Opinión
Ver día anteriorDomingo 12 de enero de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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No Sólo de Pan...

De conciencia, responsabilidad y unión

C

omo todo ser vivo sensible ante el peligro, el 6 de enero pasado se nos erizó el cuerpo al enterarnos de que Enrique Peña Nieto hará otra reforma del sector agropecuario, a fin de –habría dicho– convertirlo en una de las principales fortalezas del país y un espacio de vida digna para quienes viven del campo y hacen que México sea uno de los primeros 15 países productores de alimentos y el decimotercer país exportador de estos, previendo apoyar al sector con 338 mil 600 millones de pesos, casi 10 por ciento de incremento respecto de 2013, habiendo rematado que es inadmisible que el campo no pueda tener mejores horizontes para el futuro de quienes viven de él.

No contento con haber levantado un tsunami (aún incipiente) inyectando la escandalosa reforma energética entre las no menos cuestionadas e injustas laboral, de comunicaciones, educativa y la política aún incompleta, porque el tema de la consulta popular no se deja borrar así como así, EPN anuncia querer reformar nuestro campo arruinado a pocos días del vigésimo aniversario de haberlo condenado a muerte (pero terco, aún colea) ¿Cómo no espeluznarse cuando ya se conoce la mano del jugador y sus padrinos no tan ocultos?

Las reformas constitucionales no nos agarraron tan desprevenidos, porque sí sabíamos muchos por dónde venían las intenciones desde que se comprobaron los métodos de campaña y porque conocíamos la ideología neoliberal del PRIAN y sus aliados. Pero no elaboramos a tiempo estrategias de unión y resistencia, de comunicación por las bases y acciones eficaces para soldar en uno al pueblo del que somos parte, bajo la bandera de México, no entelequia, sino personas de carne y hueso, para defender con una sola consigna nuestro derecho a vivir digna y satisfactoriamente, en buen entendimiento con los demás, conservando la memoria histórica colectiva y planeando un futuro viable, sustentable y justo para todos, con los buenos partidos pero por encima de ellos, porque la Patria es más que todos juntos.

No me cabe duda de que recuperaremos el petróleo así como toda la legislación constitucional, laboral y educativa entre otras, emanada de la Revolución de 1910 con las actualizaciones necesarias dentro del espíritu de quienes la redactaron, pero no podemos permitir que a estas tareas se sume la de tener que echar abajo una reforma del campo de corte peñanietista-videgaraya. Porque si ésta llega a consumarse, se llevará entre la letra maldita otros cientos o miles de seres humanos, compatriotas que perderán lo poco que les queda para subsistir en las tierras de sus antepasados, en vez de huir hacia el espejismo estadunidense o engrosar la marginalidad humana de las urbes nacionales.

Hace 14 años comenzamos a luchar por sacar la milpa, sistema productivo de nuestros alimentos básicos: maíz, frijol, chile, cucurbitáceas, quelites, tomates y verduras diversas –pues no sólo de maíz vive el mexicano–, del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), siendo pionera mundial de la propuesta de que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) aceptara la culinaria como patrimonio cultural intangible. Porque como no hay culinaria posible sin productos del campo y del agua y sin los saberes humanos acumulados durante milenios, y siendo el quehacer campesino lo que en este principio del siglo XXI está más que nunca amenazado por todo lo que sirve a la acumulación de capital: las leyes del mercado libre, la enajenación mental y emocional del consumismo, la homogeneización del pensamiento y los hábitos, la pérdida de la memoria histórica y, con ésta, el olvido de las prácticas ancestrales, todo lo que si hoy permitiéramos existir en la mayoría del territorio nacional –es vez de combatirlo y aniquilarlo por presunción tecnológica occidentalizante– no sería Brasil sino México quien estaría a la cabeza de la disminución de la pobreza y la enfermedad rurales.

Pero aun si esta declaratoria (realizada en 2010) no ha sido empleada aún para declarar excepción cultural nuestra soberanía alimentaria, deberíamos tomar conciencia de que sí se puede luchar por ella y proponernos, por ejemplo, que en vez de que la fundación estadunidense Apelar a la Conciencia, cuyo representante, el rabino Arthur Schneier, premiara a Peña Nieto, como el Estadista Mundial de 2014, el próximo septiembre en Nueva York, por su liderazgo, visión novedosa, responsabilidad global comprometida con el desarrollo económico y social, la paz, la cooperación internacional e intercultural ancladas en los derechos humanos, la libertad y la tolerancia, fueran los pueblos del mundo quienes premiaran a los mexicanos por su responsabilidad al haber decidido unirse a tiempo para detener otra reforma que amenazaba condenarlos a la dependencia alimentaria total, desempleo rural, destrucción y deterioro de suelos, aguas, animales y seres humanos, migración, desaliento, desesperanza y derrota...