Opinión
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Civilizaciones originarias
Ángeles González Gamio
R

esulta de enorme interés conocer cuáles han sido las primeras civilizaciones en la historia de la humanidad. Se podría pensar que la griega, que dio origen en gran medida a lo que ahora llamamos cultura occidental. Sin embargo, gracias a un extraordinario número especial de la revista Arqueología Mexicana, nos enteramos que no es así.

Don Miguel León-Portilla explica en la introducción que aunque Grecia llegó a ser dueña de una extraordinaria cultura, no fue una civilización originaria, ya que es impensable sin la influencia de Egipto. Nos ilustra acerca de la diferencia entre cultura y civilización: en sentido antropológico, la primera comprende, entre otros, el conjunto de atributos y elementos que caracterizan a un grupo humano, su creatividad, sus formas de actuar y vivir, valores y visión del mundo, creencias y tradiciones. En síntesis, todo lo que hace y crea un grupo humano es, en última instancia, cultura, y es algo cambiante.

Una civilización es una forma más desarrollada de la cultura; hay vida urbana, es decir, ciudades y formas más complejas de organización social, política, económica y religiosa, especialización en el trabajo y creaciones tales como precisos cómputos del tiempo, escritura, centros educativos y producción de lo que hoy llamamos arte.

Explica que en los procesos civilizatorios que ha desarrollado la humanidad hay algunos que deben reconocerse como originarios, es decir, que en su origen se han producido autónomamente. Todas las otras civilizaciones, por muy desarrolladas que hayan llegado a ser, deben considerarse como derivadas o encaminadas por distintos núcleos civilizatorios. En la historia universal son pocos los casos de civilizaciones originarias. En Egipto y Mesopotamia surgieron dos muy importantes núcleos civilizatorios que influyeron luego en el ámbito del Medio Oriente, en las islas del mar Egeo y otros lugares.

Otros fueron la India y China, que influyeron entre otros a Indonesia, Indochina, Corea y Japón. En el continente americano surgieron dos centros civilizatorios originarios: los pueblos andinos y lo que ahora conocemos como Mesoamérica.

Así, no es de extrañar que en las entrañas de todo el territorio de México se conserven centenares de valiosos vestigios de toda índole, muchos de ellos que datan de miles de años. Esta enorme riqueza, afortunadamente, tiene una publicación de gran calidad que ayuda a difundirla, la revista Arqueología Mexicana. En sus páginas se han dado a conocer innumerables hallazgos, sitios arqueológicos, proyectos. Ha logrado difundir de forma equilibrada no sólo el conocimiento de los trabajos arqueológicos presentes y pasados, sino también las numerosas caras de la historia de México y sus manifestaciones culturales actuales.

Colaboran decenas de investigadores y especialistas y cuenta con el apoyo de un comité científico-editorial, integrado por miembros sobresalientes de instituciones como el INAH, la UNAM y El Colegio de México. Ellos dan seguimiento a la realización de cada edición. Recientemente la revista celebró 20 años de publicación ininterrumpida, una hazaña para una revista cultural.

Detrás está la amorosa entrega de Sergio y María Nieves Autrey y el apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, que por cierto acaba de festejar 75 años de vida. Durante los primeros 13 años de la revista la dirigió con pasión y compromiso Mónica del Villar, quien ahora vuelca su talento en Artes de México.

Para celebrar ambos felices aniversarios vamos a La Lanterna, la encantadora trattoria iltaliana que atienden personalmente sus dueños, el padre, Pier Giorgio, y Mario, gran chef, que entre su especialidades prepara el tallarín piamontés, al burro e salvia. Es una pasta delgadita hecha a base de yemas de huevo, que es una auténtica exquisitez. Ya he comentado su inigualable ensalada de alcachofa cruda y los jueves el risotto. Está situado en la esquina de Paseo de la Reforma y Toledo.

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