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El autor aborda en su novela el suicidio de su padre: Quise reconstruir lo que pasó

La invencible es mi testamento literario: Vicente Quirarte

Empezó el libro a la edad en que falleció su progenitor, y pensaba que también moriría; sólo quería que no me ocurriera nada antes de terminarlo

Aficionado a correr, afirma que la carrera es como un milagro y la compara con la escritura: es muy solitaria, nadie te obliga

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En entrevista, Vicente Quirarte en el jardín de la nueva sede de la Academia Mexicana de la LenguaFoto José Carlo González
 
Periódico La Jornada
Domingo 10 de febrero de 2013, p. 2

De alguna forma La invencible es mi testamento literario. Habla el escritor Vicente Quirarte. Como testigo, el jardín de la nueva sede de la Academia Mexicana de la Lengua, en Coyoacán.

La invencible no es una novela, como se afirma en la cuarta de forros que acompaña la edición del sello Joaquín Mortiz. Es un poco la biografía de su padre, el profesor universitario Martín Quirarte, cuyo suicidio ocurrido hace más de 20 años, es el punto de partida de esta historia contada en primera persona. Sin embargo la figura paterna, su vida, obra y muerte, es un primer pretexto para este libro, que es algo más.

Es la relación de Vicente Quirarte con la escritura y la literatura. Los amigos, los maestros. Los gustos literarios y las pasiones. La escritura y correr. La invencible como una carrera en el desierto.

–¿Es un testamento literario?

–Es una forma, sí por una razón: empecé a escribir el libro a los 56 años, edad que tenía mi padre al morir. Claro, ¿qué te sucede cuando cumples la edad de tu padre cuando muere? Que también piensas que te vas a morir, no es que tenga esa obsesión, pero sí tenía ese pensamiento, y lo único que quería era poder terminar el libro, que no me fuera a pasar nada, que no me fuera a morir antes de terminarlo; en ese sentido es un testamento.

“Es mi testamento. Más mío que de mi padre. Sí quería decir lo que no había dicho. Es decir, hay una parte ahí que se publicó hace como 20 años, que es un retrato de él como maestro, pero había una parte en la que tenía que reflexionar sobre las circunstancias de su muerte, reconstruir lo que pasó, pero también hay que hacerlo con la mayor distancia, elegancia, respeto, tanto por el caído como por mi familia, que no sintieran que me estaba regodeando, ni que estaba yo metiéndome en territorios que finalmente son íntimos. Por eso traté de hacer esa distancia tanto con mi padre como con mi hermano.

–¿La literatura quita el miedo a vivir o el miedo a morir?

–Las dos cosas, porque te hace vivir con más intensidad y te hace entender que la escritura es una forma alterna de vivir y de entender la realidad.

La persona que escribió La invencible –que es el nombre de una cantina en San Ángel– vive acompañado por una dama oscura: la depresión, la causa detrás del suicidio de su padre y de su hermano.

–¿Esta mujer oscura de la que habla es una depresión clínica?

–Sí, de hecho cuando murió mi padre no tenía las armas científicas para entender ese padecimiento. Si a uno le duele una muela va al dentista, pero a la gente le da pena decir que tiene una enfermedad del alma. Desde la muerte de mi padre, mis lecturas reincidentes han sido libros de sicología, tratados de la melancolía, el Atlas de la depresión, Morir antes de morir, de Arnoldo Kraus... muchos libros que me han ido nutriendo sosteniendo y ayudando, además de mucho tiempo en sicoanálisis. El libro no hubiera sido posible, en parte, sin la ayuda del doctor Miguel Matrajt; las sesiones con él fueron determinantes para entender este misterio que es la vida y la voluntad propia de terminar con ella.

–¿Qué tanto condiciona como escritor el vivir con esto?

–No es una obsesión. Me condiciona en cuanto enfrentar esa posibilidad con los múltiples caminos que pueden evitar llegar a eso. No lo tengo en mis planes, pero cuando tienes una historia familiar así, por supuesto que el ejemplo está, la ruta está trazada, tú sabes el caminito. Lo que uno tiene que hacer es buscar rutas alternas para no caer en esas arenas movedizas.

A pesar de todo, este libro no fue difícil de escribir. Tampoco doloroso. Sí fue, en cambio, uno de los que más trabajó, porque traté de que fuera un libro muy castigado, donde la prosa estuviera perfectamente tensada, que no hubiera ninguna fisura, que no hubiera concesiones. En ese sentido, sí fue un libro muy trabajado.

Además de investigador, historiador, profesor, poeta y narrador, Vicente Quirarte es corredor. Y esto viene a cuento, porque en el libro, y en la entrevista, habla de esa relación entre correr y escribir, como ya lo hicieron Haruki Murakami y Joyce Carol Oates.

–Es corredor...

–Sí, era más antes, ahora ya todo me duele: la rodilla, la columna. Sí hay una comparación constante con la carrera, porque es muy solitaria, nadie te obliga; en eso se parece mucho a la escritura. También escribir duele, correr duele. Compites contra ti mismo también. Por eso hay constantes reflexiones. La carrera también ha sido una forma de tributo a mi padre, porque fue un gran caminador. Esa pasión que tuvo por las ciudades, pues también nos la heredó, y me gusta particularmente conocer las ciudades y correrlas, porque es como hacerles el amor de otra forma.

–¿Qué piensa cuando corre?

–Es cuando pienso las estructuras de lo que voy a escribir, Así como Carlos Fuentes contaba que cuando nadaba se le ocurrían las ideas, yo también cuando corro es cuando se me ocurren las cosas, Precisamente al escribir La invencible había cosas que no sabía cómo decir y al ir corriendo decía: ‘esta es la palabra que me hacía falta’.

“Escribir es como correr; no podría no hacerlo, ahí está también la posibilidad de que el día de mañana uno no vaya a escribir una página como uno la hizo hoy. La diferencia con el corredor es que llega un momento en que ya no puede hacerlo, sin embargo, al escritor, en teoría, cada vez debería costarle menos trabajo escribir, porque sabe hacerlo mejor, y tiene más práctica y más mañas, pero también tiene más exigencias, y por eso este libro sí fue como un desafío de decir: ‘quiero hacer un libro que sea muy personal, pero que al mismo tiempo pueda servir a los otros y pueda provocar una serie de reacciones que vayan más allá de mi propio dolor o de mi propia forma de ver la realidad’.

“La invencible fue como una carrera que se hace en el desierto: fue un libro muy solitario.”

La invencible se presenta este domingo a las 12 horas en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.