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Silvio Rodríguez: Antes creía que la poesía salvaría el mundo; hoy, que ayuda a mejorar

Soñar con imposibles es posible; ignoro si aferrarse tenga sentido

Cuando no nos percatamos de la necesidad de evolucionar nos damos de bruces con una revolución, señala en entrevista el autor de Fusil contra fusil

El primer poeta mexicano que conocí fue Juan de Dios Peza con Reír llorando, evoca el cantautor, que vuelve a México este mes

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El cantautor durante la Gira interminable en los barrios de La HabanaFoto Koloian
Fabrizio León
 
Periódico La Jornada
Sábado 1º de marzo de 2014, p. 7

El compositor Silvio Rodríguez Domínguez (San Antonio de los Baños, Cuba, 1946) reflexiona sobre la prensa cubana, la clausura de los cines privados, las reformas migratorias y la poesía.

Es probable que con la prensa nos pase como a Alejandro Magno cuando a las puertas de Asia se encontró con el Nudo Gordiano. La espada que corta este nudo pudiera ser la web. Necesitamos más y mejor Internet para intensificar el debate, propone y así responde a un amplio cuestionario que le envía la redacción de La Jornada, elaborado por editores, reporteros y colaboradores, por medio del correo electrónico, a una semana de presentarse con la Gira interminable en Puebla (7 de marzo), ciudad de México (9 y 10), Tijuana (17), Guadalajara (14), Hermosillo (19) y Monterrey (22).

A continuación presentamos la primera de dos partes de la entrevista que el autor de temas que han sido fuente de inspiración de una riada de compositores actuales.

Soñar con imposibles

–Acaba de cumplir 67 años de edad, ¿cuál es su estado de ánimo como artista, como creador y como persona?

–Hasta ahora todos esos estados de ánimo me han permitido seguir trabajando, aunque desde hace algunos años dedico más tiempo a mi familia.

–Dicen que al llegar a esta edad uno se aferra a lo imposible. ¿Tiene ese síntoma?

–La verdad es que soñar con imposibles siempre es posible… Ignoro si aferrarse tenga sentido.

–¿Cuál es su mayor angustia y cuál su mayor satisfacción?

–Mi mayor angustia es cuando pienso que pude hacer más. Mi mayor satisfacción es haber encontrado tiempo que perder.

–¿Cómo ve en este momento la evolución de su carrera?

–Es el momento de dar gracias a quien le llame evolución.

–Referente principalísimo del canto latinoamericano. ¿De qué le ha servido y cómo ha utilizado tal distinción?

–El canto latinoamericano es lo suficientemente extenso y rico como para sentirse gota de agua.

–¿El mundo está cerrando los oídos a la poesía?

–Los pueblos hacen constantemente poesía; en los campos se escucha hablar así. Dicen que en Rusia, desde la época de Pushkin, gustaban de escuchar a los poetas; por eso después Maiakovsky pudo declamar a multitudes. En la mayoría de los países las ediciones de poesía han sido exiguas. En Cuba ha sido mejor por el hábito de lectura que creó la alfabetización y porque los libros son baratos. Yo me aficioné temprano a ese lenguaje. Cuando joven creía que la poesía iba a salvar el mundo. Hoy pienso que nos puede ayudar a comprendernos y a ser mejores. El mundo que excluye la poesía se está perdiendo cosas.

Compromiso

–Es demasiado pretencioso pensar que la canción puede ayudar a resolver cosas en el proceso de cambio de una sociedad, pero en algo debe ayudar. ¿En qué?

–La canción puede ser trasmisora de buenos sentimientos; puede enseñarnos a ser mejores. Una canción, como un himno, puede elevar nuestra autoestima, o hacernos querer lo que nos une. Una canción puede alertarnos, activar nuestras antenas. También puede orientarnos en momentos de confusión. Conozco médicos que han usado canciones para mejorar el estado emocional de sus pacientes. Algunas personas dicen que tales canciones formaron parte de la banda sonora de sus vidas. Si eso es cierto, las canciones pueden ser muy importantes.

–¿Cómo ve un comunista la globalización ideológica que se vive?

–No soy militante comunista. Pero no me disgusta que me llamen así, porque no emparento la palabra con los fracasos del llamado socialismo real ni con un burdo igualitarismo, sino con sentimientos de justicia social que son parte de aspiraciones humanas muy legítimas. La globalización no estaría mal si se globalizaran la salud pública y la educación. Pero lo que se suele repartir es la guerra, el consumismo y el achatamiento cultural, que sirven de cuñas para la explotación.

–¿Qué piensa de José Mujica, el presidente más pobre del mundo, que vindica con el ejemplo la sentencia martiana de con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar.

–Creo que José Mujica no fue reducido por la prisión y los fracasos, sino que le mostraron otros caminos para contribuir al mejoramiento humano. Un caso ejemplar en que el resentimiento no pudo con el hombre.

(R)evolución

–¿Sigue pensando que a la revolución cubana se le debe quitar la R?

–Sigo pensando que hay momentos de la historia que son revolucionarios, pero que la mayoría de las veces de lo que se trata es de evolucionar. También ha pasado que cuando no nos damos cuenta de la necesidad de evolucionar nos damos de bruces con una revolución.

–La revolución cubana ha sido determinante tanto en su vida como en su obra. Pero imaginamos que los grados y elementos de influencia han variado con el tiempo ¿Cuáles serían hoy? ¿Qué le inspira la Cuba actual?

–Hace algún tiempo me quejaba, sobre todo entre amigos, de que no nos movíamos. Soy de los que piensan que perdimos tiempo, sobre todo en la década de los 90. Ahora que nos movemos, hay opiniones sobre cómo lo estamos haciendo: unos dicen que demasiado lento; otros, que no en la dirección correcta. Pues yo doy gracias –a lo que haya que dárselas– de que estemos moviéndonos en orden. Basta un ojeada al mundo para ver lo que pasa cuando el caos se apodera de las calles. La Cuba actual me inspira preocupación y ocupación, o sea respeto y esperanza.

–¿Qué piensa de las relaciones actuales de Estados Unidos con Cuba, sigue siendo el mismo de siempre, intervencionista, o ha cambiado?

–Hay que tomar en cuenta que Washington lleva más de medio siglo poniendo en práctica políticas hostiles e intervencionistas contra Cuba. No sólo con absoluta conciencia del daño que nos hace, sino después de haber explicado con pelos y señales todo lo que se propone hacernos. En términos legales sería con premeditación y alevosía.

“Cada año se constata más el fracaso de esta política y la ONU invariablemente la condena. Ahora además se hacen ilusiones, viendo que la generación histórica de la revolución se va retirando. Supongo que por estas razones cada vez son más los que se pronuncian en favor una normalización. Pero esos pronunciamientos nunca dicen: ‘Nos hemos equivocado: debemos tratar a Cuba como nos gusta que Cuba nos trate’. Más bien siempre llevan la coletilla de que ‘la línea dura no ha surtido el efecto deseado’. Ese efecto no es otra cosa que devolver a Cuba al redil que la tenían los gobiernos anteriores a 1959.

Prejuicios materiales

“Si Washington hubiera cambiado, no permitiría que continuaran las injustísimas condenas contra los cubanos antiterroristas, prisioneros en cárceles del norte (Gerardo Hernández, nada menos que con dos cadenas perpetuas). Si hubieran cambiado, nos hubieran devuelto el territorio de Guantánamo, ocupado contra nuestra voluntad. También es evidente que si hubieran cambiado ya no existiría el bloqueo que Juan Pablo II calificó de inmoral.

Se podrá cuantificar el perjuicio material que nos han causado, que ya suma miles de millones, pero el daño espiritual que ha recibido pueblo cubano, el sentimiento de tener un vecino egoísta que calcula y maltrata, va a sobrevivir mucho después de los que padecimos directamente su maldad.

–¿Se han podido independizar los países latinoamericanos de esa rémora que destabiliza?

–Varias corrientes de pensamiento gobiernan en América Latina. Hay países más independientes y países en que la dependencia parece omnímoda. Aún así, recuerdo la tristeza en los ojos de Pete Seeger cuando en 2010 me dijo que Latinoamérica no era mejor por culpa del gobierno de su país... Para mí es obvio que si el gobierno del norte no tuviera una base en nuestros países, otro gallo cantaría.

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Silvio Rodríguez en el Auditorio Nacional, donde se presentó con Pablo Milanés, en 1983Foto Fabrizio León Diez

“Recuerdo que hace años acusaban a Cuba de fomentar la insurrección en América Latina. Era una ayuda para conseguir independencia, y ocurría porque los revolucionarios, torturados y asesinados en sus países, iban a Cuba a pedir ayuda. ¿Dónde si no, hubieran podido acudir en esta región? La insurrección armada fue la única opción que vieron aquellas generaciones. Las oligarquías se aliaban con el norte y ponían gobiernos que las beneficiaban, sin la más mínima contemplación con sus pueblos. Todo el que el que no entraba por el aro era reprimido y calificado de comunista, cuando muchas veces no era así. ¿De dónde salió la Teología de la Liberación?

“La información no viajaba a la velocidad de hoy. Pasaban años, décadas, y nada cambiaba. Algunos decidían combatir las armas con que les negaban la justicia. De ahí salió Fusil contra fusil. Aquel enfrentamiento armado, aún cuando fracasara como método, resultó una advertencia que abrió muchos ojos y flexibilizó zonas del pensamiento conservador. Ojalá haya sido hasta el punto en que se pueda crecer. Yo supongo que podríamos dar un salto como especie; pero no desde el punto de vista tecnológico, sino desde el punto de vista humano.

Desde esa esperanza, creo que debemos dejar de pelear, pasar a otra etapa. Debemos aprender de la historia, de lo bueno y de lo malo que hemos hecho. Debemos encontrar puntos de contacto y de diálogo para que las pugnas se suavicen y entre todos hagamos lo que se debe por la mayoría que lo necesita. Los ricos no tienen que dejar de serlo, sólo pensar un poco en los que no tienen su suerte. Perdón por la utopía, pero cualquier otro camino me parece injusto e infinitamente más doloroso.

–Desde hace años promueve y defiende cambios en la legislación cubana. Flexibilizar las medidas migratorias ha sido una de sus propuestas. ¿Vislumbra otras soluciones en el futuro?

–No sólo yo: muchos llevábamos tiempo abogando por más libertad migratoria, al menos por parte de Cuba, porque ahora los obstáculos están en las embajadas. Es cierto que nos faltan cambios, pero en algunas provincias se están realizando ensayos de descentralización. Sé que no es fácil, porque estamos acostumbrados a que las instancias superiores se pronuncien primero.

Respecto de la prensa todos parecemos de acuerdo en que debe ser más activa y autocrítica. Se hacen reuniones, se sale de allí con optimismo y, cuando nada cambia, se culpa al periodista. No creo que sea culpa de los periodistas si no tenemos mejor prensa, sino de los que deciden. Es probable que con la prensa nos pase como a Alejandro cuando a las puertas de Asia se encontró con el Nudo Gordiano. La espada que corta este nudo pudiera ser la web. Necesitamos más y mejor Internet para intensificar el debate.

Religión

–Ha llegado el momento en que nos descubra en qué cree ¿Cuál es su fe, su religión? ¿Es un hombre de mentiras o de verdades?

–Esta pregunta me recuerda a una planilla que tuve que llenar cuando ingresé a la televisión en 1967. En Cuba les llamábamos un cuéntame-tu-vida y eran comunes en aquellos tiempos de prejuicios. Pero desde hace muchísimos años uno ve incluso a militantes del PCC con prendas de santería y nadie se mete en eso (cosa que está muy bien).

Soy un hombre hecho de verdades y, lamentablemente, también de mentiras. Prefiero las verdades, y tengo fe en que el género humano llegue a ser algo inmenso que hoy ni siquiera imagina. Ya he dicho que las religiones me parecen la burocracia de la espiritualidad.

México para Silvio

–¿Qué significa México en su carrera?

–Con México tuve una empatía inmediata. Yo había leído un poco sobre culturas precolombinas, incluso había escrito una canción que evocaba un mito náhuatl. Vine por primera vez en 1975, como parte de una extensa embajada cultural integrada por el ballet, la salsa, la rumba, lo sinfónico, el cine. En medio de todo aquello, yo tenía una participación discreta y fue una sorpresa que desde el público pidieran La era o Fusil contra fusil. A partir de entonces empezaron a invitarme a jornadas de solidaridad con países que entonces sufrían dictaduras militares. Inicialmente tuvimos un auditorio universitario que poco a poco se fue extendiendo.

“Entre lo que recuerdo está haber conocido a Eugenia León en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuando cantaba en un cuarteto que llamaba Víctor Jara. Junto a Noel Nicola hice una gira con el grupo argentino-mexicano Zanampay, integrado por Hebe Rosell, Naldo Labrín, Caíto, Delfor Sombra, y en el que también era vocalista Guadalupe Pineda. Por entonces Tania Libertad se mudó a México. Compartíamos a menudo con la formidable Amparo Ochoa, con Óscar Chávez, René Villanueva y Los Folkloristas, el Negro Salvador Ojeda, Marcial Alejandro, Gabino Palomares, La Nopalera. México era un desfile. Muchos del Cono Sur estaban exiliados en este país y no era raro coincidir con Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti, Los Parra o Nacha Guevara.

–¿Cómo ve México?

–Para mí es el país donde José Martí adquirió el acento que, dicen, predominaba en su forma de hablar; donde hizo amigos para siempre, escribió no pocas cosas y publicó textos en la imprenta de Antonio Vanegas Arroyo, que luego imprimió grabados de José Guadalupe Posada. En esa imprenta después durmió un clandestino Fidel Castro, cuando se disponía a regresar a Cuba. Yo pude ver aquel taller, que estaba en un patio, creo que de la colonia Roma, porque conocí a Arsacio Vanegas, el luchador que enseñó defensa personal a los expedicionarios de Granma. Arsacio me daba masajes cuando la espalda se me engarrotaba por tantos conciertos. Hay muchas cosas de México que no me dejan verlo desde fuera.

Influencias

–Usted ha dicho que cada quien tiene las influencias que merece ¿Cuáles han sido las suyas? ¿Con qué tipo de creador se ha sentido más identificado?

–En realidad esa respuesta me la dio Nicolás Guillén el día que le dije que algo de su poesía estaba en mis canciones. Y es que, por supuesto, me han impresionado infinidad de creaciones. Todavía escucho, leo y veo cosas que me hacen sentir alimentado. Cualquier descubrimiento, por simple que parezca, es aprendizaje.

–En poesía, nos gustaría que hablara de su relación con poetas mexicanos.

–El primer poeta mexicano del que tuve noticia fue Juan de Dios Peza. Cuando era niño mi padre me leía sus divertidos versos familiares. Peza no figura en todas las antologías, pero tiene un poema que cada vez que lo leo me aprieta el pecho. Se llama Reír llorando. Muchos años después, cuando llegué a México, tuve la suerte de conocer a Efraín Huerta, a Thelma Nava, a Juan de la Cabada, a quienes recuerdo con mucho afecto. Por supuesto, estoy consciente de la altura literaria de Octavio Paz. Me gustan Jaime Sabines, José Emilio Pacheco, Eduardo Langagne. Confieso que me encantan los textos precolombinos, los libros del Chilam Balam. Los poemas atribuidos a Netzahualcóyotl son de una belleza penetrante. Una poesía a la que siempre regreso es a la de Sor Juana, a quien considero una voz fundacional.

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