Economía
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Tres décadas: la cereza

Otro asalto a la nación

Petróleo: la misma ruta

Carlos Fernández-Vega
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Aspecto de la protesta de militantes del movimiento Morena afuera de la Cámara de Senadores, mientras adentro se discute la reforma energéticaFoto Marco Peláez
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reinta años de intentonas, una tras otra, sexenio tras sexenio, concluyeron ayer con la ignominiosa entrega del oro negro nacional a intereses particulares, especialmente foráneos. Y de pilón, lo que queda de la generación eléctrica por parte del Estado. Suceda lo que suceda, con cerco o sin él, el petróleo se privatiza porque así lo han dispuesto los gerentes que se presentan como funcionarios al servicio del grupúsculo empresarial que domina el gobierno. Y lo peor del caso es que el voto legislativo es más que suficiente para legalizar la cesión de acuerdo con sus intereses. Todo, desde luego, para que los resultados lleguen a los bolsillos de los mexicanos, la promesa más sobada e incumplida en esas tres décadas.

Por tratarse de un asunto de seguridad nacional los sectores estratégicos no deben quedar en manos privadas, pero en México seis gobiernos al hilo los entregaron todos, y ayer le pusieron la cereza. Ya queda claro en el dictamen que se discutió en el Senado de la República (bananera), pero el quid está en los artículos transitorios y en la ley reglamentaria que decidirá a quién y en qué proporción se entregará el pastel energético.

De entrada se crearán cuatro nuevos organismos públicos (más burocracia para administrar y cuidar la riqueza del gran capital). Toda la cadena petrolera (de exploración a comercialización) y eléctrica se abre al capital privado. Pemex se convertirá una empresa productiva del Estado que competirá con trasnacionales y barones Forbes. Cancelan subsidios al consumo de energía eléctrica (igual a aumentos de tarifas, es decir, lo contrario a lo que prometió el actual inquilino de Los Pinos). Se modifican los artículos 25, 27 y 28 constitucionales con el fin de que las industrias petrolera y eléctrica dejen de ser estratégicas (exclusivas del Estado) para reclasificarse como prioritarias (de libre participación para el capital privado). Y se crea el Fondo Mexicano del Petróleo que se encargará de distribuir la renta petrolera entre el gobierno y el capital privado.

Pero nada se privatiza, insisten descaradamente los gestores disfrazados de legisladores, quienes aseguran que con la modernización energética ahora sí el primer mundo está a la vuelta de la esquina para los mexicanos, es decir, lo mismo que el grupúsculo en el poder viene prometiendo desde hace 30 años con los resultados por todos padecidos. ¿Qué queda de los sectores estratégicos amparados por la Constitución? Correos, telégrafos, radiotelegrafía; minerales radioactivos y generación de energía nuclear; acuñación de moneda y emisión de billetes. Y paren de contar.

En un resumen no limitativo, vale recordar que en su primer Informe de gobierno (septiembre de 1983), Miguel de la Madrid anunció que seguiremos el proceso de desincorporación (privatización) de entidades públicas no estratégicas ni prioritarias para fortalecer aquellas que sí lo son; con los recursos financieros y la capacidad administrativa que libera el proceso de desincorporación atenderemos las urgencias sociales de nuestra nación. Salvo Pemex y CFE (hasta ayer) no dejaron viva una sola entidad estratégica; vendieron todo, despilfarraron los recursos obtenidos de las privatizaciones y las urgencias sociales crecieron a paso veloz.

Salinas de Gortari reprivatizó la banca, concesionó las carreteras, entregó Telmex y las minas al capital privado, desapareció Conasupo y tantas otras cosas, bajo la misma premisa que Miguel de la Madrid. Se democratiza el capital financiero y las carreteras revertirán en propiedad de la nación, prometía. Pues bien, ambas fueron rescatadas con recursos públicos, y a estas alturas se sigue pagando, a precio de oro, el caldo bancario y carretero (las gruesas albóndigas se quedaron en unas cuantas manos privadas). La telefonía fija pasó de monopolio del Estado a monopolio privado y base para una de las mayores fortunas del mundo. Casi una tercera parte del territorio nacional ha sido concesionado a los saqueadores barones de la minería (nacionales y foráneos), y el país no ha recibido nada a cambio. Y el sistema de comercialización de Conasupo fue suplido por el de Walmart, con todo lo que ello implica.

Zedillo rescató la banca reprivatizada, sólo para extranjerizarla. Prometió una capitalización temporal de las instituciones financieras, y a estas alturas cerca de 90 por ciento de la banca que opera en el país es foránea, y no llegó temporalmente, sino a quedarse de por vida gozando del paraíso, mientras los mexicanos siguen pagando el rescate. Decía este personaje que de mucho servirán las reformas legales tendientes a impulsar la inversión social y privada en ferrocarriles, telecomunicaciones, aviación civil y transporte, distribución y comercialización de gas natural, que comenzarán a rendir sus mejores resultados, en términos de nueva inversión privada, en 1997. En telecomunicaciones todo el mundo sabe qué pasó, lo mismo con los ferrocarriles (de monopolio del Estado a monopolio privado), las aerolíneas (también rescatadas), y la distribución y comercialización del gas natural (antes exclusiva del Estado, se convirtieron en oligopolio, favorable a los intereses españoles).

Fox entregó la cuenca gasífera de Burgos, vía contratos de servicios múltiples, con la promesa de que México no sólo sería autosuficiente en gas natural, sino exportador neto. Las cifras más recientes de la Secretaría de Energía revelan el sonado fracaso en este plano y le ponen la cereza: México se ha convertido en importador neto de gas natural. El de la lengua larga y las ideas cortas también rescató los ingenios azucareros en manos privadas. Nuevo fracaso, que al erario no sólo le costó millones y millones de pesos, sino que finalmente el gobierno tuvo que regresarlos a manos privadas.

Calderón arrasó con Luz y Fuerza del Centro para facilitar la privatización total del sector eléctrico, y para los inversionistas privados pugnó por garantizarles seguridad jurídica en un renglón que la Constitución prohíbe la participación del capital privado. Al cierre de su sexenio, cerca de 40 por ciento de la generación eléctrica correspondió a los particulares.

Llegó Peña Nieto…y asalto consumado.

Las rebanadas del pastel:

Eso sí, todos prometieron combatir la pobreza con los recursos públicos que se liberaban con las privatizaciones, y hoy México (más Sociedad Anónima que nunca) es más pobre, crece menos y es socialmente más injusto que hace 30 años. ¿Qué pasará con las privatizaciones petrolera y eléctrica? Exactamente lo mismo.

Twitter: @cafevega

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