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Contrátenlos en caliente

FC: el sexenio no le bastó

¿Qué tal un referendo?

Carlos Fernández-Vega
P

or más show republicano que organicen en San Lázaro –sea en la Comisión de Trabajo y Previsión Social, o en el pleno– y por más prolongado que sea el debate de altura, la (contra) reforma laboral está más que cocinada. Declaraciones van y vienen en defensa de la clase trabajadora y sus conquistas históricas (no perdonan el humor negro), pero el hecho es que la puñalada trapera está más que clavada en la espalda de la mayoría. Sólo falta servir el manjar en la mesa del patrón, uno más de los muchísimos en 30 años de esta fructífera democracia de, por y para los empresarios.

Tras la sesuda labor de la Comisión de Trabajo y Previsión Social de San Lázaro (integrada por 30 diputados, la mitad de ellos plurinominales, y el 64 por ciento del total pertenecientes a esa joya de la política nacional conocida como PRIAN), el dictamen respectivo pasará al pleno, algo que supuestamente sucedería ayer, pero debido a un cristalazo (marca Martí Batres) y otro tipo de atorones (un diputado cachirul, entre otros y la novatada de algunos legisladores) se pospuso (también se supone) para hoy mismo, cuando la mayoría de los 500 aguerridos legisladores mostrarán el músculo (léase: se limitarán a levantar el dedo por la afirmativa) y declararán valida la (contra) reforma laboral, la cual según dicen, resulta absolutamente benéfica para la masa obrera y sus familias.

Felipe Calderón no quedó satisfecho tras seis años de destrozar al país, porque a tan sólo tres meses de dejar Los Pinos el susodicho envió (el pasado primero de septiembre) a la Cámara de Diputados su iniciativa preferente de (contra) reforma laboral. Así, a los recién estrenados inquilinos de San Lázaro se les concedió un plazo de 30 días para aprobarla, corte y confección incluido. Con insólita velocidad los legisladores han procedido, y en tiempo y forma (la práctica del reloj parlamentario corrige cualquier desfase en los tiempos) aprobarán el último regalo infame (eso esperamos) del que ya se va. Todo, desde luego, para vivir mejor.

Los inquilinos de San Lázaro materializaron otro de los enfermos caprichos de Calderón para extinguir a la mayoría de los mexicanos. Si no hace mucho la fórmula era mátenlos en caliente, ahora el truco de la democracia de, por y para los empresarios es mátenlos por hambre, mediante el outsourcing, la flexibilización laboral, la contratación parcial, los salarios de hambre, y demás gracias incluidas en una (contra) reforma que, como asegura el pastor tricolor en San Lázaro, Manlio Fabio Beltrones, es necesaria y puede ayudar mucho a que México aproveche esta ventana de oportunidad para su crecimiento económico, a diferencia de lo que está sucediendo en el mundo. Esto le conviene a México. Esta reforma solamente trae garantías para los trabajadores y sus derechos, como el de huelga. Al mismo tiempo flexibilizamos la forma de contratación (N. de la R.: el despido, en realidad), sin olvidar que se deben cumplir todas las obligaciones, sobre todo, en la protección del trabajador (¡Zas!).

Y a coro, su correligionario, el cetemista Carlos Aceves del Olmo, presidente de la citada comisión legislativa, presumió que el dictamen no deja asignaturas pendientes en materia laboral, y especialmente en el tema de la transparencia. Personalmente no lo creo. Lo que pasa es que no se conocen a fondo los estatutos del sindicato y por eso hay interés porque se haga algo que ya contienen los mismos estatutos. ¿Con la (contra) reforma laboral se mantienen a salvo los privilegios de los dirigentes sindicales?, preguntaron los colegas, y el histórico defensor (marca CTM) de los intereses obreros humildemente contestó: yo no sé a qué se refieren, pero ahí lo que tendría que decir es que la ley ya obliga a que semestralmente se le entreguen cuentas a los trabajadores, que son los interesados, y son los únicos a los que les compete eso (La Jornada, Roberto Garduño y Enrique Méndez), es decir, como desde hace años y con puntualidad inglesa lo hace su líder máximo, Joaquín Gamboa Pascoe, un obrero al que nunca me verán de huaraches y quien mantiene una rara pasión, dado su ingreso como trabajador: la colección de automóviles de lujo (mientras más caros, mejor).

Hoy (o cuando finalmente se presente al pleno de San Lázaro el dictamen de la moderna reforma laboral), 500 diputados (si es que asisten todos, algo, por lo demás, no visto con frecuencia) votarán el capricho de Calderón. La mayoría de ellos lo hará por la afirmativa, de tal suerte que el actual inquilino de Los Pinos no sólo jodió a los mexicanos a lo largo de seis años, sino que perversamente le hereda una bomba de tiempo de muy corta mecha al copetón (quien si bien no es ajeno a todo esto se verá obligado a atender las consecuencias) para que la prole se mantenga en la lona.

De los 500 diputados que votarán la citada (contra) reforma, 200 (40 por ciento del total, los plurinominales) no fueron electos por los mexicanos, sino que arribaron a San Lázaro por el simple cuan democrático método del dedazo, es decir, por decisión de sus respectivos partidos políticos y sin los engorrosos trámites de campañas y urnas. De esos 200 legisladores que a los mexicanos impusieron, 111 (55.5 por ciento del total) pertenecen a la empresa PRIAN (49 del tricolor, 62 del blanquiazul; para la estadística, 15 son del Verde, 44 del ChuchoRD, 11 del PT, 9 del MC y 10 del Panal).

La ciudadanía no sabe quiénes son y menos los promovió, no votó por ellos y tampoco conoce sus planes como diputados (ahora ya tiene una muestra), pero serán ellos, todos, los que levantarán el dedo para palomear los cambios a la legislación laboral. Se les sumarán los que sí pasaron por las urnas, aunque desde antes de palomearlo ya estaba cocinado el manjar. Los chefs fueron los integrantes de la Comisión de Trabajo y Previsión Social, instancia que se integra por 30 diputados: 64 por ciento de ellos son del PRIAN (12 tricolores, siete blanquiazules), con lo que, de entrada, la (contra) reforma estaba más que garantizada. Y de esa treintena, la mitad (15 diputados) son plurinominales, es decir, aquellos que de campaña y urnas, nada. ¿Cómo votaron esos pluris? ¿Cómo creen?

Las rebanadas del pastel

Si los legisladores están seguros de que es por el bien de México y de los mexicanos; si en realidad creen que es la solución a la falta de empleo en el país; y si están ciertos de que es el camino correcto, entonces ¿por qué no lo someten a referendo? Qué tal. ¿Se animan?