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Madiba y su camino hacia la libertad
Loas, rechiflas y Obama en el centro del show

Mandela, el más grande libertador del siglo XX: Washington

Jefes de Estado de 91 países, en el homenaje póstumo

El público y sus reacciones ante los invitados, también protagonistas

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Graça Machel (derecha), viuda de Nelson Mandela, estuvo acompañada, entre otras personas, de Winnie Madikizela (izquierda), ex esposa del líder sudafricano, durante el homenaje realizado a Madiba en JohannesburgoFoto Ap
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Michelle Obama observa a su esposo Barack y a Helle Thorning, primera ministra danesaFoto Ap
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Asistentes llevaron posters y camisetas con fotografías de MandelaFoto Ap
Kim Sengupta
The Independent
Periódico La Jornada
Miércoles 11 de diciembre de 2013, p. 4

Johannesburgo, 10 de diciembre.

Los jefes de Estado estaban allí, 91 en total, al igual que docenas de otras personas eminentes, entre estrellas de rock, supermodelos y la elite política sudafricana, todos congregados en un acto en memoria de Nelson Rolihlahla Mandela que había sido descrito como la más grande despedida tributada a un estadista en años recientes.

Pero ni los planes mejor trazados, incluso en ocasión tan augusta, funcionan a la perfección. Así ocurrió en el estadio de Soweto este martes; dos terceras partes de la esperada multitud que colmaría las gradas no llegaron, y quienes sí se presentaron abuchearon de manera resonante y reiterada al presidente sudafricano Jacob Zuma, retrasando el mensaje que iba a ser la parte medular de la ceremonia.

En cambio aplaudieron a rabiar el que acabó siendo el discurso central, el del presidente estadunidense Barack Obama, cuyas palabras superaron en elegancia a las de todos los demás oradores, aun si tuvo que hacerse oír por encima del ahogado sistema de sonido.

El otro vencedor del día fue el público mismo, que se negó a dejarse intimidar por los llamados desde el podio a guardar compostura y cesar el abucheo. A la vez que mantuvo la presión sobre Zuma, aplaudió al predecesor depuesto por éste, Thabo Mbeki.

Hubo también una cálida bienvenida a Frederik de Klerk, el presidente blanco que declaró el fin oficial del apartheid. Luego la multitud mostró también su perspicacia crítica hacia políticos internacionales, al aplaudir con frenesí a Obama y lanzar una rechifla cuando George W. Bush apareció en pantalla, arriba de los oradores.

La actitud de los asistentes evitó que la ceremonia se deslizara hacia la insipidez, como suele ocurrir en tales circunstancias. Sin embargo, fueron mucho menos que los esperados.

Se hizo mucho ruido en torno a la grandiosidad de las ceremonias por la muerte de Mandela. Al igual que los actuales jefes de Estado, el gobierno se afanó en divulgar que entre la concurrencia había 10 ex gobernantes, 86 jefes de delegaciones y 75 personas eminentes.

Se esperaba que el funeral atrajera un lleno de 95 mil personas en el estadio de futbol de Soweto, el lugar en que Mandela hizo su última aparición pública, en la final de la Copa del Mundo, hace tres años. En realidad aparecieron hilera tras hilera de asientos vacíos detrás del recinto destinado a los visitantes distinguidos.

Algunos atribuyeron la baja asistencia a las repetidas advertencias de funcionarios a la gente de que no asistiera, pues no habría cupo suficiente. Muchos caminos se cerraron por razones de seguridad. Sin embargo, las precauciones se aplicaron con torpeza; en algunas puertas los asistentes pasaron sin ser sometidos a revisión alguna.

“No lloverá en Soweto este día, el día de Madiba”, había sido un dicho común en este periodo húmedo. Pero vaya que llovió, sin pausa, lo cual pudo haber inhibido al menos a algunos.

Cyril Ramaphosa, el veterano dirigente del Congreso Nacional Africano (CNA) que dirigió el acto, declaró: Así es como Nelson Mandela hubiera querido ser despedido. Cuando llueve durante el funeral significa que los dioses le dan la bienvenida a uno y las puertas del cielo están abiertas.

De hecho fue un día para Nelson Mandela, y hubo ovaciones a raudales del conjunto de dignatarios internacionales en loor a un hombre que ha sido elevado a un extraordinario nivel de veneración, una figura capaz de unir a los opuestos, al menos por breves instantes.

Barack Obama y Raúl Castro se estrecharon las manos, haciendo a un lado por un momento décadas de confrontaciones por las sanciones estadunidenses a la isla. Ha sido apenas la segunda vez que un presidente de Estados Unidos saluda de mano a un líder comunista cubano. Hace 13 años Bill Clinton lo hizo con Fidel, el hermano de Raúl, después de una asamblea de Naciones Unidas en Nueva York, y en aquella ocasión la Casa Blanca primero negó que tal cosa hubiera ocurrido y luego acusó a Castro de haber tendido una emboscada social por razones publicitarias.

Ahora esos dos protagonistas pudieron unirse en el elogio a Mandela. El presidente estadunidense lo llamó el más grande libertador del siglo XX y lo comparó con Mahatma Gandhi y Abraham Lincoln. Para Raúl Castro, quien también subió al podio para rendir un tributo, fue un campeón de la libertad y la igualdad, que luchó toda su vida por los oprimidos.

Para los que estaban en las tribunas era Madiba, el que los liberó de las cadenas del apartheid y evitó que su país se hundiera en una cruenta guerra racial. La promesa de un nuevo principio y democracia en Sudáfrica no se ha cumplido del todo, y ello ha conducido a la impopularidad que experimentó el presidente Zuma, golpeado por el escándalo.

Tony Blair fue uno de los tres ex primeros ministros británicos, junto con Gordon Brown y John Major, que acompañaron a David Cameron en el viaje.

Cameron habló de un extraordinario escenario en la sala de jefes de Estado y gobierno, que dio oportunidad de hacer diplomacia práctica aparte de rendir homenaje a Mandela. Se atenderán muchos otros asuntos, sospecho, deslizó.

También presentes estuvieron Bill y Hillary Clinton, François Hollande y su predecesor Nicolas Sarkozy, el cantante Bono y la supermodelo Naomi Campbell. Pero la estrella indudable del show fue Obama. Presentado al público como hijo del suelo africano, como también se conocía a Mandela, puso al estadio de pie. Dada la trayectoria de su vida, y la adoración que tan merecidamente logró, es tentador recordar a Nelson Mandela como un icono, sonriente y sereno, separado de los asuntos vulgares de los hombres comunes, dijo Obama. “Pero el propio Madiba se resistió con fuerza a ser un retrato sin vida. Insistió en compartir con nosotros sus dudas y temores, sus errores de cálculo al igual que su victoria. ‘No soy un santo’, dijo, ‘a menos que para ustedes un santo sea un pecador que sigue esforzándose.’”

La bendición de Tutu

Hubo algunos vistazos a la vida privada de Mandela que no están libres de controversia. Su ex esposa Winnie, ardiente camarada en la lucha contra el apartheid que más tarde atrajo notoriedad por sus acciones en la política y los negocios, parecía consternada al caminar del brazo de su hija Zindzi. Abrazó a Graça Machel, la tercera esposa de Mandela, y le habló en voz baja antes de tomar asiento.

Para cerrar la ceremonia, el arzobispo Desmond Tutu demandó cesar el clamor y los ocasionales abucheos y dijo que no daría la bendición final hasta que pudiera oír la caída de un alfiler. El ruido cesó después de algunas risas. Esto es lo que Nelson hubiera querido, dijo el clérigo.

Para Layla Ibrahim, de 20 años, que observaba a los oradores tapándose la lluvia con un plástico, fue parte de su educación en historia. “Yo era muy joven cuando Madiba y sus amigos estuvieron activos, y es interesante verlos aquí todos juntos. Las personas con las que yo estaba sentían un poco de vergüenza por los abucheos a Jacob Zuma, con tantos extranjeros presentes. Pero siento que la gente ha tenido que suprimir su sentir político en el pasado, y eso no debe volver a ocurrir.”

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

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