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El desdibujamiento ideológico, una de las causas: Rodríguez Araujo

La democracia, en duda por la crisis de los partidos políticos
Arturo Jiménez
 
Periódico La Jornada
Lunes 23 de diciembre de 2013, p. 6

La crisis de los partidos políticos en México es reconocida de manera unánime e incluso éstos ocupan el último lugar de la confianza ciudadana en las instituciones. Esa crisis parece ser parte de una fractura más amplia: la de la democracia representativa, apoyada sólo por 37 por ciento de los mexicanos. En la mayoría de los países de América Latina se experimenta un fenómeno similar de desprestigio partidario, aunque menos marcado.

Sin embargo, en los años recientes la mayor parte de las naciones sudamericanas ha vivido una lenta y constante consolidación de la democracia representativa, acompañada de índices de credibilidad institucional y de una percepción general de progreso, fenómenos ausentes en nuestro país.

Los partidos políticos en México atraviesan una crisis interna y de credibilidad ligada al menos con dos factores, reflexiona Octavio Rodríguez Araujo, investigador de la UNAM: la ausencia de democracia interna y el desdibujamiento de su orientación ideológica, que impide al ciudadano común distinguir a unos de otros.

Hay, agrega, un corrimiento oportunista al centro-izquierda y al centro-derecha en busca de más votos, con ejemplos de alianzas contra natura, como PRD-PAN o PRD-PRI.

“Al no ser representativos –co­menta Lorenzo Meyer, investigador de El Colegio de México–, el papel de los partidos como actores de un proceso democrático no es central. La tendencia es hacer del juego político un juego de los pocos (Pacto por México), donde las movilizaciones sociales son más un peligro que una parte del juego democrático.”

Según el informe Latinobarómetro 2013 –elaborado por la organización no gubernamental del mismo nombre con sede en Chile–, 45 por ciento de los mexicanos considera que la democracia puede funcionar sin partidos políticos, el porcentaje más alto de los 18 países latinoamericanos, cuyo promedio es 31 por ciento. El más bajo es Venezuela (14) y luego Argentina (17), entre otros.

México también tiene el porcentaje más alto (38) en la afirmación: La democracia puede funcionar sin Congreso nacional. El más bajo es Argentina (11 por ciento) y el promedio latinoamericano es 27. Eso habla del descrédito de dos instituciones fundamentales de la democracia representativa.

El Latinobarómetro 2010 reporta que en México los partidos políticos se encuentran en el último lugar de la lista de confianza de las instituciones en general (Iglesia, televisión, bancos, empresas privadas), incluidas las instituciones de la democracia (Congreso, Poder Judicial, gobierno), con 19 por ciento. El promedio de América Latina, donde también hay crisis partidarias, es 23 por ciento. El más alto es Uruguay (45) y luego Venezuela (43).

La lejanía de los ideales

La crisis de los partidos políticos del país (PRI, PAN, PRD y otros) parece ser parte o estar ligada a la aún no consolidada democracia mexicana. Francisco Piñón Gaytán, investigador de la UAM, advierte en su libro México. Los rostros de un Leviatán. Poder, libertad, democracia:

Hoy la nación mexicana, fragmentada inusitadamente con violencia institucionalizada, está muy lejos de los ideales democráticos del humanismo de la cultura de Occidente. La República gime no sólo de cansancio, sino de aniquilamiento de instituciones que en otros tiempos por lo menos propiciaban ciertos equilibrios.

Para Enrique Dussel, la democracia representativa debe ir acompañada de una democracia participativa. En su libro Carta a los indignados (La Jornada Ediciones) plantea: Sin la participación organizada que le fija los fines y fiscaliza su acción de gobierno, (la democracia representativa) se corrompe, cae en la impunidad, en la dictadura y en el monopolio político de los partidos.

Rodríguez Araujo destaca que las dirigencias partidarias tienden a menospreciar a sus militantes y tomar decisiones unilaterales y cupulares, al margen de esas bases o manipulándolas bajo esquemas de simulación, como en la selección de candidatos para cargos por elección.

Meyer advierte que los partidos políticos son controlados por una minoría de políticos profesionales y funcionan para defender sus privilegios. La supuesta representación de los intereses de sectores amplios de la sociedad es, en la práctica, secundaria. Los recursos del Instituto Federal Electoral (IFE) a los partidos políticos, agrega, son cuantiosos y sus cuadros viven de la política y no viven para la política.

La desconfianza

Es reveladora la percepción ciudadana de las instituciones de la democracia. Según el Lati­nobarómetro 2010, en México la confianza en el Congreso es de 28 por ciento, mientras el promedio en América Latina es 34. Brasil tiene 44 y Uruguay 62, el más alto.

El sistema judicial mexicano registra 28 por ciento de confianza y el promedio latinoamericano, 32. Brasil 51 y el más alto vuelve a ser Uruguay (58). La confianza en el gobierno mexicano registra 34 por ciento y el promedio en la región, 45. Uruguay tiene 71; Panamá, 60; Chile, 58; El Salvador, 57; Brasil, 55, y Venezuela, 52.

El Latinobarómetro 2011 reporta que 36 por ciento de los mexicanos considera que el Estado puede resolver los problemas de delincuencia, narcotráfico, pobreza y corrupción, mientras el promedio en América Latina es 57. Los más altos son Argentina (75) y Brasil (72).

Mientras, el Latinobarómetro 2013 reporta que en este año sólo 19 por ciento de los mexicanos tiene la sensación de que el país está progresando, en tanto que en 2011 el porcentaje era 22. El promedio latinoamericano actual es más optimista: 37 por ciento. El más bajo es Honduras (6) y el más alto Ecuador (77).

En el promedio 1995-2013 –comparado con el propio 2013–, el apoyo a la democracia disminuye 12 por ciento (de 49 a 37), sólo superado por Costa Rica, con 16. En otros cinco países también se registra una disminución.

En cambio, en 11 países más el apoyo a la democracia aumenta en ese periodo. El más alto es Venezuela (16 por ciento), seguido de Ecuador (13) y Chile (8).

Ese 37 por ciento de mexicanos que considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno coloca al país en último lugar en Latinoamérica, cuyo promedio es 56 por ciento. El primer lugar es Venezuela (67 por ciento), seguido de Argentina (73), Uruguay (71), Chile (63), Ecuador (62) y Bolivia (61).

Las muchas causas

Entre las causas del reducido apoyo a la democracia se apuntan el bajo nivel educativo y la pobreza. En México se destacan el narcotráfico y la violencia. Otras causas, señaladas por Rodríguez Araujo, Meyer y otros analistas, son la falta de credibilidad en los comicios y el mencionado desprestigio de los partidos políticos.

Además, la reciente reforma energética y en general las reformas estructurales muestran, por un lado, el citado funcionamiento elitista de la clase política y, por otro, la indiferencia, el malestar y/o la falta de identificación de amplios sectores sociales con ese manejo de los asuntos públicos.

Se destaca en el Latinobarómetro 2013: “México tuvo alternancia en el poder después de 72 años de hegemonía del PRI, en 2000, con el triunfo de Vicente Fox. En ese momento el apoyo a la democracia alcanzaba 44 por ciento. El apoyo a la democracia tardó dos años, no fue hasta 2002 que aumenta a 63 por ciento, manteniéndose alto durante todo el resto de la gestión de Fox, terminando con 59 por ciento en 2005.

Felipe Calderón lo sucede e inaugura su gobierno con 54 por ciento en 2006, para bajar rápidamente a 48 por ciento en 2007. La democracia no se recupera en ese periodo, llegando a un mínimo de 40 por ciento en 2011. En 2012 vuelve el PRI al poder con Enrique Peña y México tiene en 2013 sólo 37 por ciento de su población que apoya a la democracia.

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