Gallegos (México, DF, 1967) se conocieron el año pasado en la exposición Agua, que compartió con Javier Guadarrama, montada en la Galería de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Ahora, se acaba de publicar Ser de agua: Claudia Gallegos (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2011), primer libro sobre la pintora, que contiene textos de Jaime Moreno Villarreal, Manuel Marín y Marco Perilli.

Con motivo de la muestra, Gallegos dijo que tomar como tema los espejos de agua me llevó a explorar sobre la idea del agua, de la ambigüedad, del espacio, que es lo que me interesa. (La Jornada, 18-8-11). El libro se divide en los apartados: Ofelia, Narciso, Ulises y El aleph.

Moreno Villarreal, a su vez, escribe que durante muchos años Gallegos fue pintora abstracta: Ya no lo es, mas lo sigue siendo: ella lo siente así y lo confirma en su pintura. Paradoja nada extraña y sí muy esclarecedora. ¿Qué caso tiene seguir sosteniendo la dicotomía abstracto/figurativo?

Continúa: Durante un extenso periodo, Gallegos desarrolló un geometrismo consagrado al emplazamiento de planos y sólidos que, por la tonalidad de sus caras, despertaba ambigüedades en el espacio. El color de fondo era obtenido laboriosamente por capas. Eran cuadros muy pintados, y muy bien pintados. Además de los ritmos de la composición, ricos, varios y contradictorios, se reconocían ritmos interiores emergentes tanto del fondeado como de los pentimentos.

El paso de Gallegos a las aguas, sin embargo, no se conjuga con esa flexibilidad extrema de la abstracción que animó a tantos pintores a dejarse llevar por el flujo de la conciencia o el dictado del inconsciente, a dar soltura al gesto, a liberar la pulsión automatista. Gallegos más bien contiene el torrente, en el doble sentido de poseer y restringir. Da forma al agua. Con esto, la contradicción entre lo abstracto y lo figurativo se vuelve innecesaria, se diluye”.

Las aguas de Gallegos, en general, son tranquilas. Hay curso, pero domina el detenimiento. Moreno Villarreal observa que en la extensión de Gallegos el aspecto salutífero es tangible. Sus aguas son benignas; reflexivas en el plano interior, alcanzan además una inmersión acaso bautismal. Es el cuerpo lo que ahí se sumerge, en tanto que la mirada acude a purificarse.

Manuel Marín, artista visual, reflexiona: El reflejo no le pertenece al agua, sino a la imagen. Por ello, Gallegos atrapa la imagen del agua, para poder representar su reflejo e indagar en la mirada. Luego, el agua es lo que Gallegos presenta a la mirada, pero no la presenta como agua, sino como el medio en que la imagen se pregunta por las cosas.

Acota: “En Gallegos prevemos que todo reflejo es presencia de la apariencia, pero en ella es objeto, es real. Auténtica mirada, que al necesitar ‘recuerdo’ sin punto de vista asume como real lo invisible, que permanece solamente en el entendimiento de las cosas. El primer reflejo en el agua es Narciso; el último, Ofelia”.