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Sistema de Terreno Humano: inteligencia etnográfica
Simón Vargas Aguilar*
A

principios de mayo pasado, dos consejeros del programa denominado Sistema de Terreno Humano (HTS, por sus siglas en inglés) visitaron el cuartel del Comando Norte (Northcom), en Colorado, para analizar si existe algún grado de desconocimiento cultural que pudiera garantizar el envío de antropólogos a nuestro país, en el contexto del Programa de Análisis Cultural de México del Comando Norte. Sin embargo, el vocero John Cornelio indicó que dicho programa se encuentra en su etapa de gestación por lo que sería inapropiado comentar algo sobre un asunto que no está totalmente definido.

No obstante, el pasado 30 de abril, un vocero no identificado del Northcom informó que en septiembre próximo el Ejército de Estados Unidos enviará un equipo de expertos que colaborarán con el gobierno en trabajos sociales relacionados con el narcotráfico. Los expertos forman parte del HTS y cuentan con experiencia en los conflictos de Afganistán e Iraq, en donde han desplegado a científicos sociales de 25 disciplinas.

De acuerdo con la información disponible en el sitio web del HTS, la misión del programa consiste en “reclutar, capacitar, implementar y apoyar un ‘integrado’ con un enfoque sociocultural para realizar las investigaciones y el análisis pertinente a fin de desarrollar y mantener una base de conocimiento sociocultural”, con la finalidad de apoyar a la toma de decisiones, mejorar la eficacia operativa, así como preservar y compartir el conocimiento institucional sociocultural.

El HTS busca, desde 2007, que antropólogos y científicos sociales coadyuven en la mejora de las capacidades de los militares estadunidenses a través de la inteligencia etnográfica –alianza entre la inteligencia militar y la etnografía de campo– y la recolección de datos de primera mano, para aportar una comprensión de la cultura y la organización social de las poblaciones, a efecto de que éstos puedan planificar y cumplir su misión de una manera más eficiente, recurriendo cada vez menos al uso de la fuerza.

Cada equipo de terreno humano está compuesto por un líder militar, un antropólogo, un coordinador de investigación y un analista. Los antropólogos, que reciben entrenamiento militar, portan uniforme y van armados, deben ayudar a los militares a ganarse la confianza de la población para así, atraer a ciertos grupos sociales a la causa y evitar que se alíen a los grupos radicales o a la insurgencia.

Durante los primeros cuatro años, el HTS tuvo relativo éxito, debido a que la presencia de los antropólogos posibilitó reducir las operaciones cinéticas en 60 por ciento, y concentrar a los elementos destacados en la seguridad, la salud y la educación de los locales.

Sin embargo, existen opiniones encontradas respecto de este programa. La antropóloga Montgomery McFate, ha señalado que el HTS ha contribuido a la antropologización de los militares, lo cual ha permitido evitar daños colaterales en conflictos armados centrados en lo cultural, ya que el saber sociocultural reduce la violencia y produce estabilidad, al comisionar a los antropólogos para hacer una guerra más humana a través de un trabajo social armado.

Mientras tanto, para Marcus Griffin, un antropólogo destacado en Irak entre 2007 y 2008, el HTS constituye una oportunidad para la antropología para promover la libertad en tiempos de crisis gracias a su comprensión de las culturas. En este sentido, el académico Julien Bonhomme concluye que los argumentos positivos se basan, principalmente, en una doble operación de culturalización y de despolitización de la guerra.

Como contraparte, los detractores del HTS señalan que éste transforma a la antropología en arma de guerra, mientras que para la Asociación Antropológica Americana (AAA), el programa ubica a los antropólogos en una posición proclive a violar el código deontológico de la asociación, y que el empleo de los antropólogos pone en peligro a otros antropólogos y a las personas que ellos estudian, además de subrayar que “el envío de ‘científicos sociales’ para estudiar poblaciones locales en compañía de tropas armadas en hostilidades activas no producirá información científicamente fiable”.

La utilización de las ciencias sociales, particularmente la antropología, tiene antecedentes en el siglo XIX y XX en los imperios francés y británico, así como en las Guerras Mundiales, la Guerra Fría, y las Guerras de Corea y Vietnam. Sin embargo, ante el avance de la tecnología y el carácter multifactorial de los conflictos bélicos, debemos estar atentos a las posibles implicaciones de programas como el HTS en el nuevo contexto geopolítico.

*Analista en temas de seguridad y justicia

Twitter: @simonvargasa

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