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Crece el coro para limitar las operaciones de espionaje

El caso Snowden genera intenso debate en EU sobre libertades civiles
David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 30 de julio de 2013, p. 25

Nueva York, 29 de julio.

El objetivo de detonar un debate público y frenar la violación de los derechos a la libre expresión y la privacidad, declarado por el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional Edward Snowden al filtrar información clasificada al público que reveló programas secretos de vigilancia masiva de los estadunidenses aquí y las sociedades de decenas de países, se cumple con nuevos llamados en el Congreso a limitar el poder secreto del gobierno y un giro en la opinión pública en favor de las libertades civiles.

En muy poco tiempo, denuncias de unos cuantos legisladores de ambos partidos –incluso de posiciones ideológicas opuestas, liberales y ultranconservadores– han crecido en un coro que promete limitar, por primera vez en más de una década las operaciones de espionaje masivo de ciudadanos por el cada vez más gigantesco aparato de seguridad nacional de Estados Unidos.

Este cambio se manifestó la semana pasada, cuando una propuesta de ley para anular el financiamiento del programa de vigilancia de datos de comunicaciones de teléfono de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), la cual fue revelada por Snowden, perdió por mínimo margen de siete votos (205 votaron en favor de la anulación), lo que alarmó a la Casa Blanca y a otros promotores de estos programas que trabajaron intensamente para derrotar esta iniciativa. Poco después, líderes demócratas de la cámara advirtieron al presidente que sus filas están cada vez más a favor de reformar estos programas.

Ahora, influyentes legisladores de ambos partidos que hace poco expresaban apoyo pleno a programas de espionaje impulsados por los gobiernos de George W. Bush y ahora Barack Obama, por considerarlos claves para la defensa de la seguridad nacional en la era de la guerra contra el terrorismo, se han sumado a nuevas iniciativas para limitar e imponer nuevas restricciones en la operación y el alcance de los programas clandestinos de vigilancia. Esto incluye por primera vez reformar el poderoso tribunal secreto, conocido como el tribunal FISA según la ley que lo estableció, encargado de autorizar todas estas operaciones bajo fallos secretos, para hacerlo un poco más transparente.

Justo después de las revelaciones de Snowden, publicadas en The Guardian y el Washington Post, la Casa Blanca, junto con líderes de los comités de inteligencia de ambas cámaras y la cúpula del Congreso, defendió la existencia y operación de estos programas. Los jefes máximos de inteligencia acudieron a audiencias y a los medios para proclamar que estos programas son esenciales para proteger la seguridad pública aquí, así como los intereses de seguridad nacional de Washington a nivel mundial. El presidente Obama repitió esta defensa.

Pero después de años y meses de criticar estos programas, los pocos legisladores que se atrevían a expresar preocupaciones por las operaciones secretas de vigilancia de estadunidenses, ahora, armados con las revelaciones muy precisas y particulares de Snowden sobre la dimensión del aparato masivo de vigilancia de comunicaciones, de repente encuentran que tienen el apoyo de sus colegas, con lo cual por primera vez impulsarán iniciativas para limitar estas operaciones.

Incluso, figuras como el representante republicano James Sensenbrenner, uno de los principales autores de la Ley Patriótica, con la cual se autorizó la construcción de estos programas así como el tribunal que los controla, se sumó a los reformadores al denunciar que nunca se tuvo la intención de permitir programas como el de recaudación masiva de registros de llamadas telefónicas de ciudadanos estadunidenses.

Ahora los defensores del aparato de inteligencia de vigilancia masiva, tanto en el Ejecutivo como en el Congreso, están a la defensiva y buscan cómo manejar los cambios que se impulsan para hacerlos más cosméticos que reales. Pero todo esto era justo lo que deseaban evitar.

Giros en la opinión pública

Lo que está abriendo, en gran medida, las posibilidades de reforma contra los deseos de la Casa Blanca y la cúpula legislativa y, por supuesto, la de inteligencia, es el giro en la opinión pública generada por las revelaciones de Snowden. Una nueva encuesta del Centro de Investigación Pew registra que por primera vez desde que se empezó a sondear este tema, en 2004, más estadunidenses han expresado mayor preocupación por sus libertades civiles que por la seguridad contra el terrorismo; 47 por ciento contra 35 por ciento creen que las políticas antiterroristas han sacrificado demasiado las libertades civiles.

La encuesta también encontró que la mayoría en este país opina que los tribunales federales no establecen límites adecuados a la recaudación de datos de comunicaciones de individuos que el gobierno sí espía el contenido de comunicaciones (algo que las autoridades negaban en el caso del programa sobre registros de llamadas telefónicas), y casi dos tercios sospechan que el gobierno utiliza estos datos para algo más que sólo investigaciones antiterroristas.

Pero, a pesar de todo, también continúa la aparente contradicción en la encuesta del Pew, donde 50 por ciento aprueba la recaudación de datos de comunicaciones telefónicas y cibernéticas como parte de los esfuerzos antiterroristas, mientras sólo 44 por ciento la desaprueba. Otras encuestas han registrado estas mismas tendencias en las últimas semanas, y las aparentes contradicciones que reflejan las secuelas del 11 de septiembre que tanto nutren el clima de temor en este país.

Por otro lado, Noam Chomsky comentó en una conferencia de prensa en Ginebra, este fin de semana, que “Snowden debería ser premiado. Hizo lo que todo ciudadano debería hacer: decir a los estadunidenses lo que hace el gobierno. Así debe ser. Los gobiernos siempre argumentan seguridad sin importar cuál sea el asunto. El reflejo defensivo es seguridad. Pero cualquiera que haya visto… lo que ha sido revelado, por lo menos lo que se ha publicado, no es ninguna amenaza a la seguridad, con una excepción: la seguridad del gobierno ante su propia población… por eso las cosas tienen que ser mantenidas en secreto”.

Mientras tanto, el futuro de Snowden permanece incierto y Washington continúa la presión internacional para capturar al filtrador que ha provocado todo este debate, o sea, logrando lo que él afirma es su objetivo.

Enlaces:

Los cables sobre México en WikiLeaks

Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks