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Vicente Rojo y Marcelo Uribe participaron en un encuentro de sellos independientes en la FIL

Cinco amigos audaces e ingenuos crearon editorial Era hace 52 años

Pensábamos que teníamos que publicar los libros que queríamos y los que la realidad pedía, comentó el artista plástico

Queremos generar un nuevo disfrute, retar el gusto del lector; esa es la diferencia con las firmas corporativas, afirmó el actual director en la mesa Otra mirada

Foto
Desde la izquierda, Marcelo Uribe, Jorge F. Hernández, moderador, y Vicente RojoFoto Héctor Jesús Hernández
Ericka Montaño Garfias
Enviada
Periódico La Jornada
Lunes 26 de noviembre de 2012, p. 8

Guadalajara, Jal., 25 de noviembre. Hace 52 años cinco amigos audaces, inocentes e ingenuos decidimos fundar una editorial. No sabíamos dónde nos estábamos metiendo. Pensábamos que teníamos que publicar los libros que la realidad pedía y que queríamos publicar, y eso fue haciendo que la editorial creciera. Así nació el sello Era en palabras de Vicente Rojo, quien al lado del actual director, Marcelo Uribe, habló del antes y ahora de esa editorial en la conferencia magistral en la apertura del Foro Internacional de Editores y Encuentro de Librerías y Editoriales Independientes Iberoamericanas: Otra mirada.

Pocas son las ocasiones en las que Rojo y Uribe hablan acerca de ese proyecto, que ha mantenido su carácter independiente durante más de cinco décadas, en un contexto en el que las compañías multinacionales compran editoriales, muchas veces con el propósito de desaparecerlas como competencia y no para aumentar o conservar el catálogo, como dijo Marcelo Uribe.

Vicente Rojo, el artista plástico autor de portadas emblemáticas de la editorial, emprendió este viaje por el mundo editorial acompañado por los hermanos Neus, Enrique y Jordi Espresate, así como de José Azorín. Los apellidos dieron origen al nombre de la editorial, que comenzó gracias a un préstamo de Tomás Espresate, padre de los tres jóvenes.

En esta mesa “represento al grupo de amigos al que se le ocurrió que había espacio para hacer una editorial nueva: Era. No estábamos tan equivocados, porque después se crearon las editoriales Joaquín Mortiz y Siglo XXI. Éramos cinco jóvenes, hijos de republicanos españoles; para entonces, creo, ya éramos republicanos mexicanos, así nos hemos definido, y en México se redondeaba un proyecto cultural muy rico, una efervescencia que se dio particularmente en los 60.

Fernando Benítez, el iniciador

“Había un momento para crear algo que no sabíamos lo que iba a ser o cuánto iba a durar. Son 52 años; me da mucha alegría. Yo trabajaba como diseñador y colaboraba con la imprenta Madero, con Tomás Espresate. Cuando pensamos que ese espacio para una editorial nueva existía, tuvimos el apoyo de don Tomás, quien nos concedió un crédito de 100 mil pesos para empezar a trabajar.

“No sé si era mucho o poco; ese crédito que generosamente dio don Tomás llegó a un millón de pesos, y don Tomas nos dijo entonces: ‘pónganse serios, hagan cuentas, decidan’. En ese momento Francisco estaba en París, Jordi estaba acabando su carrera de ingeniería, acabó y se fue a Cuba a colaborar con la revolución y se quedó allá. Neus no estaba en México, pero yo confiaba en que iba a encargarse de la administración y la dirección, porque soy incapaz de hacer una suma, resta o división.”

Contaron también con otro apoyo: Vicente Rojo colaboraba y tenía relación con dos equipos culturales: “Uno era el suplemento de Novedades, de Fernando Benítez, que coincidía ese equipo en mayor o menor medida con la Revista de la Universidad, de Jaime García Terrés. A partir de ahí comenzaron las actividades de Era, con dos libros de Benítez, quien para mí fue un amigo, entrañable, querido, generoso, maestro periodista y hasta editor, que nos apoyó de manera inimaginable.

“Comenzamos con un libro que se llama La batalla de Cuba; ese fue nuestro comienzo; por nuestros orígenes –de nuestros padres y propios– teníamos interés en cuestiones políticas y sociales. Fueron dos colecciones, ambas con libros de Benítez. La primera, de temas políticos, Ancho Mundo, y la otra literaria, Biblioteca Era. A partir de los libros de Fernando Benítez siguieron los de nuestra generación. Las editoriales que había, como el Fondo de Cultura Económica, también nos ayudaban, porque algunos libros que él ya suponía que no iban a pasar por su junta de gobierno, como la Democracia en México, de González Casanova, lo pasó, y ahora es un clásico.”

En ese diálogo, moderado por el escritor Jorge F. Hernández, tocó el turno a Marcelo Uribe, quien combina dos oficios: el de poeta y editor. Cuando nació Era, dijo, “las editoriales eran editoriales. La noción de independencia surge a partir de la absorción de sellos de conglomerados que obligan a hacer la diferenciación en el modo de hacer las cosas. Vidente describe bien: queríamos publicar los libros que nos interesaban y mostrar una visión política quizá contrastante, éstos, principios de las editoriales independientes.

“Me gustaría pensar que la verdadera edición es esta, que esta es la sangre, que aquí están los proyectos que se preocupan por un libro longevo, no fugaz, no por ese libro que vive un mes en los escaparates, regresa a las bodegas y está muerto. Eso es lo que ha generado la sobreabundancia de títulos en una política de ‘no me interesa sacar un catálogo, sino novedades y olvidarme de la larga historia de un libro’.

“Nosotros procedemos exactamente al revés; Aura, Las batallas en el desierto y muchos libros tienen muchas décadas, lo cual nos hace remar contra corriente del mercado impuesto por las grandes corporaciones, originalmente españolas, pero ahora también alemanas e italianas. Antes, los editores vendían sus libros a las librerías, que los compraban, los ponía a la venta, y ese libro estaba en una estantería visible para un público; eso desapareció y entró el sistema de consignaciones que da a los libros una caducidad casi de productos lácteos. Ese es el mayor atentado que existe contra la diversidad.

“Se decía que Televisa es para los que no son mexicanos y ‘si la gente quiere mierda, estoy dispuesto a proporcionarla’. Eso es el reverso de la edición independiente: queremos proponer algo, iniciar un nuevo disfrute, retar el gusto del lector, exactamente lo contrario, y esa ha sido la libertad que me ha dado Era como lector, como persona pensante. Es lo que hace el contraste más brutal entre la edición corporativa y la independiente.”

Sobre el futuro de la edición independiente, Marcelo Uribe se declaró la peor persona para predecirlo, mientras Vicente Rojo subrayó: Me limito al pasado y al presente, el futuro está aquí, en referencia a ese auditorio lleno de editores y libreros independientes.